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Ajo: estas son las personas que no deberían consumirlo

El ajo puede tener reacciones adversas si se consume de una forma constante.


El ajo a lo largo de tiempo se ha utilizado tanto por sus aplicaciones culinarias como por sus múltiples propiedades medicinales. De acuerdo con numerosos ensayos clínicos, se puede considerar que los ajos puede ser de forma eficaz.

Asimismo, el ajo ayuda a la prevención y tratamiento de la aterosclerosis debido a su efecto positivo en la normalización de los valores de lípidos, la reducción moderada de la presión arterial y su actividad fibrinolítica y antiagregante plaquetaria.

De igual manera, el ajo está constituido por el bulbo subterráneo, este está constituido por el número variable de bulbillos, es decir, los dientes de ajo, que están insertados sobre un eje aplastado.

El ajo contiene numerosos componentes activos, donde destacan sus compuestos azufrados. Si los dientes de ajo está intacto y fresco, el componente mayoritario identificado como aminoácido azufrado. Esta es una sustancia inodora e inestable.

Además, en el bulbo intacto se encuentran otros compuestos azufrados solubles en medio acuoso, como lo son sulfóxidos. También el ajo cuenta con sales minerales, azúcares, lípidos, aminoácidos esenciales, saponósidos, terpenos, vitaminas, enzimas, flavonoides y otros compuestos fenólicos.

Indicaciones

El ajo tiene propiedades diaforéticas, expectorantes, antiespasmódicas, antisépticas, antimicrobianas, hipertensivas y es un promotor de la leucocitosis.

Además, se ha utilizado en el tratamiento de bronquitis crónica, catarros, asma bronquial y gripe. También se emplea para tratar la aerofagia, dispepsias, espasmos abdominales y amenorrea.

No obstante, el uso actual del ajo y de sus preparados se centra en su acción antihipertensiva, antiaterogénica, antitrombótica, antimicrobiana, fibrinolítica, preventiva del cáncer e hipolipemiante.

En cuanto a las dosis recomendadas, ensayos clínicos indican que unos 4 g al día de ajo o 300 mg de ajo pulverizado encapsulado dos o tres veces al día o 7,2 g de extracto de ajo envejecido al día.

Reacciones adversas

Se considera que el ajo es una especie que carece de toxicidad. No obstante, el consumo de ajo puede producir efectos adversos, los cuales pueden ser el mal aliento o el mal olor corporal.

Además, el ajo también producir, en algunos casos menos frecuentes, dolor abdominal, sensación de saciedad, náuseas y flatulencia, esto en personas muy sensibles.

También podría producir síndrome de Ménière, infarto de miocardio, hematoma epidural o alteración en la coagulación. Asimismo, el poder alergénico del ajo, debido al disulfuro de dialilo, el sulfuro de alilpropilo y la alicina, los cuales pueden ser irritantes, es decir, que no se recomienda para personas que sufren de dermatitis,

El ajo puede intensificar los efectos de los anticoagulantes, como la heparina o warfarina, antiagregantes plaquetarios, lo que favorece la aparición de hemorragias.

Asimismo, diferentes estudios indican que los complementos dietéticos y preparados fitoterapéuticos de ajo pueden aumentar el riesgo de hemorragia en pacientes durante la cirugía.

De igual forma, el ajo puede disminuir los valores de saquinavir en sangre y, por consiguiente, reducir su efectividad, se recomienda tener este efecto presente, debido a que los enfermos en sida ingieren, junto a los retrovirales, preparados de ajo para disminuir el colesterol, que normalmente aumenta como efecto secundario a esta medicación.

Contraindicaciones

Además de estar contraindicado el consumo de ajo en personas hipersensibles, este debe usarse con precaución en caso de trastornos de la coagulación debido a que puede favorecer la aparición de hemorragias.

En cuando a las mujeres embarazadas y lactancia, el ajo se le atribuye actuar como abortivo y de afectar el ciclo menstrual, y también se ha descrito que presenta actividad del útero.

Varios estudios han demostrado que el consumo de ajo por parte de las madres lactantes altera el olor de su leche y la conducta de las lactantes. Eso se puede deber a que los sulfóxidos se excretan en cantidades significativas con la leche materna, lo cual puede afectar al niño.