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Demencia: el método que ayuda a prevenir el riesgo de padecerla

La demancia no afecta la conciencia, pero sí la función cognitiva.


La demencia es un síndrome que se caracteriza por el deterioro de la función cognitiva; es decir, la capacidad que tienen las personas para procesar el pensamiento.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), este padecimiento afecta la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y el juicio. Y si bien no tiene incidencia en la conciencia, lo que sí se ha comprobado es que el deterioro de la función cognitiva suele estar acompañado de la pérdida del control emocional, el comportamiento social o la motivación.

“La demencia es causada por diversas enfermedades y lesiones que afectan el cerebro de forma primaria o secundaria, como la enfermedad de Alzheimer o los accidentes cerebrovasculares”, precisa la OMS.

Lo grave de la demencia es que se ha convertido en una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre las personas mayores en todo el mundo y el impacto que ésta genera en los cuidadores, la familia y la sociedad puede ser de carácter físico, psicológico, social y económico.

Síntomas

Normalmente este padecimiento afecta a cada persona de manera diferente, dependiendo del impacto de la enfermedad y de la personalidad del individuo. Sin embargo, hay algunos síntomas que son los más comunes y a los cuales se debe prestar atención. Se pueden presentar cambio cognitivos y sicológicos.

En el caso de los primeros, se presenta: pérdida de la memoria, que generalmente es notada por otra persona, dificultad para comunicarse o encontrar palabras, problemas con las habilidades visuales y espaciales, como perderse mientras se conduce, dificultad para razonar o para resolver problemas, para planificar y organizar e inconvenientes con la coordinación y las funciones motoras, según indica el instituto de investigación Mayo Clinic.

En cuanto a las señales sicológicas que pueden evidenciar que una persona está sufriendo de demencia están los cambios en la personalidad, depresión, ansiedad, comportamiento inapropiado, paranoia, agitación y alucinaciones.

Algunos métodos y hábitos pueden ayudar a prevenir el riesgo de padecer de este síndrome. Uno de ellos es tratar de evitar el aire contaminado, pues tanto este como el sedentarismo o una dieta rica en alimentos ultraprocesados, genera efectos negativos en el cerebro.

Diversos análisis presentados el año pasado en el marco de la Alzheimer’s Association International Conference (AAIC), apuntan a que disminuir la contaminación, especialmente aquella relacionada con las partículas finas en el aire y los contaminantes de la quema de combustible, puede resultar muy favorable para prevenir la demencia.

La investigación, publicada en la revista Environmental Pollution, confirmó que la reducción de 10 % de las partículas finas (PM 2,5) y de los contaminantes relacionados con el tráfico (NO2), a lo largo de 10 años, se asoció con una reducción del 14 % y del 26 %, respectivamente, con el riesgo de demencia.

Las partículas PM2,5 son el resultado de la combustión que provocan los vehículos, las industrias u otras actividades como la quema de carbón y madera. El NO2, conocido como dióxido de nitrógeno, por su parte, es un gas tóxico producto también del tráfico de los carros.

Los estudios también determinaron que con la disminución de estas sustancias contaminantes el deterioro cognitivo se hizo más lento, en mujeres mayores norteamericanas, independientemente de su nivel de educación, la región geográfica en la que vivían y si tenían enfermedades cardiovasculares, además de la edad.

Si bien en muchas ocasiones mejorar la calidad del aire no depende específicamente de las personas, pues se requiere de políticas públicas y decisiones de gobierno para lograrlo, lo cierto es que cada individuo también puede tratar de buscar alternativas que le permitan respirar aire más limpio y de esta manera proteger la salud de su cerebro.

También es importante consumir una alimentación balanceada y saludable y realizar ejercicio físico de forma permanente pues esto ayuda a oxigenar el cerebro y mantenerlo en buenas condiciones.