Este domingo se celebra el día del corazón, establecido por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Mundial del Corazón para hacer conciencia sobre el infarto, una de las primeras causas de muerte en el mundo. En los últimos 12 años ha surgido un nuevo enfoque sobre esta enfermedad, y un colombiano ha contribuido a forjar ese cambio. Se trata de Pedro Rafael Moreno Lara, un médico cuyos trabajos científicos develaron el mecanismo inflamatorio que lleva a la formación de coágulos en las arterias, proceso conocido como aterotrombosis. Sus estudios, citados en cientos de investigaciones en más de 31 idiomas, lo han convertido en un pionero en este campo.
La historia comenzó en 1985, cuando el español Valentín Fuster, uno de los cardiólogos más prestigiosos, desafiaba con sus hipótesis los postulados de la época. Entonces se creía que el infarto y la muerte súbita eran asuntos de plomería: las arterias se taponaban de grasa progresivamente y el infarto sucedía cuando una obstrucción del 80 por ciento pasaba al ciento por ciento y obstaculizaba el tránsito de sangre al corazón. Esta teoría, sin embargo, no explicaba por qué había pacientes con arterias de apariencia normal que se infartaban impredeciblemente. Fuster sostenía que lesiones menos obstructivas, incluso las que apenas tapaban un 50 por ciento de la arteria, estaban detrás de los infartos.
Moreno era entonces un estudiante de cardiología en Bogotá y admiraba a Fuster por su mentalidad de avanzada. Cuando terminó su especialización en 1990, empacó maletas para Boston con miras a trabajar con este revolucionario cardiólogo, jefe de cardiología del Mass General. El gran obstáculo era la financiación pues "mi papá me decía que ya era hora de que dejara de gastar y empezara a producir", dice Moreno, quien llevaba más de 24 años estudiando. Fue su madre, Lucila, quien le dio el apoyo, el coraje y, lo más importante, el dinero para embarcarse en esa aventura.
Para estar en Harvard trabajó gratis como investigador mientras rehacía su internado en el Brigham's and Women's Hospital para obtener su certificación como médico en Estados Unidos. El sueño de trabajar con Fuster se hizo realidad en 1992, cuando el cardiólogo Igor Palacios le consiguió una entrevista. En su oficina, el español le preguntó: "¿Quién le va a pagar por esto?". Lo único que a Moreno se le ocurrió decir fue: "el gobierno de Colombia", pues Colfuturo financió al joven médico en sus primeros años.
Cuando Moreno ingresó al equipo, Fuster había descubierto que las placas de los infartos sufrían un proceso de ruptura que producía un trombo. Pero aún había muchos interrogantes. "Sospechábamos que el proceso de inflamación y la coagulación eran importantes en el infarto, aunque no teníamos claro cómo", recuerda el médico catalán. Y esa fue precisamente la primera misión de Moreno bajo la tutela de Fuster. Durante cuatro días con sus noches, Moreno analizó en el microscopio placas de pacientes vivos y cuando obtuvo los resultados, llamó a su mentor, quien "se emocionó con el hallazgo. Estaba como Colón esperando gritar 'Tierra'", dice Moreno. Lo que su pupilo había encontrado era que las células de la inflamación, conocidas como macrófagos, se infiltraban en las placas coronarias y rompían el tejido donde éstas estaban contenidas, con lo que dejaban la grasa expuesta en la sangre (Ver diagrama).
Moreno presentó el trabajo en el Congreso Mundial de Cardiología de Nueva Orleáns en 1993, y en 1994 lo publicó la prestigiosa revista Circulation. Así tuvo el reconocimiento unánime de la comunidad médica mundial. Con ese primer estudio de Moreno, éste y Fuster cambiaron la historia de la enfermedad, pues "al descubrir que era un problema de inflamación, se desarrollaron medicamentos que la controlan, como las estatinas o los 'stents' con medicinas", dice el cardiólogo Enrique Melgarejo, quien fue profesor de Moreno en el Hospital Militar.
Moreno pasó de ser un desconocido a un joven científico al que se le abrían las puertas y los patrocinios en un país extraño. José Ramón Gómez Mancebo, cardiólogo venezolano, dice que lo que llamó la atención no fueron sólo los hallazgos de Moreno, sino su método de investigación, que consiste en tomar placas en vivo y estudiarlas. "En su momento fue totalmente novedoso y hoy es rutinario", agrega.
En 1996, con el apoyo de la Fundación Mario Santo Domingo, hizo otro gran aporte al descubrir que el factor tisular, una proteína de los macrófagos, era el que activaba la coagulación, una verdad científica que ha servido para descubrir nuevos medicamentos que benefician a los pacientes. En 2000 demostró por primera vez que los pacientes diabéticos tenían placas con mayor inflamación, lo que aumentaba su riesgo de infarto.
Aunque el rompecabezas aún no está completo, hoy se sabe que los infartos no suceden porque una arteria se obstruye de grasa sino porque una placa se rompe por la acción del macrófago. Los aportes de Moreno y otros ayudaron a ver que la placa es débil y frágil, o "vulnerable", como ellos la llaman, produce pocos síntomas y no es de fácil identificación. Por eso muchos ataques son inesperados y los mecanismos para solucionar el problema, como un by-pass o un stent, no garantizan que una placa no se rompa en otro punto de la arteria. Esta nueva visión, que es más sistémica, ha hecho que cobre más vigencia el viejo y repetido mensaje de la prevención: sí al ejercicio, no a alimentos ricos en grasas y al cigarrillo.
"Es necesario identificar esa placa inestable", enfatiza Moreno, quien utiliza la espectroscopia con luz infrarroja en un catéter -tal como lo hizo la Nasa para clasificar las rocas en Marte-. Moreno obtuvo la patente como inventor de esta técnica, la cual fue aprobada este año por la FDA en Estados Unidos
También ha abierto nuevas líneas de investigación. Sus publicaciones desde 2004 se focalizan en los neovasos, capilares que llevan oxígeno a los macrófagos. Estos trabajos tienen un potencial enorme, ya que las micro hemorragias que producen anteceden a la ruptura de la placa. "Es un estudio revolucionario", dice Igor Palacios, cardiólogo del Mass General y profesor de Moreno en Harvard.
Por todos sus hallazgos Moreno ha recibido muchos premios y reconocimientos en las sociedades de cardiología de todo el mundo. También se ha ganado la amistad y la confianza de Fuster, para quien "trabajar con él es un placer". Por eso, cuando Fuster se trasladó de Harvard al Mount Sinai en Nueva York, " lo fiché para que viniera también".
Moreno señala que su éxito es una combinación de dedicación y suerte. "Estuve en el lugar indicado en el momento correcto", dice. Ser investigador y cardiólogo le dio "los medios y la cabeza, no por ser genio, sino porque tengo las preguntas adecuadas". También le ayudó su pasión por el tema, lo que lo ha llevado a pensar más en el largo plazo que en el beneficio económico del momento. De hecho, recibió su primer cheque como especialista a los 37 años, 20 después de ingresar a la facultad de medicina de la Universidad Javeriana. Aún hoy, cuando le ofrecen cargos directivos en hospitales en los que podría ganar un mejor sueldo, prefiere seguir en el Mount Sinai, al lado de Fuster, en el que ocupa el cargo de director de investigación de cardiología intervencionista donde atiende "sobre todo latinos de bajos recursos", dice.
Y lo más importante, se ha convertido en un miembro del exclusivo club de la "placa vulnerable", al que sólo pertenecen autoridades en el tema, quienes con sus descubrimientos han permitido cambiar la historia de la enfermedad y salvar vidas.
CARDIOLOGÍA.
El nuevo infarto
En los últimos 10 años la visión sobre cómo sucede un ataque cardíaco ha cambiado drásticamente. Un colombiano ha sido clave para entender mejor este peligroso enemigo.
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26 de septiembre de 2008 a las 7:00 p. m.
