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 La apnea es una obstrucción derivada de la anatomía del cuello o de la obesidad, que se resuelve con el APPC, pues inyecta aire a presión. Con esa sencilla solución, se reduce el riesgo de demencia.
La apnea es una obstrucción derivada de la anatomía del cuello o de la obesidad, que se resuelve con el APPC, pues inyecta aire a presión. Con esa sencilla solución, se reduce el riesgo de demencia.

neurología

El sueño y la demencia: la importancia de dormir bien

Dormir mal puede conducir al alzhéimer y a otros trastornos de memoria. Según estudios recientes, los tratamientos para la apnea del sueño podrían reducir en un tercio esa posibilidad.

Hasta ahora, el ronquido era un problema para la pareja del roncador, que quedaba sumida en el insomnio por culpa del estruendo. Pero dos estudios encontraron que la falta de sueño de calidad por los ronquidos y el insomnio está asociada a riesgo de alzhéimer. Ponerle punto final a este problema no solo protegería al matrimonio, sino al cerebro.

El primer trabajo, publicado en Nature Communications, fue realizado por científicos británicos con una muestra de 8.000 pacientes de 50 años, a quienes siguieron por 25 años. Para los expertos, quienes dormían seis horas o menos, en promedio, por noche tenían más riesgo de ser diagnosticados con demencia 30 años después, frente a aquellos que lo hicieron siete horas o más.

El segundo, efectuado por la Universidad de Míchigan, observó que los pacientes con apnea de sueño que usan aire con presión positiva continua (APPC), también conocida como CPAP por sus siglas en inglés, reducen el riesgo de desarrollar demencia en 35 por ciento. Este trabajo siguió a 50.000 pacientes. Los investigadores observaron a los que desarrollaron demencia habiendo recibido tratamiento con APPC; de esos, quienes usaron el aparato de vez en cuando tuvieron entre 20 y 30 por ciento menos riesgo de alzhéimer u otra forma de demencia. Pero los que lo emplearon todos los días tuvieron un riesgo 35 por ciento menor de esa enfermedad.

La investigación, publicada en la revista Sleep, no exploró a fondo la relación entre roncar y sufrir de demencia; pero sí halló “una asociación significativa entre el tratamiento de la apnea con CPAP y un más bajo riesgo de demencia”, según Galit Levi Dunietz, director del estudio. La de Gran Bretaña, por el contrario, sí descubrió una leve pero importante asociación de dormir poco con demencia. Esta relación no es comprensible aún. Una teoría puede ser que el poco sueño le impide al cerebro realizar la limpieza diaria que requiere para estar saludable.

“Dormir mal en general, y eso incluye a los que sufren de apnea, impide tener un sueño profundo, el encargado de limpiar el cerebro de las proteínas tóxicas que inducen al alzhéimer, y que se conocen como beta amiloide y tau”, dice el neurólogo Miguel Dávila. De acuerdo con otra teoría, las personas con insomnio tienen más actividad neuronal, y ello genera esas proteínas tóxicas.

Una tercera hipótesis sostiene que un gran factor de riesgo de demencia son las enfermedades cardiovasculares y otras metabólicas, como la diabetes y la hipertensión; en todas influye la calidad del sueño. La apnea del sueño, que afecta al 19 por ciento de las personas (casi 6 millones de colombianos), se caracteriza por ronquidos ruidosos que implican una obstrucción del aire por las vías respiratorias. Es frecuente que el individuo haga estas pausas por milésimas de segundos, por lo cual debe despertarse para respirar. “No hay apneas sin ronquido, y las apneas fragmentan el sueño”, dice Dávila.

Por eso, la apnea es un riesgo de desarrollar hipertensión, y, como consecuencia de ello, infarto y derrame cerebral. “Al tratarla mejoran también todos los índices que producen demencia, como los riesgos cardiovasculares y metabólicos”, agrega.

El APPC consiste en una máscara conectada a una máquina que envía aire presurizado a la garganta. El paciente se coloca la máscara para dormir, y el aire que expulsa hace que el tejido blando de la garganta no colapse durante el sueño.

“Mete aire humedecido a cierta presión y vence buena parte de la obstrucción. Así, la gente no tiene ya que despertarse para respirar”, explica Dávila. En casos en los que el insomnio es la culpa de la falta de sueño, habría que llevar a cabo otras intervenciones.

Aunque existen medicamentos, los expertos señalan que lo ideal es inducir al sueño profundo de manera natural, algo que no logran hacer las pastillas para dormir. Las siestas tampoco producen el sueño profundo que prevendría el alzhéimer. Lo más efectivo es establecer una higiene del sueño que ayude a dormir bien. Entre esa rutina está programar un horario exacto para irse a la cama, evitar el café y el alcohol antes de dormir, y remover los aparatos electrónicos de la habitación para que no haya interrupciones en la noche.

Por ahora, gran parte de la información sobre el sueño es un rompecabezas, pero estos dos trabajos aportan señales: dormir bien ayuda a prevenir la demencia.