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Hojas de laurel: cómo se consumen y cuáles son sus propiedades medicinales

Esta planta es rica en potasio, magnesio y vitaminas B6, B9 y C.


El laurel, conocido con el nombre científico de Laurus nobilis, es una especia que tradicionalmente se conoce por sus aportes a la gastronomía. Es muy utilizado para darle sabor y aroma a las carnes, pescados y sopas.

Sin embargo, sus bondades van más allá de los platos y también se le atribuyen propiedades que pueden ayudar a aliviar problemas digestivos como gases, dolor estomacal y flatulencias.

Según un estudio publicado en la revista científica Food Chemistry, esta planta previene la acidez y la formación de gases por las sustancias que contiene. Asimismo, tiene propiedades bactericidas, antisépticas, expectorantes y antiinflamatorios. También es recomendada para reducir el ácido úrico.

De acuerdo con el portal de salud Tua Saúde, las hojas de laurel son ricas en potasio, magnesio y vitaminas B6, B9 y C y, además posee acción diurética, antifúngica, antirreumática, estimulante y antioxidante, por lo que puede ser utilizada para ayudar en el tratamiento de diversos malestares.

Asimismo, las hojas de esta planta tienen la capacidad de nivelar el azúcar en la sangre, lo que las hace ideales para ayudar en el tratamiento de la diabetes. De igual manetra, puede ser usada para tratar problemas de la piel, como dermatitis, siendo recomendado su uso tópico. No obstante, es importante consultar con el médico, puesto que puede desencadenar reacciones alérgicas, informa el portal Tua Saúde.

La forma más habitual de tomar el laurel es en agua. Esta puede prepararse poniendo sus hojas en agua fría y llevándola a ebullición, o sumergiendo dichas hojas en agua hirviendo, según explica la revista de salud y bienestar Webconsultas. En cualquiera de los dos casos, hay que dejar reposar al menos diez minutos y, posteriormente, colarla antes de ingerirla.

Además de los problemas digestivos e intestinales, esta bebida puede ayudar a desinflamar el hígado, a aliviar el dolor producido por los cólicos menstruales, el dolor de cabeza, el reumatismo, el estrés y la ansiedad.

Si se quiere preparar una bebida que alcance para varias tomas en el día, se emplea un litro de agua y aproximadamente 20 o 30 gramos de hojas. Lo ideal es que sean maduras y frescas, ya que las propiedades y principios activos del laurel suelen reducirse en el caso de las hojas secas, precisa el artículo de Webconsultas.

Según este sitio web, respecto a la dosis, puede tomarse hasta un máximo de cuatro veces al día, aunque siempre es mejor consultar con el médico para determinar la viabilidad de su consumo, pues puede tener contraindicaciones en algunos casos.

Para utilizar de manera tópica, se pueden realizar cataplasmas caseros macerando los frutos de esta planta y extrayendo el aceite esencial que contienen para, posteriormente, aplicarlo sobre la zona afectada. No obstante, antes de hacer uso de la especia en esa presentación, lo ideal es consultar al dermatólogo porque puede generar algún tipo de alergias.

Contraindicaciones

“En el caso del laurel, al igual que ocurre con otras plantas empleadas en fitoterapia, siempre hay que consultar previamente con un experto la dosis y periodicidad con la que debe tomarse debido a sus posibles contraindicaciones y efectos adversos”, señala Webconsultas.

Infusión de hojas de laurel
La infusión de hojas de laurel tiene múltiples beneficios, pero no debe consumirse en exceso. - Foto: Getty Images/iStockphoto

Tua Saúde indica, además, que el consumo de las hojas de laurel no es recomendable en mujeres que se encuentren amamantando o que estén embarazadas, pues puede producir un aborto.

Adicionalmente, si esta bebida se consume en exceso puede causar somnolencia, dado que esta planta posee efecto calmante y es capaz de desacelerar el sistema nervioso, además de ocasionar alteraciones gastrointestinales, cólicos abdominales y dolor de cabeza cuando es consumida en grandes cantidades.

Asimismo, dadas las propiedades que posee para reducir los niveles de azúcar, el alto consumo puede generar un efecto contrario en la disminución de la glucosa, con el riesgo de generar hipoglucemia.