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El parecido físico de Sophie Hunter y Benedict Cumberbatch es evidente. Además, los une el gusto por el arte y la moda.

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¿Los polos opuestos se atraen? La ciencia tiene la respuesta

Un estudio desmonta uno de los mitos más populares: que las personas muy diferentes sienten mayor atracción. En la práctica, las personas suelen elegir cónyuges similares a sí mismos.

En la búsqueda de la media naranja, no hay frase más famosa que la de “los polos opuestos se atraen”. Sin embargo, del dicho al hecho hay mucho trecho. Y eso lo confirma un reciente estudio de la Universidad de Stanford, Estados Unidos, publicado en Scientific Reports. El trabajo, liderado por la matemática social Pin Pin Tea-makorn y el psicólogo computacional Michal Kosinski, asegura que solo se trataría de una ilusión.

Para probarlo, buscaron avisos de aniversarios en los periódicos y con ayuda de Google rastrearon fotos de las parejas al comienzo de sus matrimonios y muchos años después. En total, compilaron imágenes de 517 y luego emplearon dos métodos para medir su similitud: un algoritmo de reconocimiento facial de última generación y el juicio humano, algo fundamental para asegurarse de que la tecnología estuviera haciendo bien su trabajo. De forma sorprendente, el algoritmo detectó una evidente homogamia, es decir, la tendencia a casarse con personas parecidas.

La razón no está del todo clara, pero Tea-makorn y Kosinski respaldan algunas teorías. Una de ellas es el efecto exposición, porque “estamos familiarizados con nuestras imágenes en el espejo”, dijo Tea-makorn. Otra hipótesis, el apareamiento selectivo, sugiere que los individuos con fenotipos similares se aparean entre sí con mayor frecuencia.

Investigaciones ya han demostrado que las parejas románticas tienen semejanzas en altura, peso, salud, dieta, edad, atractivo físico, educación, capacidad, inteligencia, bienestar psicológico, personalidad, actitudes, valores, religión, clase social, etnia, estilo de vida y muchos otros rasgos. Incluso, varios trabajos científicos han observado que los enamorados suelen compartir ADN similar.

Los ojos y facciones de Courteney Cox y su prometido, Johnny McDaid, darían para pensar que están emparentados.
Los actores Dax Shepard y Kristen Bell no solo tienen rasgos similares. También comparten el sentido del humor.

Uno de ellos, publicado en la revista PLOS Genetics en 2017, analizó los genomas de 819 parejas de varias zonas geográficas de Europa, entre ellas la comunidad judía askenazi, para comparar la tendencia a la endogamia. El trabajo comprobó que, independientemente de las creencias culturales, la mayoría de las parejas poseían la misma ascendencia. Aunque suene extraño, casi todos estaban emparentados antes de casarse sin saberlo y mostraron una clara tendencia a vivir romances con quienes compartían sus mismos genes.

Curiosamente, este sesgo disminuyó con cada generación. Eso se debería a que hoy, con la globalización, es posible buscar el amor en otros países e incluso mediante citas en línea. Sin embargo, experimentos realizados con estas apps también revelan que las parejas en potencia suelen experimentar intereses y gustos similares mucho antes de chatear por primera vez. Asimismo, barajan la tesis de que hombres y mujeres se sienten atraídos por individuos parecidos a sus padres, un fenómeno conocido como impronta sexual.

El mismo experimento de Tea-makorn y Kosinski también desmontó otra vieja teoría: a medida que las parejas envejecen comienzan a parecerse físicamente. Esta tenía asidero en varias investigaciones, una de las cuales la realizó en 1987 un equipo de la Universidad de Míchigan que estudió a varias parejas durante un periodo de 25 años. Allí los investigadores sugirieron que los rostros de los cónyuges no eran similares al comienzo del matrimonio, pero sí empezaban a parecerse más a medida que envejecían. Ello sucede porque los enamorados normalmente comparten los mismos entornos, realizan las mismas actividades, consumen la misma comida e imitan las expresiones emocionales del otro. Todo lo cual puede influir en los rasgos faciales.

El productor de cine Cash Warren y la actriz Jessica Alba tienen un rostro similar. Son padres de dos niñas.

Desde entonces, la gente ha estado fascinada con la idea y es fácil entender por qué: resulta reconfortante y romántico imaginar que, a medida que pasa el tiempo, la vida compartida en pareja se manifiesta en esa simbiosis perfecta. Pero Tea-makorn y Kosinski compararon fotos de los 517 matrimonios, tomadas durante los dos primeros años y 20 años después, y encontraron que los rostros no cambiaron.

De hecho, comprobaron que aquellos que llevaban mucho tiempo juntos exhibían exactamente los mismos patrones de similitud a los que llevaban poco tiempo. Además, tampoco eran más parecidos en términos de actitudes, valores, inteligencia, personalidad, bienestar psicológico e intereses que los primíparos.

Los actores Vincent Kartheiser y Alexis Bledel comparten el mismo color de ojos. En esta foto su parecido es asombroso.
Tom Brady y Gisele Bündchen tienen una estructura ósea y un tono de piel similares. Además, los une el interés por la ayuda humanitaria.

Estos y muchos otros hallazgos han llevado a estudiosos del tema, como los autores, a concluir que realmente las experiencias similares y las circunstancias de vida previas juegan un papel significativo en las relaciones amorosas, pero de ninguna forma estas similitudes son producto de la convivencia. La conclusión invalida definitivamente la leyenda de que los polos opuestos se atraen.

Benedict Cumberbatch y Sophie Hunter, famosos por su talento, pero también por su innegable parecido, probablemente eligieron desde el inicio a alguien dentro de su zona de confort. Muchos dicen que el amor es caprichoso y nadie sabe por qué hay atracción romántica entre dos parejas. Algunos le echan la culpa a Cupido, pero por lo visto las reglas de la ciencia muestran que la realidad es otra: los parecidos se atraen.