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| 12/14/1987 12:00:00 AM

"SARDINEANDO"

Aumenta el número de mujeres que se organizan con hombres menores que ellas.

"SARDINEANDO" "SARDINEANDO"
Cuando las mujeres mayores de 35 años sin pareja a la vista piensan en la imagen bíblica de los hombres encaramados en las copas de los árboles, inmisericordemente perseguidos por las mujeres, no pueden menos que asociar la escena con una pesadilla. Pero si acuden a las estadísticas, lo bíblico, más que profético, se convierte en realidad.
Sólo el 5% de las mujeres que permanecen solteras a esta edad tienen posibilidad de casarse. Al menos es lo que dicen recientes investigaciones adelantadas en el país de las estadísticas, Estados Unidos.
Si se toman así, en forma directa, las cifras confirman lo que intuitivamente las madres tradicionales han dicho al oído de sus hijas: "Si esperas mucho tiempo para casarte, los buenos partidos se habrán ido".
Sin embargo, esto, que podría aparecer tan sólido como una catedral, no lo es tanto, porque las cosas dependen del cristal con que se miren. Así que las mujeres que a estas alturas, leyendo este artículo, se sienten aludidas y tienen contenida la respiración, pueden respirar tranquilas. No hay tal escasez alarmante de hombres. Simplemente hay escasez de hombres mayores. Y eso no es tan grave. Además, cada año se casan más mujeres. Pero si la mayoría se casa con hombres mayores 2 o 3 años que ellas, ¿por qué y cómo es que cada año se casan más personas? La respuesta incluye buenas noticias para todas aquellas mujeres que se sentían desahuciadas.

SECRETO BIEN GUARDADO
La otra cara de la moneda ha estado oculta, entre otras razones, porque no se había investigado el fenómeno y porque era un secreto, tal vez el único secreto femenino bien guardado.
Sin embargo, una mujer con el mismo secreto entre pecho y espalda, Victoria Houston, escritora y crítica de arte, se lanzó a averiguar si había más casos similares al suyo: mujeres mayores casadas con hombres menores, ¿por qué lo hizo? Ella responde en su libro "Amar a un hombre más joven", publicado recientemente: "Hace 8 años, conocí y me enamoré del hombre de mis sueños. Traté, sin embargo, de dejarlo y salir corriendo. Casi digo "no" a lo mejor que me ha sucedido en la vida. ¿Por qué? Porque era 9 años mayor que él. Dejé que los 9 años se interpusieran en nuestras vidas y me dejé intimidar por lo que pensé que los demás iban a pensar de mí. Me imaginé toda clase de razones estúpidas por las cuales no iba a funcionar nuestra relación".
La Houston finalmente venció los obstáculos que se le presentaron y decidio casarse con su joven principe azul. Desde entonces, empezó a descubrir más casos como el suyo y fue el motivo que la llevó a realizar la investigación y escribir el libro. Los resultados son sorprendentes: de los dos millones de matrimonios realizados en 1983, según estadísticas oficiales, más del 30% de las mujeres entre 25 y 34 años se casaron con hombres más jóvenes. De las mujeres entre 35 y 44 años, cerca del 40% lo hicieron con hombres menores que ellas. Y la cosa no para aquí. De las mujeres mayores de 45, cerca del 30% estaba en la misma situación. Esto quiere decir que una tercera parte de las mujeres norteamericanas se están cansando con hombres más jóvenes. Así que lo que la Houston creyó que era un caso raro, el suyo, era uno más. El campanazo de alarma de la escasez de hombres casaderos era falsa.
Y hay más en este sentido. Buscando estadísticas más recientes (1985) sobre mujeres que sin estar casadas viven en pareja, Houston encontró lo siguiente: en 1985 de 225 mil mujeres entre 35 y 44 años, 32% vivía con un hombre más joven. De 199 mil entre 45 y 64 años, 23% vivía con hombres menores. Y de las mujeres más jóvenes, entre 25 y 34 años, mientras un porcentaje más pequeño vivía con hombres menores, un asombroso 65% vivía con hombres de su misma edad. Sacudida por las cifras, Houston reconoce que si las hubiera conocido cuando inició la relación con su actual marido, 9 años menor, hubiera estado menos reacia a hacerlo y no le hubiera puesto tantos "peros", pensando en que era algo fuera de lo común.
Para contribuir en algo en casos similares al suyo, Victoria Houston realizó durante 2 años un trabajo con 40 personas (24 de ellas parejas), para descubrir lo que hay detrás de éstas que podrán llamarse a simple vista "parejas disparejas".
Hay algo evidente tras todas las historias que recoge Houston y se confirma significativamente con las estadísticas obtenidas: las mujeres están inrentando vencer esos tabúes sociales que hacían ver inadecuados los matrimonios de mujeres mayores con hombres menores. La idea es que, a la par con la liberación sexual, la competencia laboral en campos antes exclusivos de los hombres y la independencia económica, la mujer escoge ahora con más libertad al hombre, con el cual quiere compartir su vida.
Según el psicólogo Herbert Freudenberger, "hace 6 años, cuando se empezó a hablar de la escasez de hombres, las mujeres se réían sobre la posibilidad de casarse con hombres más jóvenes. Hace 5 años, la cuestión se volvió más seria. Más recientemente, ellas empezaron a casarse".

PAREJAS "CACHAS"
Desde una perspectiva sociológica, no suena descabellado que las mujeres se sientan más libres para casarse con hombres más jóvenes. En años recientes, las actitudes femeninas han cambiado y se han vuelto más parecidas a las del sexo opuesto en muchos sentidos. Actualmente es casi igual al de los hombres, el porcentaje de las mujeres que sienten que su carrera está primero que su vida familiar. Es decir, ser mamá y tener la casa como una "tacita de plata", ya no es el objetivo fundamental de la mujer moderna.
Cada día más mujeres aceptan, al igual que los hombres, la normalidad de las relaciones prematrimoniales. La edad del primer matrimonio ha aumentado. Ya las mujeres no se casan tan jóvenes. Si antes la edad del primer matrimonio estaba entre los 20 y los 27 años, ahora se acerca a la edad en la que, por lo general, los hombres realizan su primer matrimonio, entre los 22 y los 29.
Las relaciones entre mujeres mayores y hombres menores, reflejan la disposición de las mujeres contemporáneas, de aplicar a sus vidas personales las actitudes y la seguridad que han adquirido en sus vidas profesionales. Las mujeres están ejercitando su derecho a seleccionar los hombres que aman de un pool de hombres casaderos más viejos y más jóvenes que ellas. Un pool que es idéntico a aquél en el que los hombres siempre han tenido posibilidades de escoger sus propias parejas.
Las uniones entre mujeres más viejas y hombres más jóvenes, son más "cachas" en todo. Desde el sexo, hasta las acciones y los bonos. La Houston encontró que, en su gran mayoría, estas parejas pagan "miti-miti" los gastos del hogar: contribuyen por partes iguales a su sostenimiento, las decisiones se toman por consenso, los niños están a cargo de ambos, y la casa la limpian ambos (o pagan en partes iguales para que la limpien).
Si el amor, como lo definió alguna vez Simone de Beauvoir, es "el mutuo reconocimiento de dos libertades", este tipo de parejas lo llenan a cabalidad. Según la Houston, puede llegar a ser más sencillo para una mujer sostener una relación en pie de igualdad con un hombre más joven que ella.

REDUCIDORES DE CABEZAS
Pero, aunque las cifras indican que cada vez más las mujeres están escogiendo sus parejas en las "ligas menores", muy pocas mujeres parecen sentirse totalmente cómodas con esta escogencia. Existe el temor secreto de que están haciendo algo indebido. ¿Por qué? Porque existe una actitud social de censura hacia este tipo de relaciones. La sociedad trata de manera rígida a las mujeres que aman a hombres más jóvenes que ellas. Puede llamarse una actitud anticuada, ridícula, o un absurdo tabú. Puede calificársela de injusta. Y puede estarse diluyendo, pero todavía existe, y, según Victoria Houston, "debemos enfrentarnos a ella si queremos derrotarla".
La autora se pregunta de dónde viene este sentimiento de que cuando una mujer se enamora de un hombre más joven, está haciendo algo malo, y responde que de los propios hombres. "Más específicamente, de los hombres que tienen el poder. Nuestros padres, nuestros maestros, nuestros jefes, nuestros reducidores de cabezas. Apenas estamos emergiendo de aquellos años en los que los condicionamientos sociales determinaban que los hombres eran nuestros líderes, y los jueces sociales de nuestra cultura. Lo que hiciéramos con nuestras vidas tenía que encajar en los moldes que los hombres nos habían creado".
Pero es importante señalar que en ello no existe alguien a quien pueda culparse específicamente. El tabú contra las mujeres que se casan con hombres más jóvenes es una norma social, que data de hace mucho tiempo y que todos llevamos por dentro. Hasta hace muy poco, no había forma de esquivarla: las normas sociales desestimulaban el matrimonio de mujeres más viejas con hombres más jóvenes, sin importar cuál fuera esa diferencia de edad. Dos años o veinte... Si la mujer era mayor en cualquier número de años que el hombre, se la consideraba una rareza.
Pero, precisamente, el mensaje de Victoria Houston consiste en decirles a las mujeres que no es su culpa. "Nos volvemos mejores con los años, pero creemos cada vez más estrecho el mercado de hombres casaderos. La verdad es que no existe escasez, sino únicamente la práctica de hombres que prefieren casarse y volverse a casar con mujeres más jóvenes que ellos, sólo para impresionar a los demás hombres".

Hay un factor más, que no debe ser ignorado cuando se examinan los cambios que han sufrido las relaciones de las parejas contemporáneas: más mujeres se sienten atraidas por hombres más jóvenes, porque hoy el hombre joven es un nuevo tipo de hombre, muy diferente de su padre o de su abuelo. Son hombres que se sienten cómodos trabajando con mujeres, o teniendo amigas mujeres y, por consiguiente, están preparados para aceptarlas como pareja en igualdad de condiciones en el amor y en la vida.

¿Y EN COLOMBIA QUE?
En Colombia no hay estudios específicos sobre este tipo de relaciones, pero podrían ser en cierta forma reveladoras algunas cifras extraídas de una investigación realizada por las sociólogas Lucero Samudio y Norma Rubiano de la Universidad Externado de Colombia, sobre separaciones conyugales. Del trabajo no puede deducirse directamente ni que haya aumentado el número de mujeres que se casan con hombres menores que ellas ni que la causa de separaciones sea la diferencia de edad. Pero resulta sorprendente encontrar que, entre las parejas que se han separado alguna vez, el 4% de las mujeres era mayor 5 años que sus esposos y el 10%, entre 1 y 4 años. De las personas que se habían separado por segunda vez, el 17.2% de mujeres era mayor más de 5 años que sus cónyuges y el 21%, entre 1 y 4 años. En aquellas separadas por tercera vez, el 18% le llevaba más de 5 años a su pareja y el 7.9% entre 1 y 4 años. De la investigación hecha con otros propósitos, se desprende algo revelador: el 26.1% de las mujeres separadas encuestadas había estado casada, con un hombre menor que ella. Y esto podría significar una tendencia. La misma tendencia que se registra en países más desarrollados como los Estados Unidos. Sin embargo está por hacerse este estudio en Colombia.
Lo que si es bastante claro, según las investigadoras, es que se nota una tendencia cada vez mayor hacia la homologación de las edades: hombres y mujeres prefieren como pareja a personas más o menos de su misma edad. Por su parte, la doctora Luz Helena Sánchez dice: "Mi experiencia con mujeres indica que actualmente la mayoría no se entiende bien con los hombres de su generación. Por eso tienden a buscar una relación más igualitaria. La única forma de conseguirla, a medida que se van destruyendo los estereotipos, es con hombres más jóvenes". Una de las claves que la Houston encuentra como explicación es que los hombres más jóvenes han sido educados en forma diferente: "Son los hijos de las pioneras, las mujeres que sintieron los primeros vientos de cambio del movimiento feminista". Los hombres jóvenes encuentran a las mujeres con más experiencia que ellos, mucho más atractivas. Han crecido con madres, hermanas y otras mujeres que trabajan, asi que la mujer trabajadora es una figura familiar para ellos. No fueron educados para controlar la relación y por eso no se sienten responsables de todos los aspectos de ella. Como quien dice, son mucho más "frescos", con menos prejuicios y más dispuestos a tratar a la mujer de igual a igual. Ahora bien, afirma la socióloga Luz Jaramillo, "si las relaciones de este tipo están aumentando o se están publicitando más, es debido a que, también en Colombia, la sociedad está rompiendo muchos tabúes".
Podria anticiparse que están aumentando las llamadas "parejas disparejas" que, según parece, de disparejas no tienen sino la edad, porque, de resto, las compatibilidades tienden a ser mayores que entre las parejas convencionales. Cada día menos este tipo de relaciones se juzgará exótica, rara o especial y ya no será patrimonio exclusivo de personas "sobradas", intelectuales o iconoclastas. Edith Piaf, Marguerite Duras, Violeta Parra, Joan Collins, Ursual Andrews y muchas más, no serán vistas ya como especimenes raros del sexo femenino. El buen ejemplo también cunde y la mujer está ahora más dispuesta a lo que peyorativamente se llama "sardinear".

EDICIÓN 1879

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