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| 6/27/2004 12:00:00 AM

De promiscuos

Científicos lograron identificar el gen de la fidelidad en ratones de laboratorio.

De promiscuos De promiscuos
Había una vez unos ratoncitos que vivían en una hermosa pradera. Para sus amigos mamíferos estos animales eran un poco extraños. En cuanto conocían a una linda ratona, se apareaban y quedaban perdidamente enamorados. Se mantenían junto a su pareja toda la vida, la cuidaban celosamente y ayudaban a criar su descendencia. Los ratones de los prados, sus primos más cercanos, llevaban una vida más díscola. Se apareaban con muchas de sus vecinas, no establecían ningún lazo afectivo con alguna y se interesaban muy poco por los bebés producto de sus andanzas. Un día unos científicos les cambiaron la vida.

El final de esta historia, que no es un cuento de hadas, fue publicada la semana pasada en la revista Nature. Con sólo modificar un gen, investigadores de la Universidad de Emory lograron convertir a un promiscuo ratón de los prados en un animal fiel y amoroso, como sus primos de la pradera.

Investigaciones anteriores ya habían revelado que los ratones fieles tenían altos niveles de un receptor que se encuentra en el pálido ventral, una región del cerebro involucrada en el sistema de recompensas. Los promiscuos, en cambio, no tienen estos receptores. El experimento consistió en introducirles a estos últimos el gen que codifica el receptor de dicha proteína.

La explicación de este cambio está en la vasopresina, una hormona que se libera cuando los animales copulan. Los receptores de la hormona la recogen y la llevan al sitio del cerebro que maneja las llamadas recompensas. "La vasopresina activa este centro y hace que el ratón se fije más en la pareja con la cual se está apareando, explicó Larry Young a la BBC. Los hace pensar: ' cuando estoy con esta pareja me siento bien'. Y de ahí en adelante quieren pasar el tiempo sólo con ella".

En los seres humanos sucede lo mismo. Cuando una pareja hace el amor la vasopresina se libera. "El acto sexual genera un vínculo entre los humanos y la vasopresina tendría un papel en mantenerlo", dijo el experto.

Aunque muchos quisieran que este descubrimiento se aplicara cuanto antes a los seres humanos, lo que se pretende es entender mejor el funcionamiento de estas hormonas para tratar enfermedades en las que el paciente tiene dificultad para interactuar con otros, como el autismo

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