Las mujeres de América Latina y el Caribe han desempeñado un papel fundamental en la construcción y fortalecimiento del multilateralismo, entendido también como aquellas relaciones internacionales en las que colaboran muchos países con puntos de vista y objetivos diferentes, aportando liderazgo y visión transformadora en áreas clave como la superación de la desigualdad de género, la garantía de los derechos de las mujeres, el ejercicio pleno de su autonomía y la promoción del desarrollo sostenible. Su participación ha sido decisiva para impulsar agendas más inclusivas, equitativas y centradas en las personas. Con el fin de visibilizar y reconocer estas contribuciones, en 2021 la Conferencia General de la UNESCO proclamó el 25 de enero como el Día Internacional de las Mujeres en el Multilateralismo.
Desde entonces, la Mesa de Género de la Cooperación Internacional (MGCI) se ha sumado al compromiso de integrar una perspectiva de género sólida y transversal en los esfuerzos de cooperación internacional, como condición indispensable para el cumplimiento de la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. El multilateralismo, entendido hoy como el marco de la política y la diplomacia internacionales, se basa en la colaboración entre múltiples países con visiones y prioridades diversas para dar respuesta conjunta a los grandes desafíos globales. En este contexto, el Sistema de las Naciones Unidas constituye el principal espacio multilateral, donde los Estados se reúnen en conferencias, cumbres y foros de diálogo para construir soluciones comunes frente a problemáticas que trascienden las fronteras nacionales.
De acuerdo con la MGCI, mecanismo activo desde hace 15 años y que agrupa a 53 embajadas, agencias de Naciones Unidas y organizaciones internacionales, Colombia es un claro ejemplo de que la diplomacia multilateral, con la presencia y el liderazgo de mujeres en espacios de tomas de decisión, puede traducirse en resultados concretos para aportar a los históricos esfuerzos del Estado y la sociedad civil, en particular de las organizaciones de mujeres. Un claro ejemplo de esta articulación en Colombia es el Plan de Acción Nacional de Mujeres, Paz y Seguridad de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el primero en el país y uno de los más participativos del mundo, cuya formulación fue posible gracias al liderazgo del Gobierno Nacional y de las redes y organizaciones de mujeres y feministas, que contó con apoyo político, financiero, metodológico y logístico de la Mesa de Género, e incluyó a más de 1.500 mujeres de distintas regiones y poblaciones —incluyendo afrocolombianas, indígenas y firmantes de paz— a través de 22 encuentros territoriales y poblacionales.









