Es muy común que los gatos y perros coman hierba o pasto, aunque no se sabe a ciencia cierta por qué lo hacen. Hay quienes dicen que pueden tener este comportamiento por el sabor o porque la sensación en la boca es agradable, pero también es posible que ingieran este producto intentando aliviar algún malestar estomacal.
Si bien podría pensarse e incluso se especula que hagan esto para compensar una carencia de nutrientes, los expertos señalan que es poco probable si las mascotas consumen una dieta completa y equilibrada.
Según información de la compañía Purina, en su página web, los gatos pueden comer césped con moderación, siempre y cuando no se haya tratado con pesticidas o herbicidas.
Sin embargo, si lo hace de manera frecuente, podría atascarse en sus fosas nasales y causar estornudos. Si esto sucede, la recomendación es comunicarse con el veterinario para retirarlo de forma manual. También es posible que la hierba se acumule en el tubo digestivo, por lo que se debe prestar atención para que esta práctica no sea recurrente.
En el caso de los perros, la ingesta de pasto puede deberse a una simple necesidad de agua, pues las plantas contienen abundante líquido en su interior y, en otras ocasiones, por aburrimiento.
También hay perros que comen pasto para vomitar, un comportamiento que, de acuerdo con los especialistas, también es normal y es probable que muchas veces lo hagan a propósito.
¿Qué pasa si comen pasto artificial?
Si los animales consumen césped fresco, no tienen mayores inconvenientes más allá de que pueda generarles vómito. Sin embargo, existen dudas en torno a la ingesta de pasto artificial.
Hay hogares en los que suele ponerse pasto artificial y es posible que los animales coman del mismo. En estos casos, existen algunas recomendaciones basadas en criterios de seguridad.
Los expertos recomiendan elegir productos certificados, diseñados específicamente para animales de compañía y libres de rellenos de caucho reciclado.
La ingesta de productos artificiales puede ocasionar malestares. Si comen pequeñas cantidades, el cuerpo puede expulsarlo mediante vómito o en las heces. Sin embargo, existe el riesgo de que el material cause irritación en el estómago o, en situaciones más serias, una obstrucción intestinal, especialmente si se tragan trozos grandes o fibras largas.
Esto puede derivar en síntomas como vómitos persistentes, falta de apetito, estreñimiento, dolor abdominal o decaimiento. Por esta razón es importante estar atento a su comportamiento en las horas siguientes a la ingesta. Si aparecen síntomas o sospechas de que comió una cantidad considerable, lo mejor es acudir a un veterinario.