Los gatos son animales silenciosos, reservados y completamente autosuficientes, pero cuando uno de ellos empieza a maullar sin parar, el escenario cambia por completo.
Lo que muchas personas interpretan como un simple berrinche o el querer llamar la atención, podría ser en realidad, una señal de alarma que el animal está enviando con urgencia.
Los veterinarios expertos son claros al respecto: el maullido excesivo no es un capricho, es un lenguaje, y entenderlo puede marcar la diferencia entre detectar una enfermedad a tiempo o ignorarla hasta que sea demasiado tarde.
De acuerdo con la American Association of Feline Practitioners (AAFP), antes de pensar que el gato simplemente está siendo dramático, hay que descartar causas médicas.
¿Qué significa que un gato maúlle constantemente?
Si el animal llora de manera aguda o persistente mientras está cerca de su caja de arena, eso podría indicar una infección urinaria o un problema renal que le genera dolor al orinar.
Esa combinación, maullido intenso más comportamiento extraño en la caja, es la señal más directa de que el viaje al veterinario no puede esperar.
En gatos mayores, el hipertiroidismo y la hipertensión son condiciones muy comunes que causan desorientación y vocalizaciones nocturnas frecuentes.
Además, los felinos de edad avanzada pueden desarrollar un deterioro cognitivo similar al Alzheimer humano, lo que los lleva a sentirse perdidos en su propio hogar y a expresar esa angustia a través del llanto.
El problema, explican los especialistas, es que los gatos son especialistas ocultando el dolor, así que cuando ya no pueden disimularlo y empiezan a vocalizar, la situación suele llevar un tiempo desarrollándose.
Si el veterinario descarta problemas de salud, la atención se debe enfocar en el ambiente.
Según la etóloga felina Helena Bat, los gatos son animales de rutinas estrictas, y cualquier cambio en su territorio, desde muebles nuevos hasta la llegada de otra mascota o una mudanza, puede desencadenar un estrés que se manifiesta justo así: con llanto.
El aburrimiento también juega un papel clave. Sin estímulos suficientes, el animal usará su voz para demandar juego, comida o compañía. La recomendación general de los expertos es observar por qué se dan los maullidos antes de reaccionar.
Si el gato llora de noche y el cuidador corre a atenderlo o a darle comida, lo único que logra es enseñarle que gritar funciona. La clave está en identificar si hay dolor de por medio, y para eso, solo hay un camino: el veterinario.