No fue fácil lograr la liberación de Lyan Hortúa, el menor de 11 años secuestrado por las disidencias de las Farc en Jamundí. Organismos internacionales y líderes religiosos se retiraron de la mesa cuando se les propuso llevar la millonaria exigencia económica directamente a los criminales para liberar al pequeño, argumentando que dicha acción contravenía los principios de sus misiones.

Exclusivo: la historia secreta detrás del secuestro de Lyan. Deuda entre poderosos narcos y temor de una guerra sin cuartel

Ante la negativa, la familia –con el conocimiento de las autoridades– comenzó una negociación clandestina con los ilegales que terminó en una llamada a la Defensoría del Pueblo para que recogieran al niño en una zona montañosa del Valle del Cauca. El Ministerio Público reconoció que no negoció dinero y solo actuó cuando recibió la comunicación.