Con una trayectoria que la hace una de las agrupaciones más importantes de la danza en Colombia, Sankofa Danzafro se presentará el 30 y el 31 de marzo en el Teatro Colón, a las 8 p. m., en el marco del Fiav Bogotá. Su recorrido artístico, reconocido por el Ministerio de Culturas con el Premio Nacional de Danza en 2008, la ha visto danzar y crecer, pero también acompañar iniciativas de formación y trabajo territorial con comunidades afrodescendientes. Ese vínculo, visible en procesos desarrollados en Chocó, Buenaventura, Urabá, Puerto Tejada y San Andrés, dimensiona el alcance cultural y pedagógico de la apuesta.
Al frente de Sankofa está Rafael Palacios, quien empezó a bailar cuando tenía 5 años, y ahora, a los 57, considera un privilegio jamás haberse detenido. En sus décadas de formación, creación y escena, Palacios es un notable referente de la danza en el país.
Y es así, en gran parte, por su trabajo con esta compañía, que nació en Medellín en 1997 y se ha presentado en países como Estados Unidos, Brasil, Francia y Burkina Faso. Su nombre proviene de un vocablo del pueblo akan de Ghana que significa regresar a la raíz. Además de reconocer el pasado, Sankofa tiene la filosofía de comprender el presente y avanzar con pasos firmes hacia el futuro. En ese sentido, presentará su más reciente producción, Geografías líquidas, una reflexión sobre la relación de las comunidades afrocolombianas con el agua. Hablamos con Palacio. Esto nos dijo.
ARCADIA: Fue a África para buscar una raíz y un lenguaje. ¿Cómo cambió ese viaje su manera de entender el cuerpo, la danza y su historia?
Rafael Palacios: Me fui de Colombia detrás de Germaine Acogny, a quien conocí en el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá. Ella estaba en Francia, dictaba talleres en Toulouse, y luego me envió a París, donde estuve con Irène Tassembédo, una exalumna de la Escuela Mudra. Después fui con mi maestra Irène a Burkina Faso y a Senegal. Formé parte de su compañía y visitamos 18 países de África. Tuve el privilegio de entender un poco el continente africano y de regresar con unos pies bien puestos sobre la tierra para crear ese diálogo entre Colombia y África, porque, definitivamente, es la cuna de la humanidad y es importante conectarnos, no dejar desaparecer ese cordón umbilical.
ARCADIA: Sankofa cumplirá 30 años. ¿Qué prejuicios, resistencias o incomprensiones tuvo que enfrentar para hacer existir este proyecto?
R.P.: Es un recuerdo muy bonito, porque, claro, yo fui el primer colombiano y el primer colombiano negro en irse hasta África para aprender las técnicas contemporáneas de danza afro. Cuando regresé al país, era un lenguaje muy extraño para todos. Me tocaba explicar desde cero la técnica, la filosofía, pero también había una conexión muy importante, sobre todo para la gente negra, con una técnica que, aunque parecía ajena, formaba parte de nosotros.
Y fue muy emocionante ver gente de Tumaco, de Cartagena y del Chocó empezar a recorrer ese camino que yo había hecho mucho más joven. Sobre todo, significó poder decirme que no me había equivocado al perseguir a Germaine Acogny, que esta técnica no venía a reemplazar nuestros conocimientos, sino a complementarlos y a decirnos que pertenecemos a una raíz muy importante.
“Las comunidades negras ya somos visibles, pero somos poco escuchadas. La danza para nosotros es una manifestación artística, espiritual, estética y política”.
ARCADIA: La ciudad de los otros sigue circulando y siendo pedida fuera del país. ¿Qué revela eso sobre la persistencia del racismo y la capacidad de una obra para interpelar realidades tan distintas?
R.P.: Es la obra con la que más hemos girado. Creo que la hemos presentado mucho más en el exterior que en Colombia, y los países la siguen pidiendo porque es un tema actual. En La ciudad de los otros hablamos de la discriminación racial, de la exclusión, pero también proponemos, desde el antirracismo, otras formas de escucharnos y de encontrar un diálogo en el que reconocemos que el racismo es una enfermedad social que nos atañe a todos, no solamente a las comunidades negras.
ARCADIA: Ha dicho que bailan más para ser escuchados que para ser vistos. En un país que suele reducir las danzas afros a folclor, exotismo o espectáculo, ¿qué sigue costando que se escuche de fondo?
R.P.: Decimos que bailamos para ser escuchados porque es necesario que esta sociedad entienda que nuestras danzas no son eróticas, exóticas, no están de moda, sino que es la manera en que nosotros nos hemos aferrado a la vida, en la que la hemos defendido, en la que nos hemos conectado con nuestra espiritualidad. Es muy importante entender que nosotros hemos vivido conflicto desde que nos secuestraron de África y, a través de la danza, hemos podido permanecer y trascender en este mundo.
ARCADIA: Geografías líquidas aparece en un momento en el que hablar del agua es hablar de despojo, conflicto, memoria y futuro. ¿Qué conversación quería abrir con esta obra?
R.P.: El río Atrato tiene derechos y es un ejemplo para el mundo entero. Es importante que reconozcamos que nosotros no somos dueños del agua y que tenemos que aprender a comunicarnos. Las comunidades negras e indígenas lo han dicho siempre: somos parte de la naturaleza, y no dueños de ella. Esto pareciera ser una frase bonita o poética, pero no lo es, es la realidad de los seres humanos. Entonces, entender que las comunidades negras y los cuerpos de agua se han podido abastecer juntos, se han podido cuidar juntos, es el principal mensaje que nosotros queremos darle al público. También queremos reflejar una filosofía y una cosmovisión que nos enseñan a relacionarnos con el mundo, con la naturaleza, con el universo, más allá del capitalismo.
ARCADIA: El agua no solo es un elemento natural en el montaje, es memoria, es relación con el mundo. ¿Qué saben las comunidades afros e indígenas sobre esa relación que se le escapa a la mayoría?
R.P.: En cada obra de Sankofa, los bailarines se están interpretando a sí mismos y a su propia historia. Los recuerdos de los bailarines, de los músicos, de los artistas son la primera búsqueda y exploración que nosotros hacemos en la investigación. Si ellos vienen del Urabá antioqueño, del Chocó o del Pacífico Sur, ¿cuáles son esas historias que marcaron su vida? ¿Cuáles fueron esas historias con el agua que los ayudaron a entender el mundo de otras maneras? Eso fue lo que nos dio todos los insumos para crear la dramaturgia de la obra.
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