La edición número 65 del Festival FICCI tuvo su inauguración oficial en la noche del pasado martes 14 de abril y, en el marco de esta celebración, SEMANA conversó con Álvaro Gutiérrez, famoso productor colombiano.

Álvaro es un productor y fundador de Ágora Films, tiene más de una década de experiencia en la estructuración y producción de proyectos cinematográficos con proyección internacional.

Se conoce que en su trabajo se ha enfocado en conectar el desarrollo creativo con modelos de producción y financiación sólidos.

Además, a lo largo de su trayectoria, ha liderado largometrajes que transitan entre el cine independiente y el cine comercial, con especial énfasis en el género de acción y contenidos de alcance internacional.

Con show de drones y pirotecnia se dio la inauguración del Festival FICCI en Cartagena de Indias: así se vivió el gran momento

Álvaro Gutiérrez habló de su trayectoria como productor y su participación en el FICCI

SEMANA: ¿Cómo ha influido el legado de su padre, El Gordo Benjumea, en su visión del entretenimiento y del cine?

Álvaro Gutiérrez: Mi papá fue mi gran influencia. Uno de sus sueños fue hacer cine; fue un actor que conectó con el público colombiano, que se entregó al público, y él mismo lo reconoció en el cine también con películas como El taxista millonario, El inmigrante latino, Esposos en vacaciones, Colombia Connection, un actor que hizo cine en una época en donde no se hacía cine en Colombia.

De alguna manera, mi inspiración es hacer cine en Colombia de una manera diferente. Por eso me encanta el cine de acción y lo que estamos trabajando es en un cine que pueda viajar por todo el mundo. Esa ha sido una inspiración muy linda de mi padre.

S: Están los actores, productores, directores y más, ¿por qué eligió estar detrás de la cámara?

A. G.: Lo que pasa es que producir es muy complejo, es una responsabilidad muy grande y de alguna manera es un desgaste frente a la cámara.

Siento que la imagen pública, en mi forma de ver, te desgasta ante un público, ante la gente; la fama a veces afecta.

A mí me pareció más cómodo estar detrás de la cámara y me parece que es más entretenido tener más control sobre lo que uno quiere producir, sobre lo que uno quiere hacer.

S: ¿Qué cree que necesita hoy el cine colombiano para competir de manera más fuerte en la industria global?

A. G.: Nuestra mentalidad un poco es hacer cine para el mundo. Creo que Colombia ya está en un nivel de realización y de producción como cualquier potencia de cine en el mundo. Encontramos productores de Hollywood que vienen a rodar a Colombia y los niveles de producción acá son iguales.

Nuestro talento humano ha crecido y ha aprendido durante estos años gracias a la ley de cine de Colombia, que invita a que productoras grandes puedan invertir en Colombia, y también a la ley de cine nacional, que nos permite coproducir con extranjeros.

El cine pasa por una época compleja en relación a que el público no va a las salas de cine, pero no va porque el público tiene en su casa el mejor entretenimiento. Las plataformas llevan al público a su casa, a su habitación, el mejor entretenimiento que se hace hoy en día.

Entonces, de alguna manera tenemos que ver por qué el público ha dejado de ir al cine. Y siento que el público guarda las películas visuales y de gran impacto visual y sonoro para ir al cine.

La gente todavía va mucho al cine a ver las películas de acción, y por eso nosotros, como Ágora Films, estamos promoviendo, impulsando, y nuestro objetivo principal es poder hacer ese tipo de entretenimiento que cautiva al público a ir a las salas de cine.

Eh, igualmente tenemos proyectos muy importantes como Estimados señores, con los que logramos ganar nueve premios Macondo y teníamos 11 nominaciones; nos fue muy bien con una película que ha podido viajar en todo el mundo también y son historias colombianas.

Entonces, son diferentes caminos, son diferentes estrategias que tenemos que contemplar nosotros los productores y los que estamos en esta industria para poder conectar con el público.

El público está y tenemos que mirar cuál es el camino que tenemos que tomar para llegar a él.

S: ¿Qué tiene que tener hoy una historia para que usted diga ‘Esta película vale la pena hacerla’?

A. G.: Estamos en una época de una gran oferta de contenidos. Creo que las historias que generan obviamente conexión son historias universales puestas en unos mundos nuevos.

La visión mía y por la cual me inclino por hacer una película un poco es que sea una historia que genere valor, que genere de alguna manera algún tipo de enseñanza en el público, pero también que entretenga.

Me parece que nuestra vida cotidiana en Colombia y en el mundo es dura; el mundo es cruel. Siempre estamos viendo noticias que nos muestran un mundo peligroso, un mundo cambiante.

En el caso de Colombia se muestra mucha diferencia social y creo que, de alguna manera, traer entretenimiento y que enseñe algo de valores y que sume valores son contenidos que valen la pena hacer.

Margarita Díaz, directora del Festival FICCI, revela en SEMANA el impacto de Salvo Basile en el cine colombiano y dio detalles

S: ¿Qué errores cree que siguen frenando el cine colombiano cuando intenta competir en escenarios internacionales?

A. G.: Yo siento que no es tanto un error, sino que de alguna manera es como un proceso. Estamos aprendiendo a hacer cine para el mundo y una de las cosas que siento yo que nos falta y en la que tenemos que unirnos y fortalecernos es en la parte de promoción.

Cuando nosotros competimos con películas cuya promoción tiene un presupuesto de 25 millones de dólares para hacer la promoción de una película, competir contra eso es muy difícil y siento que ese es como el reto que tenemos que encontrar los realizadores y los productores, de ver cómo promocionamos nuestras películas.

Ya hacemos películas interesantes que generan valor, de muy buena factura, de muy buena calidad, pero lo que nos falta ahora es promocionarlas y que el público las conozca. Esa es la manera de poder conectar con el público.

Nos falta mucho en promoción y siento que ese es el reto de los próximos años para nuestra industria, para que realmente conecte con el público.

S: ¿Cree que con la llegada de las plataformas de streaming el cine tradicional está en crisis o simplemente evoluciona?

A. G.: Considero que el cine evoluciona. Hoy en día siempre estoy viendo que hay más contenidos verticales.

El streaming genera un tipo de narrativa donde la historia se tiene que estar casi que contando cada 6 minutos o cada X tiempo. Tiene que haber un bit para que el público esté conectado.

La dopamina que ha generado el scroll ha cambiado nuestra perspectiva de ver los contenidos, pero siento que también el cine es un respiro, es un respiro del scroll, de lo vertical; el cine es de alguna manera… por eso es un arte también, es la sumatoria de muchos artes.

Me da más tristeza saber y conocer que en muchas partes de nuestro país hay niños, adolescentes que nunca han tenido la oportunidad de ir a una sala de cine y de experimentar esa experiencia mágica de conectarnos con lo audiovisual, lo visual y lo auditivo.

Y siento que el reto del cine un poco es poder llegar a esas comunidades. Desde el Ministerio de Cultura sé que se esfuerzan muchísimo por llevar cine a municipios donde no hay salas de cine, y yo soy una persona que apoya mucho esto porque considero que esa es la manera de poder enamorar a la gente del cine.

S: ¿Cuál es la parte más compleja o menos visible de producir una película?

A. G.:Uno, cuando toma un proyecto, de alguna manera está asumiendo un proyecto que puede compararse con la construcción, como si se tratara de un edificio que se va a construir en dos o tres años.

Una película es un proyecto que puede tardar cuatro años desde que se inicia hasta que se finaliza.

De alguna manera nunca hay un fin porque se sigue vendiendo uno como productor. Lo toma en la etapa de desarrollo, estructura todo el proyecto, luego hace la preproducción, que es planear todo, luego va la etapa de ejecutar la producción, de rodar, la etapa de posproducción que todo el mundo conoce, que se edita, se hacen los efectos visuales, la música.

Luego va la parte de la promoción, de promocionar la película en diferentes festivales, viajar por el mundo mostrando la película y luego sigue la parte comercial, que ahí es donde considero que nosotros como colombianos tenemos que esforzarnos mucho y no solamente ya pensar en que hacemos cine, sino que tenemos que vender el cine.

Tenemos que hacer que esta industria sea una industria que no solamente realiza, sino que lleva el cine al mundo, y esa parte casi no se ve, casi no se conoce.

La parte jurídica del cine es muy importante; la parte de los derechos que genera una pieza audiovisual es tan importante. Esa parte jurídica es tan importante para que un proyecto se pueda vender muy bien en el mundo. Entonces, conocer esa etapa final que no es tan famosa, que la gente no conoce, es muy interesante.

Para mí, como productor, me ha llenado mucho porque no solamente ya hago cine por hacer, sino que hacemos cine para que lo puedan ver en cualquier lugar del mundo y ese es el reto que tenemos como industria.

S: ¿Cuál ha sido la decisión más arriesgada que ha tomado como productor?

A. H.: En nuestra última película teníamos una escena en la que se lanzaban dos stunts desde una altura de un edificio de aproximadamente ocho pisos, y estos personajes se lanzaban sin cuerdas. No podían caer sobre un colchón; fue una ejecución sobre más o menos 1.000 cajas armadas, porque esa es la manera de lograr una caída así.

Creo que esa ha sido la decisión más difícil de tomar, decidir cómo hacemos esto, porque es tener en las manos lo que puede ser la vida de alguien.

Para mí fue un reto muy duro y muy difícil aceptar esa escena, porque hoy en día se puede rodar, se puede falsear, pero los stunts colombianos querían hacerla, el equipo quería hacerla, los productores y los coproductores de Hollywood querían rodarla y querían lograr esa realidad que hoy en día casi no se logra porque todo es con efectos visuales.

Para mí fue el gran reto porque al final yo le decía a todos: “Si algo pasa grave, ninguno de ustedes va a ir a la cárcel, el que pueda ir a la cárcel soy yo”. Entonces, esa ha sido una de las decisiones más difíciles que he tomado en mi trabajo.

S: ¿Qué opina de Consuelo Luzardo y Salvo Basile, los homenajeados del Festival FICCI 2026?

A. G.: Si los colombianos nos diéramos la oportunidad de ver lo valiosas que son esas personas y cómo han dedicado su vida a un arte que la gente considera muy estético y pasajero, pero que realmente es tan importante, el trabajo de un actor es el reflejo de una sociedad.

Consuelo Luzardo ha sido una actriz que ha interpretado grandes personajes en la historia del cine, la televisión y el teatro, y eso es muy valioso como sociedad: que reconozcamos el trabajo de estas personas.

Eso me encanta del festival de cine, que reconozcamos a estas personas que han dedicado su vida, toda una vida entera, a actuar, a representarnos en la pantalla y en un escenario.

El maestro Salvo fue una persona que admiramos todos los que hacemos cine, porque hizo cine en una época en la que era muy diferente.

Hoy en día es mucho más fácil hacer cine en Colombia; hacer cine en el mundo es mucho más fácil, y este maestro hizo cine hace décadas, en una época mucho más compleja, y qué bueno que el FICCI, que Margarita y todo el equipo que organizó el Festival de Cine de Cartagena, reconozcan esto.

S: ¿Cómo se siente por ser partícipe del Festival FICCI en la edición 65?

A. G.: Yo soy muy feliz, hago lo que me encanta, hago el trabajo, me levanto todos los días, salto de la cama a hacer lo que me encanta y quiero siempre plasmar eso en todo lo que hago, hacerlo de la mejor manera posible, con una actitud de aprender siempre.

Cada paso que damos nos puede enseñar, y así veo el cine: una industria que me enseña cada día más como ser humano, como familia y como ciudadano, y me encanta hacer lo que hago, amo el cine.