T. J. Klune; Bajo mi piel; Cross Books - Ed. Planeta; 528 páginas; Año 2026
Durante décadas, la literatura fantástica y la ciencia ficción trataron la diversidad sexual y de género desde las sombras: a través de metáforas de alienación o roles trágicos en los que la identidad no heterosexual conllevaba indefectiblemente un destino aciago. Históricamente, los grandes géneros literarios de lo irreal usaban al “otro” (el alienígena, el monstruo, el marginado) como un reflejo de la exclusión social. Sin embargo, en la narrativa actual liderada por autores como T. J. Klune, Becky Chambers, Ryka Aoki o Travis Baldree, se produce un viraje radical: lo queer deja de ser un problema a resolver para convertirse en puerto seguro.
Desde una perspectiva filosófica, este cambio supone abandonar la ontología del conflicto heroico –donde la identidad se valida mediante el sufrimiento y el combate contra el prejuicio– para abrazar una ontología del cuidado. En las obras de Klune, el autor no plantea la diferencia como una amenaza que exige asimilación, sino como una manifestación natural de la abundancia del ser. La otredad no produce espanto, sino comunidad.
Bajo mi piel nos sitúa en 1995 en Oregón. Nate Cartwright, un personaje devastado por el luto, el rechazo familiar tras salir del clóset y el desempleo, se refugia en la remota cabaña de sus difuntos padres. Su aislamiento se quiebra con la irrupción de Alex, un exmilitar tan hermético como peligroso, y Artie, una niña de 10 años con poderes telequinéticos desbordantes y una insaciable fascinación por el tocino. Artie es el resultado de experimentos secretos del Gobierno estadounidense en torno a vida extraterrestre y tecnología alienígena. Perseguidos por un organismo gubernamental implacable dispuesto a destruirla, los tres emprenden una huida desesperada.
En la novela, Nate padece un trauma reprimido; su psique es una estructura fracturada que encuentra reposo en la vulnerabilidad. Alex personifica el duelo moral del soldado desgarrado entre el deber estatal y la empatía instintiva. El romance queer no es un mero adorno: atraviesa la obra como un eje de redención. En una sociedad opresiva, el amor entre ambos surge como un acto de resistencia colectiva y reconciliación con la propia piel.
Klune entrelaza las conspiraciones de la Guerra Fría e investigaciones sobre ovnis con una reflexión acerca de lo extraño (unheimlich). En su narrativa se perciben ecos de Expedientes X y la nostalgia poética de Stephen King, impregnando este road trip de una calidez profundamente humanista.
La evolución de esta narrativa responde a la necesidad de sanar el trauma histórico. Sus personajes buscan construir una familia elegida (found family), donde la empatía y la aceptación incondicional son las armas más poderosas.
Nacido en Oregón, Klune es un escritor neurodivergente (con TDAH y en el espectro asexual arromántico) que escribió más de diez novelas mientras trabajaba en una aseguradora de salud. Bajo mi piel nació en 2018 como autopublicación y fue rescatada años después por grandes editoriales tras convertirse en una obra de culto entre sus lectores, sirviendo como un recordatorio poético: a veces debemos escapar del fin del mundo para aprender a habitar el propio. No dejen de leerlo.
*Magíster en Literatura y librera.