Varios de los grandes jugadores del planeta tendrán su último viaje en este Mundial atípico, que todavía se ha demorado en tomar el vuelo que una cita de este nivel necesita, pero que reunirá a los más grandes de este deporte, a sabiendas de que algunos tendrán disponible esta plataforma para decir adiós.

De inmediato, las mentes se ubican en una de las más grandes rivalidades del fútbol contemporáneo, en aquella grieta de estilos que, antes que dividir a la humanidad, hizo que fuera un duelo que se sigue disfrutando en doble ración: Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, los jugadores más influyentes y determinantes de los últimos 20 años.

Lionel Messi y Cristiano Ronaldo se han enfrentado a lo largo de toda su carrera profesional. Foto: Getty Images

Ying y yang

Por los lados de Lionel Messi, las alarmas se encendieron cuando, jugando un partido de fútbol de entrecasa —como son los juegos del Inter Miami—, se tomó la pierna izquierda al minuto 73 del duelo que disputó contra Philadelphia Union.

El cambio obligado llamó al temor y la revisión médica posterior detectó una sobrecarga muscular en la zona de los isquiotibiales, hecho que tiene en vilo a los argentinos y con razón. Con 39 años a cuestas, el ocho veces ganador del Balón de Oro y que fuese estandarte clave en la consagración de su país en la Copa del Mundo de Catar puede estar en duda para el primer juego de su selección. Nadie quiere que el sexto Mundial de Messi se opaque, pero el cuerpo hace sus propias protestas.

Messi y Cristiano se disputaron muchos Balones de Oro. Foto: Getty Images

Cristiano Ronaldo, furibundo, lleno de hambre para ganar los duelos que le pongan a hacer, sabe que este es su chance de caminar hacia una deuda personal: ganar la Copa del Mundo y, para su fortuna, la selección portuguesa parece estar entre las favoritas, al menos en teoría, por la gran capacidad ofensiva que ostenta el equipo que conduce Roberto Martínez y sus variantes ofensivas (desde Bruno Fernandes y Bernardo Silva, pasando por Trincao, Pedro Neto y Gonzalo Ramos). Y ahí está Cristiano, como el eje central de ese sistema solar lleno de planetas que trabajan en torno a la luz que él les pueda proporcionar.

Los mundiales no han sido tan generosos con CR7, que quiere alcanzar lo más pronto la suma de 1.000 goles anotados como profesional –al cierre de esta edición sumaba 973– en 2006 lo molieron a patadas los holandeses y no rindió mucho a pesar de alcanzar las semis; para 2010 fue decepción en octavos frente a España; papelón en 2014, siendo eliminado en primera fase y goleado 4-0 por Alemania; de nuevo octavos en 2018 y Uruguay como verdugo; 2022 terminó mal tras un comienzo auspicioso por cuenta de los sorpresivos marroquíes, que los liquidaron en cuartos de final.

Ese es el reto que le falta a una trayectoria brillante, plagada de sacrificio y esfuerzo. Si gana este torneo, el cinco veces ganador del Balón de Oro solamente tendrá un pendiente, que incluso parece mucho más complejo: que la señal de internet de su casa alcance el vestidor de Georgina Rodríguez, su actual pareja, quien se quejó de este problema en el famoso reality que protagoniza.

¿Y por casa cómo andamos?

La Selección Colombia, de acuerdo con las estadísticas, hace parte de los seleccionados más veteranos en esta Copa del Mundo, si es que se hace el promedio de edad. Muy cerca de los 30 años, la promesa del técnico Néstor Lorenzo no fue incumplida: desde que asumió el cargo como adiestrador del equipo de todos, el 2 de junio de 2022, comentó en sus primeras impresiones a la prensa que parte del éxito de su proceso estaría soportado en andamios de su confianza y que conocía muy bien desde que fue asistente técnico de José Pékerman en Colombia.

Por eso, de inicio, defendió la presencia de esa guardia pretoriana de antaño, vieja pero confiable. James Rodríguez –probablemente la estrella más brillante en el firmamento nacional hasta la aparición del magistral Lucho Díaz–, Yerry Mina –el zaguero de bailes cadenciosos, algunos errores imposibles de disimular, pero de gran corazón goleador como en Rusia–, Santiago Arias –un lateral magnífico que siempre se destacó– y demás integrantes de aquellos tiempos gloriosos.

James Rodríguez. Foto: Jordan Bank-GETTY IMAGES vÍa AFP

David Ospina, otro de los que se transformó en un rastro de ADN nacional en aquellos periodos exitosos y jugador con mayor cantidad de presentaciones vistiendo la tricolor (130 partidos) es uno de los que ya empezó a sentir que, como decían algunos predicadores callejeros, el fin está cerca. La hinchada verde lo despidió como el ídolo que es y Ospina sabe que esta convocatoria es un homenaje a su brillante carrera.

El titular, Camilo Vargas, gran prócer del Atlas de Guadalajara, por fin pudo adueñarse del lugar que ocupó muchos años el inamovible rey David y, aunque esa lucha silenciosa que siempre da el arquero suplente tuvo un final feliz, cierra seguramente su camino con Colombia, al menos si la proyección apunta a la posibilidad del torneo a disputarse en 2030. Las alarmas, en esta posición, no se encienden, ya que Álvaro Montero (31 años) es el indicado, por ahora, para pelear ese lugar en el futuro más próximo.

Dos laterales izquierdos, una constante preocupación en Colombia, parecen ser muy veteranos como para imaginarlos en el Mundial que viene: Déiver Machado y Johan Mojica, a quienes les tocó vivir una temporada de infierno en Europa tras los descensos de sus clubes. Además de ser cuestionados permanentemente, serían ya muy veteranos para competir en un lugar que requiere mucha dinámica, con 36 y 37 años a cuestas, caso similar al de Santiago Arias (34).

Y si ese sector llama a la preocupación, ni hablar del lugar en el que se cocinan las ideas: James Rodríguez, un general de tres soles en la historia del fútbol nacional, carga con 34 abriles y una inactividad reciente cuando vistió la camiseta del Minnesota, en el que jugó –si se puede decir eso– 164 minutos durante el primer semestre del año. Para 2030, James tendrá 38 años y Juan Fer Quintero, 37, un tipo que guarda una historia de amor en el torneo, porque se destacó en 2014 entrando desde el banco para hacerle un golazo a Costa de Marfil y luego, ante las lesiones de James Rodríguez, encumbró la vara creativa en Rusia 2018.

Con Quintero y Rodríguez próximos a los 40, no se avizora, al menos en este instante, un reemplazo de ambos jugadores. El que podría tomar la posta debe mejorar si quiere ser tenido en cuenta: Yaser Asprilla.

Dieta blanda

El telón de la copa, que se abrirá el 11 de junio, será la oportunidad de hacer la última función de sus vidas. Uno de los elegidos para cargar el cubilete es Luka Modric, de incombustible tarea con la selección de Croacia. Bajo su mano, Modric llevó a su nación a disputar la final de 2018 (derrota 4-2 contra Francia) y el tercer puesto ante Marruecos en 2022. Con 190 apariciones como internacional y cuatro mundiales bajo el brazo, el volante y crack que rompió en el Balón de Oro el duopolio Messi-Cristiano al ganar ese galardón en 2018 recibió un gran voto de confianza con el Milan que, sin importar sus 40 años, le dio la oportunidad de seguir desplegando su magia.

A su lado también dejaremos de ver, al menos en la órbita mundialista, a un todoterreno con el que Modric compartió varias jornadas gloriosas en el no tan victorioso Tottenham Hotspur: Iván Perisic: el lateral-carrilero-volante de 37 años verá por última vez la salida de la FIFA en un torneo de esta magnitud.

Los casos continúan: Edin Dzeko, una de las más gigantescas figuras que dio alguna vez el fútbol de Bosnia-Herzegovina se quedó para culminar su propio círculo de vida: 12 años después del debut de su nación en Brasil 2014 –Bosnia quedó eliminada en primera fase– fue convocado a los 40 años para poder despedirse de una escena internacional que lo llevó a ser considerado uno de los grandes cabeceadores del fútbol europeo.

O Manuel Neuer (40), retirado hasta hace poco por una extraña recurrencia en las lesiones, que debió volver de su estado de reposo para ayudarles a los alemanes a contar con garantías en la portería. Julian Nagelsmann le pidió regresar y el portero accedió, frustrando el único deseo que en su vida albergó el pobre Oliver Baumann (37), arquero del Hoffenheim, y a quien el director técnico teutón le prometió que sería el guardián del arco en el Mundial. La traición como norma, sin duda.

Enner Valencia, con 36, dejará de hacer goles para Ecuador, o es lo más probable. Hernán Galíndez, con 39, dejará de evitarlos en la portería ecuatoriana; el afro de Axel Witsel (37) será una postal del pasado para 2030, así como la facha de Mi pobre angelito que cargó el genial Kevin De Bruyne (34) en la generación belga que soñó con ser campeona de un Mundial sin poderlo conseguir; la dupla Fermín Balbuena (34) y Gustavo Gómez (33) probablemente se despida de la selección paraguaya, así como el binomio Virgil Van Dijk (34) y Stefan De Vrij (34) en Holanda. A ¿Mohamed Salah (34) le durará la cuerda para remontar su propia historia de drama en los mundiales con los egipcios cuando alcance los 38?; y el guerrero iraní, Mehdi Taremi (33), que en algún instante dijo que se iría a pelear con el ejército de su país si era necesario en pleno conflicto con Estados Unidos, ¿seguirá sometiendo porterías ajenas dentro de cuatro años?

Hay tres casos de certeza: Marko Arnautovic (38) atacante austriaco, entiende que es la moneda salvadora en la ofensiva de su país y que estiró el chicle de su propia trayectoria para conseguir algo de decoro en las presentaciones de su selección ante Argentina, Jordania y Argelia. Yuto Nagatomo (39) no paró de llorar cuando su nombre fue anunciado en la lista de convocados para el equipo nacional de Japón. El lateral, con pasado en el Inter de Milán y Galatasaray, entre tantos otros, sumará desde lo profundo, es decir, desde lo anímico, con el silencio y sapiencia de los hombres milenarios, tan respetados en su país.

Y Craig Gordon, el mejor de todos, con 43 años, es leyenda del fútbol escocés porque ganó títulos de toda laya con el Celtic. En su retiro, con el Hearts, hará parte de la delegación escocesa que lo quiere premiar por todo lo que le dio al balompié de su país. Nadie sabe si en algún momento ataje un par de minutos, pero él estará presente, más allá que el objetivo de Escocia sea otro: pasar por primera vez el listón de la primera ronda de los mundiales en su historia.