Juan Pablo Meneses, escritor chileno y un estudioso de los fenómenos sociales que abarcan el fútbol por dentro y en sus periferias, dio una entrevista al medio el Abismo en la que expuso la verdad de lo que hoy es un deporte que, parafraseando a Franz Kafka, se despertó una mañana y al mirarse al espejo se dio cuenta de que no era lo que vio reflejado la noche anterior:
“… (2026) será el Mundial de la consolidación del posfútbol. Entradas imposibles para el hincha común, geografía fragmentada solo para ampliar el abanico del negocio, horarios regulados a dedo, experiencia pensada ciento por ciento en lo digital. Incluso en la mitad de los primeros tiempos habrá una pausa para darles más presencia a los patrocinadores. Es el triunfo inevitable del capital”.
En ese contexto muy bien plasmado por el autor de libros como Niños futbolistas y posfútbol: el deporte que explica un mundo nuevo se va a jugar un Mundial. Y, entre toda esta vorágine que traen las noticias como los problemas para que la selección de Irán logre sus visados o la amenaza de que la delegación de Congo no puede gambetear el ébola, hay transformaciones reglamentarias. Este es el compendio oficial de las novedades que vendrán amarradas al combo mundialista 2026 en cuanto a fútbol y sus alrededores se refiere. Claro, acá no incluimos que ahora participan 16 países más que en Catar o que el show de la clausura de la copa, programada para el 19 de julio, se dé en el entretiempo de la gran final, al mejor estilo del Superbowl o de la pasada Copa América, en la que esa franja ocupó 30 minutos de la agenda.
La ley de los diez segundos
Tiene que ver con la posibilidad que la Fifa ha encontrado para que el tiempo efectivo en los juegos sea mucho más abundante. Ante la apertura de las ventanas y el número de modificaciones en el fútbol (que aumentó desde tiempos del covid-19 a cinco), se dieron cuenta de que ese considerable incremento generaría pérdida de tiempo. En Catar 2022 empezaron a corregirlo, ordenando a los árbitros que anexen el tiempo necesario y por eso vimos partidos que tuvieron 10 o 12 minutos de adición.
En consecuencia, cada vez que haya una salida de un futbolista por otro, el que esté yéndose tendrá que recorrer la cancha hasta irse en un tiempo de máximo diez segundos. De lo contrario, el infractor tendrá que estar un minuto sin un jugador en campo porque no será autorizado su ingreso.
Saque largo
El título no remite a las polémicas airadas de un panel periodístico, ni más faltaba. Lo que pasa es que hay dos lugares en los que se producen ciertas “fugas de tiempo” en un choque futbolístico, de acuerdo con lo que han investigado estos paneles de expertos que están reunidos en la International Football Association Board (Ifab), que, básicamente, son los que se encargan de ajustar el reglamento con el que se puede jugar.
En su sapiencia suma, los encargados de la Ifab, en conjunto con los muchachos de la Fifa, han decidido que si hay un saque de banda tendrá que evitarse lo que muchas veces pasó cuando el fútbol era fútbol: la pelota pasaba de una mano hacia otra mano o un encargado de esa labor se arrepentía súbitamente para darle la responsabilidad a un compañero, estratagemas utilizadas para hacer que el tiempo transcurra sin reanudación con el fin de enfriar un partido complejo.
Para evitar ese carrusel, el árbitro tendrá la potestad de sancionar la demora con un castigo simple y efectivo. El lanzamiento de banda que correspondía a un equipo pasará a ser un saque de banda a favor del equipo rival.
Esta normativa –que ya ha tenido banco de pruebas– también rige para los arqueros que demoren el saque de meta desde el piso. De infringir la norma de los cinco segundos como máximo plazo para llevar a cabo la acción, el arquero ya no podrá hacer su saque y será castigado con un tiro de esquina en contra de su selección.
Tomémonos el de pirnos
La aparición del cooling break no es nueva. Uno de los grandes impulsores en su momento de una necesaria detención de las acciones de juego para que los profesionales se tomen un respiro vino de la mano de una declaración del entonces entrenador italiano Césare Prandelli en 2013, tiempos en los que la selección de su país andaba en la disputa de la Copa de las Confederaciones en Brasil. El calor selvático del país llevó a que el pobre Prandelli sudara como un beduino en medio del desierto. Sin sofoco y molesto tras un partido en el que sus muchachos quedaron derretidos por la temperatura, sugirió algo molesto que, para proteger la integridad del futbolista en condiciones climáticas adversas, se debería parar y dejar dos o tres minutos para tomar algo.
La Fifa le tomó la palabra a Prandelli y ya la detención obligada para refrescarse es un mandato claro. Pasa en cualquier contexto, no importa si se trata de un duelo fratricida en medio del calor de Dacca o El Cairo o si, por el contrario, las nevadas en Helsinki y Siberia imaginen este stop como una verdadera ridiculez. Ya está aprobado y se lleva a cabo, lo que ha generado grandes momentos televisivos al oír las indicaciones de los entrenadores a sus dirigidos en esa pausa activa.
La gran controversia es que, aunque parece vital con el clima de mitad de año en la región donde se llevará a cabo la Copa del Mundo, se aprovechará ese espacio de relax para meter publicidad durante el tiempo que se estima dure la para.
El minuto de Dios
De darse la lesión de un futbolista en la cancha, desprovista de gravedad, que deba ser atendida en el césped, habrá castigo. Como el golpe, que dirían los peritos en tráfico y tránsito, no pasa de ser un “choque simple”, el juez de la contienda podrá, sin problemas, decirle al futbolista que tendrá que quedarse durante un minuto fuera del campo de juego. Simple.
Solo habría una excepción a ese nuevo mandato y es que aquella infracción que provocó la entrada de los médicos a la cancha haya derivado en una tarjeta amarilla o roja para el infractor.
Se acabó la montonera
Una escena hermosa del fútbol fue siempre ver cómo un árbitro emergía desde los confines de la tierra y se imponía frente a un cardumen de players que lo rodearon por cuenta de una decisión polémica (o no) que era protestada airadamente. El desfile de cartones pálidos y colorados era el colofón a una de las más coloridas pinturas que el óleo futbolístico hizo resistir hasta hoy.
Para que no se den estos desencuentros múltiples y en desigualdad de fuerzas, cualquier reclamo que un equipo quiera hacer o algún diálogo que se necesite establecer con el hombre de negro, tendrá que ser tramitado por el capitán de cada escuadra. El resto de integrantes se quedará alejado de la situación.
Secretos en reunión…
Los diálogos entre futbolistas siempre generaron curiosidad y en algunos programas incluso se recurrió a expertos en lecturas de labios para conocer qué palabras se decían entre sí los adversarios que se enfrentaron en un campo de juego. Para contrarrestar la curiosidad, a finales de los noventa se volvió común que, con el fin de evitar que sus palabras fueran reveladas por las cámaras de televisión, se ponían la mano sobre la boca para poder charlar a gusto o insultar.
Las acusaciones de Vinicius, delantero brasileño del Real Madrid, sobre Gianluca Prestianni en el juego Benfica-Real Madrid de la más reciente Champions League alertaron a todos. El atacante brasileño declaró que su colega le espetó insultos racistas de toda índole, mientras usaba su mano como visera bucal para no ser detectado. Los alegatos dieron lugar a la controversia y Prestianni terminó siendo sancionado con seis fechas de suspensión. La Fifa dijo: la mejor manera de acabar esa mañita es sancionando al jugador con una roja durante el Mundial.
El VAR y sus revisiones
Desde que comience la copa, el 11 de junio, el sistema de videoarbitraje tendrá mucho más tiempo la pelota en su poder. Se sabe que esta herramienta, vista con ojos de profeta por Roberto Fontanarrosa en un cuento llamado Fútbol y ciencia, escrito en 1990, tiene como función estar pendiente de: 1) asistir al árbitro únicamente en caso de que se produzca un “error claro, obvio y manifiesto” o un “incidente grave inadvertido” en relación con un gol/no gol. 2) en una jugada que amerite o no la sanción de una pena máxima. 3) actuar para sancionar una tarjeta roja directa. 4) estar pendiente de corregir si es que el juez expulsa a un futbolista que no cometió ninguna incorrección, por cuenta de haber confundido su identidad.
En el caso de Gregorio Samsa en La Metamorfosis, su fisonomía de insecto se hizo eterna; en el fútbol, el posfútbol es la mejor denominación de una disciplina que no deja de mutar.