Del Luis Díaz que tuvo su primer acercamiento a la Selección Colombia, en marzo de 2016 y en calidad de sparring, queda la humildad, el amor por las raíces, la alegría, su entorno social, el deseo diario de superarse y poco más. Justo antes de conocer a José Pékerman y compañía, llevaba un año viviendo donde un tío en un sector inseguro de Barranquilla, a más de 300 kilómetros de su natal Barrancas, en La Guajira. Eran días de extrañar la tierra, los ‘picados’ a pie limpio en la cancha de arena frente a la casa de sus abuelos paternos, o el cordero asado que hacía su mamá.
Eran también épocas de austeridad, de ir como podía a los entrenamientos con las menores del Barranquilla FC, en bus o porque su tío lo llevaba en moto. De hecho, a veces pasaba hambre y se notaba en los 58 kilogramos de peso, insuficientes para alguien de su altura cercana a los 1,80 centímetros. “El dinero no daba”, dijo él mismo hace poco en entrevista con el portal del Bayern Múnich. “A veces ni siquiera había suficiente para comer”.
En ese momento, tenía 19 años y apenas algunos meses desde que lo habían convertido de volante 10 a extremo por izquierda en las menores del Barranquilla FC, donde le vieron mayor potencial en la banda por sus enganches y velocidad. Pero nada que debutaba como profesional. Su mayor logro había sido brillar en la Copa Americana de Pueblos Indígenas de 2015, donde lideró al equipo impulsado por Carlos ‘Pibe’ Valderrama.
Todo empezó a cambiar en marzo de 2016 desde que fue elegido como uno de los sparrings de la selección. El cuerpo técnico de entonces necesitaba preparar el equipo para los partidos de eliminatoria de Rusia 2018, y armó un grupo de juveniles del Barranquilla FC, incluido Lucho, para recrear situaciones de juego durante los entrenamientos en el mismísimo estadio Metropolitano, casa del Junior y de la Selección Colombia en eliminatorias.
Siete años atrás, cuando tenía 11, Lucho había jugado allí el torneo Asefal para el equipo El Cerrejón, dirigido por Arnoldo Iguarán, exgoleador de la selección. Y en una jornada, la del 6 de enero de 2009, marcó un tanto eludiendo a cinco rivales, tan espectacular que fue destacado al día siguiente en El Heraldo. “Luchito anotó tremendo golazo”, tituló el periodista Rafael Castillo. Siete años después, Díaz volvía al mismo campo, pero para compartirlo junto a jugadores como James Rodríguez, Juan Guillermo Cuadrado o Abel Aguilar. Aunque sus nervios por tenerlos enfrente no le impidieron encararlos también con descaro.
“En esos entrenamientos él era de los que marcaba diferencia. Ya era un jugador distinto. Nos causaba siempre complicaciones incluso siendo sparring”, dijo Abel Aguilar, excapitán de la selección. “Siempre decíamos: ‘Ojo con este muchacho’. Tenía mucho desparpajo. Era un chico sin miedo, sin temor. Le salía todo natural. No se sentía forzado. Cogía el balón, avanzaba en punticas de pies y corría muy rápido. En ese entonces ya se notaba que tenía cosas diferentes”.
La competitividad de Díaz fue tan grande desde siempre que llegó a ganarse regaños porque ni siquiera en esas prácticas quería dar una por perdida. “Tocaba decirle que le bajara un poquito. Es que era un jugador distinto y quería mostrarse. Entonces siempre nos causaba problemas en los trabajos que organizaba el cuerpo técnico. Por eso hablábamos entre nosotros: ‘Viene este muchacho. Toca decirle que tranquilo, porque mañana hay partido’”.
“Le decíamos de buena manera: ‘Hey, tranquilo, está bien, pero acá no es para que te vengás a mostrar sino para que nos ayudés’. Lo último que queríamos era una lesión. Pero aun así era un placer verlo jugar. Ya se le veía un enorme potencial”, añadió Abel, quien disputó dos mundiales con la selección de mayores, Brasil 2014 y Rusia 2018.
Lo que siguió al primer llamado de Lucho como sparring es historia. Semanas después debutó como profesional con el Barranquilla FC en segunda división. Al año, ya había disputado un Sudamericano Sub 20 con Colombia y había hecho méritos para ser contratado por Junior, con el que terminaría debutando en 2017 y llenando su palmarés de títulos.
La escasez se fue yendo de su vida, así su flacura sugiriera lo contrario. “Estaba muy delgado. No tenía nada de músculo”, dijo el propio Díaz sobre su época en Junior. Los resultados acompañaron el esfuerzo por crecer. Y, en 2018 tras el Mundial, llegó su primera convocatoria gracias al llamado del técnico encargado, Arturo Reyes, para una serie de partidos amistosos.
Desde entonces se volvió indiscutible en las siguientes convocatorias, gracias a un crecimiento desenfrenado como futbolista que ha quedado en evidencia en Porto, Liverpool y ahora en Múnich, y con la selección en amistosos, tres Copas América y dos eliminatorias. Las distinciones por el camino abruman: desde goleador de la Copa América de 2021 junto a Lionel Messi hasta nominación al Balón de Oro en 2022. Además, sus siete goles en las más recientes eliminatorias tienen a Colombia en un Mundial por primera vez en ocho años.
Ese Luis Díaz que era sparring del equipo se ha desvanecido para darle espacio a uno que intimida con su presencia, mucho más fuerte y musculoso. Ahora incluso supera los 70 kilogramos y cuenta con mayor capacidad para rendir tanto en defensa como en ataque. Y sin ser delantero se ha vuelto una amenaza constante para los arcos rivales. Sus números de esta temporada con Bayern Múnich –26 goles y 23 asistencias en 51 partidos–, lo corroboran.
“Llega con enorme carga de juegos disputados en Europa y algunos con selección, pero confío en que va a llegar al Mundial en la curva alta de rendimiento”, explicó el experimentado comentarista y periodista Hernán Peláez. “En él está depositada la cuota de gol de la selección. Si rinde, como espero que así sea, será nuestro líder en juego”.
Su temporada ha sido tan notable, con tres títulos locales y semifinales de Champions con el Bayern, que Díaz es uno de los jugadores que mayor expectativa despierta en la próxima Copa del Mundo. “Actualmente es uno de los extremos más importantes. Para mí, entraría en el Top 10 de máximas figuras para ver en todo el Mundial. Incluso en el Top 5”, dijo Abel Aguilar. “Está en el máximo nivel, y lo ha estado durante mucho tiempo. Eso lo hacen jugadores con capacidad”.
Eso no quiere decir que el excapitán de la selección piense que Colombia debe jugar alrededor de Luis Díaz. “Él tiene que ser un complemento”, añadió el exfutbolista, ahora de 41 años. “Es un jugador importante, pero el equipo tiene que engranarse a nivel colectivo, sobre todo en un Mundial. Colombia puede llegar a ser más relevante por su capacidad, pero no podemos depender de él. Si el tema colectivo está bien, él va a marcar diferencia”.
Lo cierto es que hoy, con 29 años, Lucho es el jugador más cotizado de la selección (vale 70 millones de euros) y su figura de mayor peso, incluso por encima de los ídolos que creía insuperables cuando era sparring y con los que sigue coincidiendo. En esa ocasión, publicó una foto en su Instagram con James y este caption: “Con el mejor”. Diez años después, es él quien goza de ese estatus en Colombia.