Hace un año ya se había advertido en la presentación del presupuesto de 2026 y al hacer un ejercicio frente al año 2022, en el que participó como académico el hoy vicepresidente, lo que el ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, confirma en su análisis del proyecto de presupuesto 2027. El mantra del Gobierno Petro año tras año fue gastar, gastar
y gastar. Ese gasto se basaba en ingresos supraoptimistas, con cuestionable rigor y fundado en argumentos que se soportaban en expectativas irreales. Por eso el nuevo Gobierno apoyó la iniciativa del Legislativo de que fuera devuelto al ministro para modificarlo.
Producto del mantra del gasto, las finanzas públicas han presentado un permanente deterioro que se observa en el déficit público abultado y el insostenible ritmo de crecimiento de la deuda. El ministro Gómez ubica ese déficit en 7,8 por ciento del producto interno bruto. Más alto que en la pandemia del covid.
En particular, las fuentes para endeudarse y poder gastar, gastar y gastar han generado varios indeseados y peligrosos malestares para la estabilidad económica y financiera. Una muy fuerte apreciación del peso colombiano, el aumento en las tasas de interés de la economía, así como un mayor deterioro en la estabilidad de precios de la economía, como se refleja en la inflación.
Además, como lo señalaron al Congreso tanto el Ministerio de Hacienda y Crédito Público como el Banco de la República, el endeudamiento no se ha destinado para invertir, sacrificando así nuevas capacidades de crecer y generar ingresos para el repago de la deuda, sino para el funcionamiento del Estado y, en particular, para un desbordado crecimiento de la burocracia.
Pero ese, siendo ya muy negativo, es solo uno de los aspectos que enredan el manejo macroeconómico del nuevo Gobierno. Pagar la deuda depende de la capacidad de generar crecimiento económico, y ese crecimiento es determinante para que el país pueda tener acceso a nueva, y ojalá en mejores condiciones, financiación.
Otro aspecto muy delicado, sobre el cual hay muy poco margen de maniobra, es el elevado monto que debe pagarse en intereses de la deuda. El Gobierno Petro no solo se endeudó más, sino que lo hizo más caro. En particular, los 118 billones para pagar servicio de deuda en 2027 reflejan la forma en que el Gobierno decidió endeudarse para hacer posible su lema de gastar, gastar y gastar.
Luego, la agenda del nuevo Gobierno para recomponer el rumbo es clara, pero nada exenta de complicaciones como los probables efectos del fenómeno de El Niño, la situación del sector energético o la crisis de la salud.
Esta semana, a esas complicaciones hay que sumar los múltiples efectos del terremoto y la urgencia frente a los problemas sociales, humanos y económicos que deja en una amplia zona del territorio nacional. Su efecto extendido lo hace más costoso y complejo de atender o articular todo el esfuerzo institucional.
En esa línea, la coordinación macroeconómica con el Banco de la República es fundamental. Lograr estabilizar y luego bajar la inflación, reducir el hueco fiscal, disminuir el déficit sin golpear el crecimiento o sin sacrificar la ya maltrecha inversión y lograr dinamizar el sector privado parecen ir de la mano con evitar más cargas tributarias. El Gobierno tenía previsto incluso reducir esas cargas, pero el terremoto hizo que eso no fuera tan inmediatamente viable, lo que hace que, siendo necesario, deba esperar.
A todo lo anterior se suma el creciente hueco en la balanza comercial de bienes y la necesidad de evitar más efectos negativos de la tasa de cambio en el sector productivo. Por lo mismo, el manejo de liquidez a la economía y la forma en que dicha liquidez se dé vía compra de dólares resulta ser un aspecto clave en la coordinación macroeconómica con el Banco de la República. Del mismo modo, una mayor acumulación de reservas internacionales resulta muy pertinente para el manejo prudencial de cara a la estabilidad financiera y dado que existen riesgos de choques externos que se podrían amplificar con la delicada situación interna.
Por todo lo señalado, resulta acertado que el Congreso de la República regrese al Gobierno el proyecto de presupuesto para el año 2027 y se pueda modificar en el sentido que el propio ministro Miguel Gómez ha señalado sobre su composición y sobre su tamaño.
El ministro ya ha anunciado un recorte de lo que se estima es una sobredimensión de la burocracia y una sobrecarga en el peso del rubro de funcionamiento, tanto en términos absolutos como relativos. Sobre todo cuando se compara su crecimiento frente al resto de rubros como el de la inversión. Al mismo tiempo, al ministro no le cuadran los números, por eso señala el proyecto que se retira. Y no le cuadran porque, siendo el mayor presupuesto de la historia y estando desfinanciado, le faltan recursos en sectores que el anterior Gobierno buscó estrangular, pero que forman parte de las necesidades elementales y básicas de los colombianos.