La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó con alta confianza la formación de un “súper” El Niño, el más intenso en al menos una década, con anomalías de temperatura oceánica que podrían superar los 2 °C por encima del promedio histórico. Aunque la entidad se limita al análisis climático, en Colombia distintos actores advierten efectos económicos asociados a este escenario.

El país depende en cerca de un 70% de la generación hidroeléctrica, lo que lo hace vulnerable a periodos de sequía prolongada. Durante el fenómeno de El Niño de 2024, la disminución en los niveles de los embalses obligó a intensificar la generación termoeléctrica, que llegó a cubrir cerca de la mitad de la demanda nacional. En ese periodo, el precio de la energía en bolsa aumentó más de un 200%.

Actualmente, las condiciones presentan mayores presiones. En 2024, las importaciones de gas natural crecieron un 166%, mientras la producción nacional cayó un 9%. Además, el gas importado se ubica entre 15 y 16 dólares por millón de BTU, frente a los 6 dólares del gas nacional. Este incremento ya se refleja en tarifas: en Bogotá subieron un 36% en 2025 y en Medellín un 22%.

De acuerdo con Naturgas, si no se incorporan nuevos campos, Colombia podría depender en un 56% de gas importado en 2029. En este contexto, se prevén embalses bajos, mayor uso de termoeléctricas y presiones sobre los precios de la energía, con efectos en sectores como alimentos, transporte, manufactura y servicios.

“Las empresas colombianas no pueden darse el lujo de llegar a otro fenómeno de El Niño sin información, sin contratos de largo plazo y sin una estrategia clara de gestión energética. La señal está sobre la mesa. La pregunta es: ¿quién actúa antes de que los embalses bajen? La energía es el insumo de todos los insumos. Gestionarla sin datos es como dirigir una empresa sin estados financieros”, señaló Sebastián Ruales, CEO de Bia Energy.