Aunque pueda parecer un problema exclusivo de la capital, la gestión de los residuos que se producen en Bogotá tiene implicaciones para todo el país. Durante el primer trimestre de 2026, el relleno sanitario Doña Juana recibió 608.100 toneladas de residuos, equivalentes a 6.769 toneladas diarias.
El volumen aumentó cerca de un 5% frente al mismo periodo de 2025, según cifras de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP).
La razón por la que este asunto trasciende el ámbito local está relacionada con la generación de metano, un gas cuyo potencial de calentamiento global es aproximadamente 80 veces superior al del dióxido de carbono (CO₂) durante sus primeros 20 años en la atmósfera. Por lo tanto, estas emisiones representarían un impacto comparable al de mantener en circulación 623.000 automóviles de combustión.
Además, una investigación de Greenpeace, basada en modelos epidemiológicos internacionales y mediciones de la UAESP, señala que, entre 1988 y 2023, la descomposición anaeróbica de los 63,3 millones de toneladas de residuos enterrados en Doña Juana habría generado emisiones de metano responsables de al menos 1.074 muertes prematuras a escala global.
Recientemente, durante la Climate Week Medellín 2026, se volvió a llamar la atención sobre la magnitud de esta crisis en todo el país. Según las cifras presentadas por Asocapitales en un evento organizado por la Cámara Colombiana del Cemento (Procemco), el 63% de las capitales colombianas cuenta con rellenos sanitarios cuya vida útil es inferior a tres años.
Este panorama plantea que las acciones actuales en la gestión de residuos no son suficientes para responder a la magnitud del problema y reabre el debate sobre la necesidad de acelerar alternativas como el coprocesamiento.
Manuel Lascarro, director general de Procemco, destaca que la propuesta consiste en separar residuos que tienen algún valor energético o químico que pueden ser acondicionados en el proceso de producción de cemento como sustitutos de combustibles fósiles o como materiales cementicios suplementarios, evitando enterrarlos en rellenos sanitarios.
En la actualidad, la industria cementera nacional coprocesa cerca de 140.000 toneladas de residuos al año, lo que ha permitido que la sustitución de combustibles fósiles pase del 7,5% en 2020 a casi un 13% en 2024. “Lo que la industria ya coprocesa equivale a casi dos meses de no disponer nada en Doña Juana o seis meses de lo que Medellín lleva a La Pradera”, señala el directivo.
Sin embargo, esta capacidad aún resulta muy baja frente a referentes europeos como Austria o Alemania, naciones que logran sustituir más del 85% de sus combustibles fósiles en cementeras procesando los residuos que sus ciudadanos no pueden reciclar.
En el encuentro que tuvo un carácter académico, hubo coincidencia en una conclusión clave: Colombia no necesita elegir entre reciclar y coprocesar. El país requiere una jerarquía de soluciones que reduzca los residuos en la fuente, recupere los materiales aprovechables y garantice alternativas técnicas y seguras para lo que hoy termina enterrado.