La vida empresarial de César Ramos, gerente y fundador de Roott+Co, no ha sido como la de muchos de sus colegas que primero estudiaron una carrera y luego decidieron emprender, ni como aquellos que empíricamente han construido grandes negocios. Su historia es distinta porque si bien desde los 8 años está dedicado a comprar y a vender cosas, a los 23 ya tenía una empresa, estaba casado y empezó a estudiar administración de empresas, para posteriormente hacer una maestría en una universidad española. Todo esto mientras lograba que su compañía pasara de vender ropa importada en el San Andresito de Ibagué a ser una de las mayores confeccionistas del país.

Su motivación inicial para volverse empresario fue el divorcio de sus padres, lo que generó la necesidad de conseguir más recursos para la familia. Compraba y vendía cosas mientras era estudiante de colegio, pero al llegar al grado 11 decidió que ya era hora de montar un negocio serio. Así que consiguió un local en San Andresito y empezó a vender ropa de marcas internacionales reconocidas.

Los cambios en el precio del dólar empezaron a dificultar la compra de prendas en el exterior y fue en ese momento en el que Ramos vio una oportunidad de fabricar en su ciudad natal, aprovechando que Ibagué tiene una fuerte vocación textil, con más de 980 empresas que se dedican a la confección. “Ellos estaban muy concentrados en producir prendas básicas y nuestra idea era ponerles diseño y moda, así que les propusimos aliarnos para poder mejorar las ganancias de ambos”, explica y recuerda que él fue quien primero se encargó de los diseños, pues había aprendido bastante del tema durante el tiempo que trabajó con ropa importada, pero hoy ya tiene un equipo de 12 personas que se encarga de desarrollar las colecciones y de mantener el ADN de la marca.

Primeras tiendas

Roott+Co es una empresa tolimense de confección y de moda | Foto: Roott+Co

Del local en San Andresito, Roott+Co pasó a tener sus primeras tiendas en centros comerciales, luego se expandió al Eje Cafetero y el siguiente paso fue Bogotá. Hoy están en 36 ciudades del país con 80 locales propios y 180 distribuidores. “Al ser una marca regional no fue fácil llegar a un mercado como Bogotá, que es una plaza difícil, pero lo logramos. Esto incluso nos dio confianza para abrir en Venezuela, Panamá, Costa Rica y Ecuador, pero en esos países la falta de experiencia nos la cobró caro. Nos faltó conocer la legislación local”, dice Ramos, quien es un convencido de que la mejor formación que ha tenido como empresario ha consistido justamente en lidiar con los problemas y solucionarlos, así como aprender de los errores, mientras pone en práctica todo lo que aprendió en la academia.

Actualmente Roott+Co tiene 500 empleados directos y 600 indirectos, una planta de confección propia y una red de 60 maquiladores. Como muchas empresas de confección, vivió un duro 2020, con una caída en ventas de 5,7 % y un total de 66.370 millones de pesos, pero al igual que sus colegas en 2021 ha sentido con fuerza la reactivación y registra crecimientos del 25 % frente a 2019, es decir, que ya está en niveles prepandemia.

Ajuste de precios

Con respecto al panorama actual de la industria de la confección, que enfrenta desabastecimiento de insumos por la crisis global de contenedores, Ramos explica que les ha tocado subir algunos precios, aunque en menor proporción de lo que les han subido a ellos las materias primas. Destaca las jornadas como el día sin IVA, en donde venden 10 veces lo de un día normal, así como los auxilios a la nómina, que les han servido para mantener y seguir pagando a sus empleados.

Aunque desde hace cinco años tienen una tienda ‘online’, esta se disparó con la pandemia y también les ha permitido llegar a zonas del país en donde no tienen presencia física. Como muchos otros confeccionistas han sufrido con la piratería (copian sus diseños y hasta su marca) y el contrabando, pero Ramos dice que los consumidores son cada vez más exigentes en cuanto a calidad y valoran más la ropa fabricada en el país.

Para 2022, esta empresa tiene la meta de abrir una tienda por mes, tal como lo logró hacer este año, al tiempo que se mueve hacia tecnologías de producción más limpia. Igualmente, planean continuar con sus programas de apoyo a ancianatos en Ibagué y a universitarios que tuvieron que frenar el estudio por la crisis.

La posibilidad de volver al exterior también está entre el tintero, ratificando así que la vida empresarial del cerebro de Roott+Co no es igual a las demás.