Al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se le suele percibir como un narcisista que reacciona con furia cuando su personalidad de “soy el mejor” se siente herida.
Al presidente de Colombia, Gustavo Petro, hasta lo han tildado de loco, o de que “se la fumó verde”, entre otros señalamientos que emanan de las percepciones, también, en parte, por la forma en la que reacciona frente a las críticas generales o de sus oponentes.
El liderazgo, en el ámbito político, está sumido en una turbulencia. Algunos de los que están en el poder toman decisiones y actuaciones que ponen a pensar a más de uno, pues terminan dificultando el objetivo para el cual tomaron las banderas de una nación y es el de de llevarla, como un buen capitán, a mejor puerto.
Santiago Iñiguez, presidente de IE University, una de las instituciones educativas españolas más influyentes en el mundo empresarial (originalmente era IE Business School), es ampliamente conocido por su enfoque humanista para entender el mundo.
El que es doctor en filosofía y Top Voice en LinkedIn, considerado como uno de los mayores influyentes del management en español, estudió a fondo el tema y lo expuso en el libro Dante in the Workplace: How Leaders Can Avoid the Seven Deadly Sins, su más reciente producción editorial.
Durante el South Summit 2026 en Porto Alegre-Brasil, coorganizado por IE University, Iñiguez habló con SEMANA, en una conversación franca que toca fibras sensibles sobre la forma de gobernar y la responsabilidad que tiene la educación moderna en la formación dentro de las virtudes.
La hermana menor de la moral
SEMANA: De los siete pecados capitales (soberbia, ira, avaricia, gula, pereza, lujuria, envidia), muchos están presentes en los grandes líderes de naciones. Usted habla en su libro de un liderazgo basado en virtudes, principalmente, humildad. ¿Cree que por no tener esas condiciones los líderes están frenando el desarrollo?
Santiago Iñiguez (S. I.): Completamente. Los líderes, sobre todo políticos, deben tener una relativa función ejemplarizante. Además de proyectar unos valores, tienen que cuidar también las formas: la educación, la cortesía, las normas de etiqueta, los saludos, cómo se gestiona una reunión... Todos esos aspectos en conjunto se configuran como la hermana menor de la moral, de la ética.
Una persona que respeta las formas, que trata a los demás de una manera respetuosa, envía el mensaje de que va a actuar con más ética que alguien hostil.
En el mundo de la política, las formas, la cortesía, son la base de la diplomacia, y en el entorno de la política es algo que se ha estado perdiendo.
Dudo mucho de la tendencia que se ha estado imponiendo y es que una forma abrupta y espontánea (sin medir consecuencias) de expresar los mensajes por parte de un líder pueda dar mejores resultados.
Si los políticos pierden la compostura, están proyectando un ejemplo muy pernicioso para todos los estamentos de la sociedad.
La democracia sigue siendo el sistema menos malo
SEMANA: La polarización en la sociedad parece ser la consecuencia de que esos líderes cometan alguno de esos siete pecados capitales. Termina siendo algo grave para las democracias. Por ejemplo, en Colombia se ha perdido la confianza en las instituciones, la gente vota para que no gane el otro, no por programas de gobiernos. Hay crisis de liderazgo. ¿Cómo cambiar ese rumbo?
S. I.: Creo que para los ciudadanos es importante participar en las elecciones y se puede hacer de distintas formas. Una de ellas es votando por una opción política de las que están a disposición, o sentar un voto de protesta: el voto en blanco. Hay distintas alternativas políticas que representan ese ejercicio ciudadano que yo creo que es bueno mantener.
Además, hay que dar paso a mejoras en los sistemas electorales, pero, en todo caso, la democracia sigue siendo el sistema menos malo de gobierno. Lo digo porque a veces, en medio del cansancio, se puede pensar que con un sistema autocrático, porque tenga recursos, se puede lograr un cambio de mayor impacto social. La evidencia, hasta el momento, muestra que la democracia es lo menos peor.
Estoy convencido de que necesitamos mejores líderes y medios de comunicación libres.
En medio del cansancio, ¿democracia o dictadura?
SEMANA: ¿Qué pasa cuando el ciudadano siente que la democracia no funciona, que puede ser más eficiente un gobierno como el de Nayib Bukele, que lo tildan de dictador, pero él argumenta que para controlar la criminalidad no había otra alternativa?
S. I.: Confío en que los sistemas democráticos tienden a curarse a sí mismos. Tienen mecanismos que ejercen pesos y contrapesos. Un poder judicial independiente, por ejemplo, en Estados Unidos, funciona como contrapeso de las decisiones ejecutivas que sean abusivas.
Un sistema legislativo que se renueva en ciclos distintos del poder ejecutivo, de nuevo, tiene pesos y contrapesos. La acción de los medios de comunicación independientes también es determinante.
SEMANA: El problema es que esos otros poderes se van llenando de corrupción. Entonces, el contrapeso que busca el bien común se desvanece.
S. I.: Los expertos explican que siempre, en cualquier sistema, va a haber algo de corrupción. Es consecuencia de que los organismos, las instituciones, las empresas están dirigidas por humanos. No somos ni ángeles ni demonios. Nos equivocamos, cometemos errores, a veces también se cometen delitos. Hay que entender que es algo que no se puede eliminar del todo de la esfera humana. Lo único es que, al menos, tiene que ser hasta un nivel soportable.
La esperanza es que el purgatorio es un lugar donde se cura el alma en algún momento (es donde el aprendizaje puede ayudar a revertir pecados en virtudes). En todo caso, Dante explica en La divina comedia que el purgatorio es un lugar más entretenido que el cielo.
La educación es todo
SEMANA: La educación debería tener más protagonismo para que evolucionemos como seres humanos, líderes, políticos... ¿Por qué parece que no se logra?
S. I.: La educación tiene, sin duda, un impacto en la formación de la personalidad. En IE University estamos enfatizando mucho en las humanidades, porque la lectura de los autores clásicos forman una opinión acerca de lo que es la naturaleza humana. En el libro que he publicado recientemente intento mostrar la manera en que, leyendo La divina comedia, se puede tener una mejor concepción de lo que son las virtudes: un punto de equilibrio entre dos extremos. Un líder —político o empresarial— debe tener un cierto sentido de la dignidad y del ejercicio del poder. Pero si es una persona soberbia, arrogante, lógicamente se va a convertir en alguien insoportable. Si es una persona abatida, con ausencia de confianza, tampoco va a ejercer muy bien su trabajo.
Se evidencia aún más en la avaricia. Una sana ambición por conseguir cosas es necesaria, pero el ser que acumula bienes o que es ostentoso ya pasa al extremo del vicio.
SEMANA: Si usted tuviera que crear una institución educativa para 2030, año meta de los objetivos del milenio, ¿qué tendría que tener esa institución futurista?
S. I.: Bueno, yo creo que en 2030, las instituciones, las empresas, los directivos, deberían intentar cultivar mucho más las humanidades, cultivar la lectura, el arte, la filosofía, retornar a la gestión por valores, por principios. Yo creo que eso es lo que puede salvar la democracia.
SEMANA: ¿Qué tan importante cree que es el crecimiento de la economía y de los negocios? Algunos gobernantes -principalmente con ideas de izquierda- satanizan las empresas porque afirman que son de ricos.
S. I.: El crecimiento es importante y sin él no hay generación de valor. Todas las empresas tienen vocación de crecer y es bueno que así sea. En situaciones de tanta volatilidad como las actuales, lo que está primando es el crecimiento de los ingresos, no tanto del EBITDA (los beneficios). Hay muchas empresas de tecnología que no generan beneficio, pero lo que importa es crecer. Eso es lo que da más valor a las empresas, es lo que les da más visibilidad, más reconocimiento. Pero todo eso debe ser compatible con los valores, los principios y el respeto por los seres humanos. Nos metimos en la cabeza que no se puede crecer y a la vez ser moral. Yo creo que eso es una falacia. Lo mismo aplica para una nación.