El infortunio que en ocasiones se atraviesa en el camino de las personas no fue suficiente para detener la pasión que María Nilsa Garzón siente por la caficultura, su actividad cotidiana en el campo, a través de la cual pedalea, en busca —siempre— de lograr un grano especial que al convertirlo en una tasa de café, no pase desapercibida para nadie.
Casi a gatas, luego de enfrentar una calamidad en su vivienda, ubicada en el sonado municipio de Rosas-Cauca, epicentro constante de emergencias por desastres naturales y alteraciones de orden público, llegó a Bogotá, para ser parte de los oferentes de cafés especiales, en la tradicional feria internacional que organiza la Federación de Cafeteros y Corferias.
Traía a cuestas el peso de haber perdido su casa en medio de un incendio ocurrido en julio, episodio que la llevó prácticamente a tener que volver a empezar de cero. Las llamas consumieron sus muebles y enseres y hasta su ropa, pero nada de eso podía detenerla ante la oportunidad que tenía en el horizonte.
Alzó la mano para pedir apoyos económicos y los encontró. De ahí en adelante, tendría que superar cualquier obstáculo, como el que en efecto apareció. Durante los días previos a su viaje a la feria ocurrió una fuerte explosión de origen desconocido y movilizaciones campesinas con anuncios de bloqueos en la vía Panamericana, la que tendría que tomar la caficultora para llegar a la feria en Bogotá. Viajó en moto para alcanzar los medios de transporte previstos para su traslado. Dice que siempre se agarra de Dios y, en cuestiones del café, afirma que es Él quien pone el sabor y ella el trabajo.
Era la oportunidad
La sola participación en la subasta Colombia Tierra de Diversidad, la principal en el evento que tuvo lugar en Bogotá, era ya una ganancia para María Nilse, pero su premio no quedó allí. En la puja por comprar el mejor café, los expertos que van de feria en feria en el mundo, en busca de lo más excelso, evidenciaron un apetito por el grano que había producido la caficultora de Rosas-Cauca.
Julián Ruíz, uno de los dueños de Banexport, quien maneja la marca Café 18, que cuenta con tres tiendas en Bogotá, contó emocionado lo que ocurría en aquella rapiña por quedarse con el café de María Nilse. “Las ofertas suelen empezar con 100 dólares y van moviéndose en ese rango, pero en esta ocasión se produjo un récord: 400 dólares por libra”.
Había compradores de Bélgica, China, Colombia, Corea del Sur, España, Estados Unidos y Reino Unido. Un interesado en llevarse el lote del singular café alzaba la mano y acto seguido, otro ofrecía más. La emoción crecía, las dudas no faltaban: ¿será que seguimos subiendo la apuesta”, pensaban los Ruiz.
Fueron 135 pujas antes de su adjudicación a Café 18. Ruiz, que acudió al concepto de grandes catadores, especializados en el valor que tienen las notas de un café bien producido, describe el que trajo María Nilse como una amalgama entre lo floral, delicado, cremoso y sedoso.
El café más caro vendido en la subasta
De esa manera, la pequeña caficultora del Cauca pasó de no tener nada por un golpe que la vida le dio hace tres meses, a ser la vendedora del lote de café más caro en la subasta en la que participaban 1.048 lotes de 16 departamentos.
Los pequeños productores son los que predominan en la caficultura colombiana. Un pedazo de tierra como el de María Nilse, desde la experticia de Ruiz, puede producir unos 7.000 árboles, cada uno de los cuales, y eso -bien cuidado- aporta 500 gramos de café pergamino, una variedad que cuenta con una armadura natural de protección de la almendra, de manera que conserve frescura, aroma y calidad antes de la trilla y el tueste.
En el año, con un trabajo constante, ese cafetal podría dar unos 3.500 kilos de café, pero el 40 por ciento de la producción son gastos, según las realidades de los pequeños caficultores colombianos. Implica entonces que del trabajo de María Nilse en todo un año, calculado en total en unos 60 millones de pesos, a ella le quedarían alrededor de 37 millones. En esta oportunidad, como ganadora de la subasta, podrá llevar a su hogar al menos 10 veces más lo que obtiene trabajando en un año. El lote cultivado en la finca El Diviso, de vereda El Sauce, en Rosas-Cauca, está compuesto por 144 kilogramos de café verde y alcanzó un valor total de adjudicación de 126.984 dólares, según las estadísticas suministradas por Banexport.
Para el comprador del lote cafetero, además de la ganancia que ayudó a la humilde mujer a llevar un mejor ingreso a su hogar, queda también la satisfacción de poder ofrecer en sus tiendas Café 18, a los colombianos que buscan cada vez mejores experiencias con el café, una tasa que podría costar unos 70.000 pesos, detrás de la cual, hay una carga de pasión, trabajo y resiliencia.
En el juego limpio de los negocios, tanto compradores, vendedores y consumidores siempre saldrán ganadores.