Sobre sus hombros solo había una maleta de sueños, porque la billetera estaba vacía. Acababa de terminar su carrera de administración de empresas en la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande de Sul, en Brasil, y empezaba a tocar puertas para encontrar una oportunidad laboral. Se la abrieron en el banco estatal Banrisul, donde empezó todo.
El nombre de José Renato Hopf, cofundador del que posteriormente fuera uno de los primeros unicornios de América Latina: GetNet, es parte de la historia del ecosistema de las startups, pero nada fue fácil. Eso sí, en todo momento aplicó el principio de que los sueños no se cumplen, se trabajan.
En el escenario del South Summit, en Porto Alegre, Brasil, la cumbre más grande de empresas jóvenes o startups en América Latina, coorganizada por IE University, Hopf conversó con SEMANA y contó su historia inspiradora, para que otros interesados en abrirse caminos, pese a los tropiezos, puedan tomar lo que requieran de sus experiencias.
“No provenía de familia empresaria. Mi padre era militar y desde mi primer empleo tuve la oportunidad de trabajar en muchos proyectos de innovación”, recordó Hopf.
En el banco estatal encontró el ambiente propicio para iniciar las ideas que le brotaban en abundancia. “Me dieron muchas oportunidades en Banrisul.
Con su formación familiar, basada en la disciplina, el rigor y las ganas de surgir, siempre tenía la expectativa de crear su propia empresa. Mientras tanto, estudiaba el mercado financiero brasileño en el que existía un duopolio. “Dos empresas solo para pagos electrónicos: Visa y Mastercard, lo que ya era poco para una economía grande y emergente. Pensaba que había que cambiar ese mercado, hacer una apertura, promover más competencia”, aseguró el empresario, y agregó lo que frena a muchos emprendedores: “tenía la idea y mucha voluntad, pero no tenía plata”.
Era el año 2003. Para entonces, las posibilidades de conseguir inversores para financiar una de esas ideas que en principio suenan ‘locas’, eran escasas. Y, justamente, para sacar adelante un emprendimiento se requiere la determinación, pero también el apoyo estratégico (financiero y humano). “El mercado de inversionistas no era como hoy. Tuve la suerte de encontrar dos familias emprendedoras con las que ya veníamos haciendo cosas en pagos más allá del payments business", recordó.
Las recargas en el celular eran con tarjetas de raspar
Hasta allí, ya Hopf había marcado otros hitos, como el de haber impulsado el desarrollo de plataformas de recarga electrónica para celulares prepago, o facilitado el apenas incipiente canal digital para integrar bancos con operadores móviles y comercio.
“Fueron dos cambios importantes en el mercado brasilero. El primero permitió dejar atrás la recarga de datos móviles que se hacía con una tarjeta física que había que raspar para poner el código que allí aparecía, en el celular. Empezamos la recarga online", mencionó al conversar sobre sus recuerdos.
La idea encontró terreno abonado para la demanda. Así, “entre 2003 y 2007 teníamos el 40 % de recargas online en el mercado brasileño".
El segundo cambio fue el de la plataforma abierta de pagos, algo que en ese momento parecía imposible, pues los servicios financieros eran altamente costosos. Arrancó la misión de buscar la manera de expandirse y tocaron muchas puertas. “Hablamos con varios bancos y, finalmente, hicimos un acuerdo con el Banco Santander de España. Empezamos a trabajar juntos, en principio, para el mercado brasileño. Se dio la apertura en 2010, y muy rápido teníamos el 10 % del mercado”.
Surge el unicornio
Con un negocio en marcha que andaba sobre rieles, desde la matriz del Banco Santander les anunciaron que querían tener las operaciones propias del emprendimiento conocido como GetNet, y así fue, lo compraron por 1.100 millones de dólares, lo que lleva a que una empresa sea considerada como un unicornio. De esa manera, un actor local en el sistema financiero pasó a ser líder mundial, logrando expansión desde Latinoamérica hacia Europa, para ofrecer soluciones integrales de pagos físicos y digitales.
“Nos demoramos 11 años para ser unicornio. Los emprendedores deben tener claro que en el mundo empresarial, nada es de la noche a la mañana. De mi experiencia puedo decir que para hacer una buena empresa se toma entre 2 y 3 años. Para hacer una empresa grande se requieren de 3 a 7 años. Y los unicornios demandan más de 7 años. En todo ese tiempo hay que pasar por muchas situaciones fuertes y resolver problemas”, expresó.
¿Por qué venden los unicornios?
Los unicornios, como startups que tienen una base tecnológica, se caracterizan por ser empresas jóvenes que crecen rápidamente y alcanzan una valoración igual o superior a 1.000 millones de dólares en la Bolsa de Valores.
Una vez llegan a esos niveles de valoración encuentran compradores, por lo que Hopf habla de la razón por la cual se venden. “No se debe crear una empresa solo pensando en vender. Hay que generar valor. Pero suele ser algo inevitable. Existen varias posibilidades. Una venta estratégica, a un grande, que fue el caso de GetNet. Una venta de mercado a una empresa que es mayor. O una venta a una empresa que quiere entrar en el mercado. También está la posibilidad de una IPO-oferta pública inicial, pero, por ejemplo, en Estados Unidos hay que ser muy grande para lograrlo”.
Y después qué...
Casi en paralelo a la venta del unicornio, en 2014, Hopf ya tenía otro as bajo la manga. En 2015 creó su propio fondo de inversiones y con sus socios se pusieron la meta de crear una nueva empresa cada dos años. Es lo que hoy se llama 4all y se le conoce como fábrica de startups.
El modelo creador de Hopf, aunque la valoración de las empresas no sea siempre de más de 1.000 millones de dólares, está insertado en la rareza, como los unicornios.