SEMANA: ¿Cómo es el proceso de formación de un perfumista y qué disciplinas —como química, botánica o arte— son fundamentales para desarrollar una fragancia?
Arnaud Winter: La formación de un perfumista se parece más al cultivo de una sensibilidad que al mero aprendizaje de un oficio. Yo llegué a ese mundo desde la química. Es un proceso largo hecho de observación, paciencia y asombro. No se trata solo de estudiar química, botánica o arte, aunque estas disciplinas enriquecen mucho la mirada del creador.
Para mí, las cualidades fundamentales son tener sensibilidad artística combinada con un deseo de contar historias a través de los olores. Añade a eso curiosidad, pasión, humildad, tenacidad y … un buen olfato.
La perfumería es una forma de expresión, como la poesía o la pintura. Así como un escritor trabaja con palabras o un pintor con colores, el perfumista compone con recuerdos, sensaciones y notas olfativas para transmitir una emoción o una idea. Asimismo, viene el entrenamiento, más empírico y laborioso: aprender a reconocer ingredientes, memorizar notas olfativas y entender cómo interactúan cuando se combinan, afinar la capacidad de uno para detectar matices.
Alcanzar cierta madurez puede tomar más de una década. Sin embargo, nunca se llega del todo. Siguen apareciendo nuevos ingredientes, tendencias, nuevas técnicas, tecnologías, así como más formas de interpretar el mundo.
A.W.: SEMANA: Muchas personas piensan que crear perfumes depende solo del “buen olfato”. ¿Qué tan importante es la ciencia en comparación con la creatividad dentro de esta profesión?
El olfato es importante, pero no es el origen de una fragancia, solo es una herramienta. Muchas personas llaman al perfumista “nariz”, pero en realidad es un soñador. La fragancia nace primero en la imaginación como una escultura hecha de aire y tiempo. Después llega el olfato para darle vida, equilibrio y precisión.
La ciencia lleva expansión al territorio creativo; caminan de la mano. La ciencia entrega nuevos colores, palabras, gracias al descubrimiento de nuevas plantas en tierras lejanas, técnicas de extracción innovadoras para capturar efluvios o la creación de moléculas olfativas desconocidas para el mundo. Así el perfumista tiene más notas para componer.
La creatividad es la energía que guía la composición. La intuición, la emoción y la visión son las que transforman esos ingredientes en una obra con alma. La ciencia amplía el lenguaje del perfumista; la creatividad le da sentido.
SEMANA: ¿Cómo aprende un perfumista a identificar y combinar cientos de notas aromáticas hasta construir una esencia equilibrada y original?
A.W.: No existe una fórmula mágica. El arte de la perfumería se aprende como se aprende un idioma; se revela con años de práctica. Un perfumista entrena su memoria olfativa cada día; huele materias primas para mantener y enriquecer su librería olfativa interna. Estudia los matices y la interacción entre ingredientes en una fórmula que a veces incluye más de 100.
Con el tiempo, se adquiere un sentido de equilibrio y armonía. La originalidad surge cuando uno se atreve a salir de los caminos trillados. Dos perfumistas partiendo de la misma idea van a expresarla de formas completamente distintas, como dos pintores frente al mismo atardecer. La originalidad aparece cuando el artista habla con su propia voz.
SEMANA: ¿Qué retos enfrenta un perfumista al transformar una idea, emoción o recuerdo en una fragancia que conecte con las personas?
A.W.: Quizá el mayor reto es intentar dar forma física a una emoción invisible. El trabajo del perfumista consiste en construir este puente entre lo intangible y una fórmula real, concreta. A veces la creación se parece mucho a la idea inicial. Otras veces, toma su propio camino. Por eso, crear requiere técnica, paciencia, flexibilidad y también humildad.
Una fragancia no habla solo desde lo estético, otro reto grande es tocar la memoria de los demás, conectar con recuerdos personales, profundos e inconscientes y así crear un vínculo emocional que sea solo para algunos segundos o quizás toda una vida.
SEMANA: Desde su experiencia, ¿qué hace que una fragancia pase de ser simplemente agradable a convertirse en un perfume memorable o icónico?
A.W.: Una fragancia agradable puede acompañarnos un instante, una fragancia memorable que nos acompaña durante años deja una huella no solo en la piel sino también en la memoria. Una fragancia inolvidable, independientemente de sus características estéticas, impacto, originalidad, permanencia, es aquella que logra convertirse en parte de la vida de alguien. Una firma propia, una intención y una emoción verdadera.
Lo icónico … al final, lo decide el tiempo. Un gran perfume es como una canción que seguimos tarareando años después de haberla escuchado. No sabemos por qué permanece. Solo sabemos que algo en él se quedó viviendo dentro de todos nosotros.