El gobierno de Gustavo Petro está cerrando capítulos y, como es tradicional en esta época, se hacen inauguraciones, se cortan cintas aquí y allá, o se firman simbólicamente los diseños de obras de gran envergadura, para indicar que quedarán iniciadas.
Sucedió con el anhelado Corredor Férreo Interoceánico, cuya etapa de prefactibilidad fue presentada por la ministra de Transporte, María Fernanda Rojas, en el Congreso Internacional Ferroviario, que reunió a distintos actores de la cadena férrea.
¿Un globo al aire?
Sin duda, es uno de los proyectos más ambiciosos y necesarios, pero ¿es factible o simplemente es un globo que se lanza al aire antes de que termine el gobierno?
Hay que señalar que otros países están buscando alianzas binacionales, montados en la meta de conectar los dos océanos a través de megaobras de ingeniería, como la que se requiere en este caso. En nuestro país, entretanto, se hará internamente, porque tenemos los dos océanos al alcance, y —quizá para mayor agilidad— con lo que el presidente Petro pidió: “El tren interoceánico más corto posible en Colombia”, pese a que reclamó: “Empezando tardíamente los estudios”.
Al concluir el proyecto serían 222 kilómetros de un sistema integrado de trenes, puertos y plataformas logísticas. Además, no solo se busca conectividad en el transporte, sino tecnológica, como trinó el presidente cuando le dio la orden a la ANI (Agencia Nacional de Infraestructura) de priorizar los estudios: “No olvidar que, además de ser línea férrea eléctrica y poderosa, debe contener la postura de cables de fibra óptica también poderosos para que Colombia pueda unir los cinco continentes en las redes de la supercomputación y la inteligencia artificial en el futuro”, dijo el mandatario a través de su cuenta de X.
Con los pies en la tierra
Hace menos de una semana, el Gobierno nacional presentó los resultados de los estudios de prefactibilidad del Corredor Férreo Interoceánico e indicó que se iniciaba la fase de factibilidad de lo que la ministra de Transporte mencionó como una de las iniciativas de infraestructura más estratégicas para el futuro logístico, tecnológico y productivo del país.
El interrogante es si este proyecto es económica, ambiental y socialmente viable, pues el país tiene un presupuesto deficitario, una crisis fiscal aguda y las vigencias futuras están sin espacio para más.
Inclusive, hace apenas un año, la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI) hablaba de que el único proyecto que estaba impulsando las obras civiles era el Metro de Bogotá, en referencia a la quietud que habían tenido las grandes obras en Colombia, en medio de la escasez de recursos.
Durante el primer trimestre de 2026, por ejemplo, un estudio de Corficolombiana evidenció que el sector de obras civiles creció un 1,5 %, cifra que consideró como “la de menor registro anual desde el cuarto trimestre de 2023″.
Los escollos que enfrenta el corredor interoceánico
Por plata. Para hacer realidad el corredor interoceánico hay varias alternativas, pero claramente, solo con recursos públicos no se puede. Se trata de una megaobra que puede costar más de 60 billones de pesos, los cuales tendrían que comprometer vigencias futuras, pero en la actualidad, el país no tiene espacio fiscal para ello.
El costo de las obras 4G y 5G ha sido calculado en alrededor de 120 billones de pesos y la ecuación para conseguirlos incluye compromisos futuros con dineros públicos (lo que hace que casi todo el espacio para vigencias futuras esté copado), y peajes que en los contratos suscritos pactan cobrar los concesionarios, pero que luego son criticados por el Gobierno.
En el contexto de una financiación bajo la figura de APP (Alianzas Público-Privadas), se necesitaría que el Estado ponga el 20 % del proyecto para validarlo como tal, y esa plata también resulta demasiada para la disponibilidad de recursos que hay.
Por tiempo. El canal interoceánico se concibió originalmente en Colombia desde 1964. Los tropiezos que tuvo no solo fueron económicos, sino ambientales; es decir, el camino ha sido bastante escabroso.
Por prioridades. Ahora se habla de prefactibilidad como una etapa superada, pero fuentes cercanas al sector afirman que el anuncio hecho por la ministra Rojas no se ha cerrado, ya que se requiere cumplir varias etapas que son rigurosas.
Una prefactibilidad se tarda al menos 12 meses, y eso, cuando menos. En el siguiente peldaño: la factibilidad, que es en la que se estaría entrando ahora, según el Ministerio, se requieren unos 18 meses. El interrogante es si, aun suponiendo que el proceso ya está en marcha, ¿habrá continuidad en medio de tantas prioridades que tendrá el nuevo gobierno?