Un nuevo gobierno, cuya elección empieza el próximo 31 de mayo con la primera vuelta en las urnas, tiene múltiples desafíos, pero el de la energía es quizás uno de los que toca tanto lo social como lo económico y la calidad de vida de la gente.
Así quedó evidenciado en la intervención de Tomás González, director de Cree, Centro Regional de Estudios de Energía, en el espacio denominado Por una Colombia en crecimiento: 2026–2045, realizado este miércoles 20 de mayo en la EAN-Escuela de Administración de Negocios, promovido por el BID-Banco Interamericano de Desarrollo.
Según González, la energía es fundamental en la reducción de la pobreza y allí el país está quedado, pues aún hay 4 millones de colombianos que no tienen ni una luz al final del túnel para el acceso al servicio.
También la energía se requiere para el avance de la economía y para la transición energética que conduzca a reducir las emisiones que pueden acabar el mundo.
No obstante, las nubes negras que hay alrededor del sector son muchas y hacen que 2026 sea un año determinante para que se pueda cambiar el rumbo que empezó cuando se decidió, por tomar el camino de la transición energética y querer llegar muy rápido al otro lado. Ahora, habrá que la idea de que se tiene que marchitar del todo los combustibles fósiles.
No es hora de titubeos, "Colombia se tiene que electrificar", dijo González. En el triángulo que implica el sector energético en el país se cerraron posibilidades distintas a la que tiene que ver con la reducción de las emisiones. En consecuencia, todos los colombianos estamos pagando los platos rotos.
¿Qué implica electrificar?
Electrificar el país es diferente a energizarlo. De cara a un fenómeno de El Niño viene ahora la importancia del engranaje, pues ante la sequía no habrá forma de cubrir la demanda energética solo con la generación hidráulica, por lo que se tendrá que tener en el visor el gas para prender las térmicas.
Inclusive, el gas, que cayó a menos en medio de esas decisiones sobre no a la exploración y no al fracking, es la fuente energética para ir reduciendo emisiones mientras se abaratan y entran de lleno las otras tecnologías: las menos contaminantes. “El esfuerzo tiene que venir de las fuentes energéticas más competitivas”, subrayó González.
Sin fósiles no hay transición
La puesta en marcha de una transición energética no se da a espaldas de los combustibles fósiles. En un año próspero, como 2022, según estadísticas de González, el país recibió 63 billones de pesos entre regalías, impuestos y demás. “Esa plata daría para 4 años de financiamiento de inversiones en el transporte; 2 años cubriendo lo que vale la inclusión social: educación, salud, vivienda, igualdad. Si la relación de lo que se puede invertir con esos recursos se hace en el sector energético, estaríamos hablando de 11 años. Es una fiscalidad difícil de reemplazar”, dijo González.
Viene el Fenómeno de El Niño
Cuando la economía no tiene la energía para funcionar la factura es alta, tanto en términos de empleo como en calidad de vida. De ahí que González recordara lo sucedido en el Fenómeno de El Niño de los años 90, tan agresivo como el que se espera que llegue ahora. “El apagón tumbó en un punto porcentual el empleo y el PIB en más de 1,5 %, además de aumentar la pobreza en al menos 100.000 personas”.
El Caribe, un multiplicador
Curiosamente, la región Caribe, una de las más afectadas por la crisis energética, podría ser un multiplicador de la generación de energía eléctrica a través de fuentes renovables. Por ejemplo, el director del Cree puso como ejemplo las fuentes solares y eólicas, entre otras. La línea Colectora, en la Guajira, fue utilizada para evidenciar lo que se viene: “se necesitarían 39 líneas 500 en términos de redes, de acá a 2040. Una línea 500 es equiparable a una Colectora”. Este proyecto de transición energética ha tenido tropiezos, lo que llevó al experto a expresar que la lista de cosas que hay que hacer es larga: incluye aceleración de licencias; acuerdos con comunidades; inversiones. Mejor dicho, ¿Se podrá?