El agua y El Niño están caminando juntos, pese a que desde hace unos meses el mensaje persistente en Colombia ha sido el del advenimiento de un fenómeno con una sequía agresiva y alto riesgo de racionamiento debido a la sumatoria de la coyuntura climática más la estrechez energética a la que se llegó en el país.

Los nubarrones sobre la capacidad de abastecer a los colombianos de energía aparecen por todos lados: retrasos en proyectos de generación y transmisión, limitaciones en el suministro de combustibles para las centrales térmicas, aumento de la demanda mientras los embalses almacenan agua a un ritmo más lento, en parte porque llueve menos donde más se necesita. No en vano, recientemente la Unidad de Gestión del Riesgo explicó que solo el 25 % del agua que cae en el país está está en las regiones Andinas y del Caribe, donde se concentra el 75 % de la población.

En busca de trazar la línea para que se haga un uso más eficiente de la energía en estos tiempos de escasez de agua, la autoridad regulatoria, Creg, emitió una resolución. En ella fija las reglas de un programa transitorio –por 6 meses o más si así se requiere– que permita reducir la demanda, la cual, desde abril, se ha incrementado en un 14 por ciento a causa del aumento de las temperaturas y la sensación de calor. Es como si la población de una nueva ciudad intermedia hubiera entrado de repente a usar energía de una matriz que creció poco.

El agua y el Niño Foto: Composición Semana/ Getty Images

Los aguaceros de los últimos días animan, pero no alejan la presión sobre el sistema eléctrico, pues, según ha confirmado el Ideam, Colombia tiene temporadas lluviosas que responden a un ciclo anual de la atmósfera. En octubre y noviembre, por ejemplo, las lluvias suelen aumentar en amplios sectores de las regiones Andina y Caribe. Por eso pueden coincidir una temporada lluviosa y El Niño.

Ahorrar, ahorrar, que la lluvia se va a acabar

En ese escenario, el ahorro es determinante, aunque no implica que sea la panacea para disipar el riesgo de que se nos vayan las luces. Los antecedentes de campañas anteriores muestran que, en un año de apuros energéticos, como 2016, se lograron ahorros hasta del 5 por ciento de la demanda diaria, lo que para algunos expertos fue lo que evitó el racionamiento programado.

De esa manera, según asegura una fuente del sector, “salvo que llueva mucho más de lo que se tiene previsto, el ahorro es lo único que en este momento nos salvaría. Es decir, es mejor ahorrar voluntariamente que obligatoriamente (con racionamiento), y en especial en las horas de mayor demanda del sistema, que es entre seis y nueve de la noche”.

Amylkar Acosta Medina Exministro de Minas y Energía Foto: Esteban Vega La Rotta

Para Amylkar Acosta, exministro de Minas, entretanto, “a estas alturas del partido todo lo que puede hacerse, y se está haciendo, solo servirá para mitigar el impacto del racionamiento, pero no para conjurarlo”.

¿Qué tanto se ha ahorrado?

El balance preliminar de la Creg indica que ocho de cada diez usuarios del sistema energético disminuyeron o mantuvieron su consumo. Es decir, ya sea por conciencia en el uso racional de un recurso que cada vez está más presionado o por los incentivos establecidos, hay evidencia de una primera respuesta de los colombianos.

La resolución que invita al ahorro plantea garrote y zanahoria: a mayor consumo energético, por encima de la meta individual, calculada a partir de los últimos 12 meses, el usuario tendrá cobro adicional. Por el contrario, la eficiencia reconocida en el uso del servicio generará beneficios posteriores. Con la norma se establecen rangos basados en los estratos donde está ubicada la familia. Así, para estratos 1, 2 y 3, el cobro adicional por excesos –más del 110 por ciento– será de 30 por ciento. En los estratos 4, 5 y 6, del 50 por ciento, y en los predios comerciales e industriales, del 70 por ciento.

Afinia. Foto: SEMANA.

Está previsto que los recursos recaudados por consumos excesivos se destinen a la bolsa que financiará los beneficios para usuarios que cumplan las condiciones del programa.

Las cifras de Afinia, empresa que opera en la región Caribe, permiten observar cómo han respondido los usuarios a las medidas de ahorro energético. Durante el primer mes de aplicación de la resolución de la Creg, 615.000 de sus 1,4 millones de clientes no superaron el umbral del 90 por ciento establecido en la norma, mientras que cerca de 400.000 excedieron el límite del 110 por ciento y otros 321.000 se mantuvieron neutros.

Si la estadística se traslada a pesos, Afinia considera que los clientes comerciales aportarían 6.000 millones mensuales debido a que su consumo está por encima del máximo establecido en la norma. Los usuarios de los estratos 1, 2 y 3 aportarían 7 millones de pesos, ya que su consumo también supera el máximo establecido.

Hacer buen uso de los electrodomésticos puede reducir la factura de energía. Foto: Getty Images

Todo tiene un pero

Colombia aún encara varios desafíos para contar con una matriz energética más sostenible y diversificada. Hay proyectos de generación que no han entrado en operación, retrasos en líneas de transmisión que dificultan el transporte de electricidad hacia los centros de consumo y alternativas que podrían respaldar al sistema cuando disminuye la generación hidroeléctrica. Por ejemplo, XM, operador del sistema eléctrico, ha señalado que la energía solar puede contribuir a reducir el uso de agua en las hidroeléctricas durante el día.

Con corte a marzo de 2026, había 1.551 megavatios conectados al sistema, principalmente de tecnología solar, que aún se encontraban en pruebas iniciales.

Aunque se tuvieran listos los parques eólicos en La Guajira, faltaría la infraestructura para conectarlos y transportar su producción. De hecho, el Ministerio de Minas reconoció en julio de 2026 que los retrasos en transmisión habían afectado los cronogramas de proyectos renovables y planteó mecanismos para destrabarlos.

El asunto no es solo tener la energía sino las redes para transportarla o los mecanismos para ingresarla al sistema. Foto: Cortesía Grupo Energia Bogotá

El sonado proyecto Colectora, considerado como una de las obras más importantes para transportar energía renovable de La Guajira al Sistema Interconectado Nacional, podría conectar siete parques eólicos con una capacidad conjunta de 1.050 megavatios, pero los reportes hasta agosto indicaban que aún había trabajos pendientes en la subestación: 14 torres colgadas (de 1000), según confirmó el Grupo Energía Bogotá, que tiene a su cargo el proyecto.

Y no se puede olvidar a Hidroituango, central alrededor de la cual está la promesa de aportar el 17 por ciento de la energía que necesita el país. Sin embargo, el cronograma para la segunda etapa, es decir, la entrada de las últimas cuatro turbinas (las primeras cuatro ya están en operación), es en 2027 tras la emergencia ocurrida en 2018, que causó serios retrasos.

No obstante, el agua vuelve a ser el talón de Aquiles. Según una fuente del sector, aun con todas las unidades en operación, cuando el caudal del río Cauca baja mucho en un verano, el agua que llega al embalse es muy poca respecto a lo que necesitarían las ocho unidades para generar. En otras palabras, “esa central no tiene agua ni para las cuatro unidades completas que hoy están instaladas. La ampliación a ocho unidades no implica mayor capacidad de almacenamiento de agua. Por el contrario, teniendo más unidades, se gastaría más rápido el embalse en el verano”.

HIDROITUANGO Foto: ESTEBAN VEGA LA ROTTA

Así las cosas, mientras el Estado resuelve los cuellos de botella para que Colombia tenga tranquilidad energética, al consumidor no le queda más que planchar menos, lavar en una sola carga, apagar bombillos que no estén en uso y, en regiones cálidas, refrescarse cuanto más se pueda con el abanico manual.