SEMANA: En los últimos días se confirmó que el fenómeno de El Niño sí llegará con una intensidad que puede poner en riesgo la seguridad energética, ¿qué se sabe de ese panorama?
Alexandra Hernández: Lo que ha advertido el Ideam es que existe una alta probabilidad de que Colombia enfrente un fenómeno de El Niño en el segundo semestre de 2026. Y para un país que depende, en cerca de dos terceras partes, del agua para generar electricidad, eso no es una noticia menor. Menos lluvias reducen los embalses justo cuando la demanda de energía sigue creciendo. Cuando falta agua, el país necesita tener más opciones, no menos.
SEMANA: La lógica diría que, ante un fenómeno de El Niño, sería muy positivo para el país apoyarse en energías renovables como la solar y la eólica. ¿Por qué, si tenemos esos recursos, Colombia no alcanza a suplir esas necesidades?
A. H.: Porque, aunque las renovables han crecido cinco veces en apenas tres años, todavía representan cerca del 14 % de la capacidad de generación del país. Colombia sigue dependiendo principalmente de la energía hidráulica y de las térmicas. Eso no significa que pueda menospreciarse el impacto de las renovables.
SEMANA: ¿Por qué?
A. H.: El Niño demuestra por qué las renovables son estratégicas: cuando baja el agua, suben el sol y el viento. Eso ayuda a cuidar los embalses y a contener el precio de la energía, porque la solar y la eólica son más baratas que importar gas o diésel. Esto no es ideología, es pragmatismo económico. Las renovables instaladas hoy ya les están ahorrando billones de pesos a los colombianos.
SEMANA: Pero hay una preocupación con el déficit de energía en firme, ¿pueden las renovables aportar la confiabilidad eléctrica que se necesita?
A. H.: Se está confundiendo variabilidad con falta de confiabilidad, y eso es un error. Las renovables dependen del clima, sí, pero hoy esa variabilidad se puede anticipar, modelar y gestionar. La confiabilidad no la aporta una sola tecnología; la aporta un sistema diversificado en el que la hidráulica, las térmicas, las renovables, el almacenamiento y las interconexiones se complementan. El sol y el viento no nos hacen más débiles, nos hacen menos dependientes: menos dependientes de importar gas y diésel, menos expuestos a los precios internacionales y más dueños de nuestra propia energía. Eso es soberanía energética.
SEMANA: ¿Cuántos proyectos de energía eólica y solar han comenzado a operar en Colombia en los últimos años?
A. H.: En este momento tenemos 106 proyectos de mediana y gran escala entregando energía al sistema interconectado, tanto en operación comercial como en pruebas técnicas. Adicionalmente, hay más de 22.000 soluciones de minigranjas y autogeneración instaladas en hogares, comercios e industrias. Eso representa cerca de 3.000 millones de dólares de inversión privada que han llegado a Colombia, particularmente en estos últimos tres años, con más de 27.000 empleos directos generados y una capacidad total instalada en renovables que atiende, durante el día, un consumo equivalente al de una población como la de Bogotá.
SEMANA: ¿Y cuáles han sido los ‘cuellos de botella’ para que no haya más proyectos?
A. H.: Las renovables ya demostraron que funcionan. El problema no es tecnológico, sino de ejecución: hoy los proyectos pasan más tiempo atrapados en trámites que construyéndose. Y eso tiene consecuencias reales para la gente, porque detrás de cada proyecto renovable atrasado hay energía más cara, menos empleo y regiones que siguen esperando inversión, desarrollo y oportunidades para cerrar brechas de desigualdad. En el fondo, esta discusión no debe centrarse en cuántos megavatios tiene el país, sino en cuántas vidas pueden cambiar cuando la energía llega.
SEMANA: ¿Cómo son esos procesos para que sean tan lentos?
A. H.: En Colombia, un proyecto puede tardar entre tres y cinco años en entrar en operación, aunque construirlo toma apenas 18 meses. Es decir, más del 70 % del tiempo se pierde en trámites. Hay permisos que deberían resolverse en 30 días y terminan demorando hasta 2.000. La alta rotación de funcionarios, la falta de coordinación institucional —especialmente en algunas autoridades regionales— y la incertidumbre frente a nuevas normas de uso del suelo y consultas previas generan reprocesos y frenan inversiones. Ahí está el verdadero reto: la transición energética no depende solo de la tecnología, sino de la capacidad del país para lograr que los proyectos entren a tiempo, cuando el sistema los necesita.
SEMANA: ¿Se ha hecho algo para mejorar esa situación?
A. H.: Sí. En el último año se han tomado decisiones regulatorias importantes y el Gobierno escuchó varias de las alertas que venía haciendo el sector. Se avanzó en el 100 % de los ocho puntos de la agenda acordada con el Gobierno nacional, especialmente en normas para agilizar licencias, conexiones, coexistencias, subastas, pruebas técnicas, autogeneración y almacenamiento con baterías. Eso facilita la puesta en marcha de proyectos y su cierre financiero.
SEMANA: ¿Qué piensa de que Ecopetrol desarrolle proyectos de energías renovables?
A. H.: Lo importante es que haya más competencia y más oferta para los usuarios. Mientras más empresas participen en el mercado, más opciones, más innovación y mejores condiciones podrán tener las personas en precio y servicio. Debemos propender a un mercado competitivo que beneficie al usuario y fortalezca la seguridad energética del país.
SEMANA: ¿Qué futuro inmediato tienen las renovables?
A. H.: Crecer más del 50 % de la capacidad actual y hacerlo con mucha más velocidad. No solo porque las cifras oficiales muestran un déficit estructural de energía hacia 2028, sino porque las renovables son parte de la solución a muchos de los problemas que hoy preocupan a los colombianos. De hecho, el 96 % del país eligió un futuro renovable en la encuesta Pulso Eléctrico, y desde SER Colombia propusimos al próximo Gobierno una hoja de ruta con 10 acciones concretas para acelerar el sector. Colombia no tiene que escoger entre energías tradicionales y renovables. Esta no es una discusión ideológica, sino una decisión sobre costo de vida, seguridad energética, equidad y futuro. Las renovables no son el futuro: ya son el presente, y el reto es crecer a la escala que el país necesita.