Todos hablaban de debate. Algunos le ponían el apellido de técnico, teórico o discusión de fondo, y hasta alababan lo interesante que estaba la jornada. Pero la percepción que queda es que no hubo contradictores. Aunque con algunas diferencias conceptuales, los panelistas y opinadores se inclinaron a un mismo lado.
Las preguntas sobre el tapete buscaban resolver temas trascendentales dentro de la fuerte controversia que hay en el país, entre el Gobierno y el Banco de la República, por el incremento en las tasas de interés para controlar la inflación, mientras que la una está bien lejos de la otra (11,25 % en tasas de interés versus 5,56 % de inflación en marzo).
Los interrogantes eran muy válidos: ¿es eficiente controlar la inflación con tasas de interés?; ¿es real la autonomía de los bancos centrales?; ¿debe ser la inflación el objetivo principal de la política monetaria?; ¿tiene sentido apretar la economía con intereses altos para converger a una meta de inflación?.
Aunque hubo una extensa exposición de teorías que pusieron en la jornada los académicos, las comunidades locales e invitados internacionales, queda la sensación de que las respuestas no llegaron, o al menos se intentaron exponer, pero con la balanza inclinada hacia el interés del gobierno, de probar que tiene la razón.
Las críticas al modelo de manejo de la política monetaria por parte de una mayoría de la junta del Banco de la República llovieron como era de esperarse. Reiteraban que el Emisor decide para favorecer al sector financiero, por lo que hay que salirse de ese esquema, sustentaban, a través de ideas pensadores como Milton Friedman, quien propone que la inflación es siempre un fenómeno monetario causado por un crecimiento excesivo de la oferta de dinero.
Aunque al momento de cerrar el foro de política monetaria, el ministro de Hacienda, Germán Ávila insistía en el logro que, a su juicio, implicó el evento concluido, no hay que desconocer que la asistencia era de una sola línea. “El debate que era interno de la junta directiva, se abrió”, dijo Ávila, quien se manifestó sobre la necesidad de seguir en la reflexión sobre la metodología que se está utilizando para aplicar la política monetaria.
Laura Moisá, codirectora del Banco de la República, que se considera una de las que en la junta del Emisor vota en línea con la posición del gobierno por bajar las tasas de interés, fue una de las panelistas en el espacio de intervención de los académicos.
“La política fiscal tiene que ser lo suficientemente coherente con un equilibrio, de tal forma que no domine la economía y la política monetaria pueda cumplir su rol, el cual, en Colombia, solo tiene uno en términos constitucionales y es el control de la inflación, pero que realmente, cuando se le pregunta a la Corte Constitucional, dice que también tiene que ponerse de acuerdo con la política económica, el crecimiento y el empleo“.
Carlos Betancourt, quien hace parte del Gobierno como director de la Dian y en todo momento se refería a los participantes del panes como “amigos entrañables”, fue otro de los que intervino en el espacio para los académicos. “El grupo mayoritario de la junta del Banco de la República se autodenomina autónomo, pero actúa de manera heterónoma (que se rige por criterios impuestos)”.
Betancourt se refería al equipo técnico al que mencionó como “alguien anónimo, pero es una especie de guardián de la fe”, y que es uno de los criterios en los que se basa el equipo directivo del Emisor para manejar la política monetaria. A juicio del director de la Dian, “de alguna manera ellos -el equipo técnico- condicionan las decisiones de la junta”.
Amplias sustentaciones intentaron llegar a una conclusión sobre la manera en que un país debe definir la política monetaria. Unos hablaban de abrir el oído a los tenderos y actores directos de las decisiones. Otros enfatizaban en que los mayores beneficiarios de una alta tasa de interés, como la tiene el Banco Central, son los rentistas de capital. Es decir, mucho de lo ya sustentado.