Durante los últimos cuatro años pasaron muchas más cosas malas que buenas. El Gobierno de Petro fue, en términos generales, demasiado malo, aunque muestre a primera vista algunos resultados económicos buenos. El ejemplo más claro es el desempleo, que viene bajando, pero cuando se mira por dentro, la realidad es otra. Se han perdido más de un millón de empleos formales, ha aumentado la informalidad y se han creado más de 360.000 puestos en el sector público.

Que necesitamos un cambio de rumbo es cierto. Que más de la mitad del crecimiento económico lo genere el sector público es insostenible. Que la corrupción siga acabando con Ecopetrol, con ISA y con muchas otras compañías y entidades del Gobierno, no aguanta más.

Estamos ad portas de una de las elecciones más importantes de nuestra historia republicana. No están fáciles. Petro está utilizando al Estado para reelegir a su heredero. Iván Cepeda es un comunista consumado, educado en la cortina de hierro en Bulgaria, miembro de las juventudes comunistas, amigo de los regímenes cubano y venezolano, pero sobre todo muy cercano a los grupos guerrilleros. Si gana el heredero, tendremos los peores años económicos del país más una gran probabilidad de perder la democracia.

Colombia no puede ir al contrario que el resto de la región que ha logrado sacar a estos corruptos comunistas como Correa en Ecuador, los Kirchner en Argentina y Maduro en Venezuela. Esperemos muy pronto a Díaz Canel de Cuba.

Si me preguntan cuál es la característica más importante que necesitamos del nuevo presidente o del nuevo Gobierno, diría sin dudarlo que tenga autoridad. Los principales problemas del país los podemos sacar adelante con esto.

No necesitamos leyes nuevas. De hecho, tenemos demasiadas; lo que necesitamos es que los colombianos las cumplan.

No necesitamos cambiar la justicia. Lo que se necesita es que opere y funcione para todos por igual.

No necesitamos tener un presupuesto más grande para hacer obras. Necesitamos que no se roben los recursos y que lleguen a donde más se requieren.

Aunque son solo algunos ejemplos, todos estos se solucionan con autoridad. Un jefe que dé la orden y que muestre que las cosas se hacen o se hacen.

Para todo lo anterior se requiere, adicionalmente, que el gobernante que llegue no tenga compromisos diferentes que con quienes lo eligieron. Las castas politiqueras deben salir de la ecuación. Es muy difícil gobernar y salir adelante con compromisos con corruptos que están acostumbrados a vivir de la teta del Estado en cualquier Gobierno, así este sea el de Petro.

Si Colombia fuera una empresa e hiciéramos una planeación estratégica, estoy seguro de que tendríamos como mínimo hacer los siguiente:

Disminuir el tamaño del Estado mínimo un 30 %. Esto incluye acabar con entidades que no sirven, pero sí gastan y estorban. Así como cerrar embajadas abiertas por este Gobierno.

Disminuir los gastos suntuarios de empleados públicos como viajes, carros, escoltas y demás. Colombia se tiene que ‘destoyotizar’.

Poner a funcionar a tope las vacas lecheras como Ecopetrol que debe empezar a hacer fracking. Se deben entregar sitios de exploración y cambiar a toda su dirigencia. El sector minero energético se debe fomentar y ahí tenemos muchos recursos.

Los nuevos nombramientos se deben hacer sobre la base de las competencias de los elegidos y no por recomendaciones políticas.

Por todo lo anterior, creo que el único candidato capaz de hacer todo esto es Abelardo de la Espriella. Por eso, voy a votar por él.