Hace unos años, algunos entrenadores y deportistas llevaron su experiencia y modo de trabajo a la gestión empresarial, así como sus metodologías de trabajo y de seguimiento. Se escribieron bastantes libros sobre el tema. Palabras como el coaching, el entrenamiento y el balance scorecard empezaron a ser pan de cada día en las empresas con buenos resultados.
El trabajo, el acondicionamiento y la disciplina que debe tener un deportista de alto rendimiento son muy superiores. Se necesita mucho esfuerzo para estar en la élite, mucho más del que necesita un ejecutivo para ser sobresaliente. Por eso llevar de la cancha deportiva a la empresa esta metodología resultó exitoso.
Los equipos de alto desempeño en las compañías se acostumbraron rápidamente a que los grupos tuvieran un coach, a trabajar en equipo y, sobre todo, al modelo de seguimiento del balance scorecard. Allí se lleva el día a día del trabajo que debe hacer cada individuo frente al presupuesto.
Para poder acomodar este modelo en las empresas, es indispensable que exista la posibilidad de que una parte de la remuneración sea variable y se entregue por resultados frente al presupuesto. Cada individuo que tiene una meta sabe que si la cumple o la sobrepasa, va a recibir algo adicional por su buen desempeño. Se puede dar el caso de que lo entregado adicionalmente no sea en dinero, sino en especie. Temas como un día libre, un viaje o un regalo o reconocimiento son usuales en esto.
Toda esta metodología es incompatible con el sector público. En ese trabajo, la remuneración variable por resultados es muy escasa, casi nula. Es por eso, en parte, que la productividad en ese sector es mucho menor que la del sector privado.
Cuando vemos que durante el gobierno de Gustavo Petro se crearon más de 900.000 nuevos puestos de trabajo en el sector público, puede uno ver la destrucción de valor tan grande que se generó. La gran mayoría de estos cargos estaban doblados. O sea que ya existían y no se necesitaban, no tenían presupuesto ni gestión medible y mucho menos podían tener estas personas pasión por su trabajo. Eran simplemente una corbata más.
El aumento de la deuda del gobierno como porcentaje del PIB llegó al 61 %, dato nunca antes visto. La mayoría de esa deuda se fue a gastos de funcionamiento, a grasa. No existen prácticamente obras de infraestructura para mostrar; nada de lo que se comprometieron lo sacaron adelante. Créanme que yo sí quería ver ese túnel bajo Soacha de la Autopista Sur o el tren elevado desde Buenaventura hasta Barranquilla. Pero estos solo se construyeron en la mente de Petro. Ni qué pensar de la cantidad de universidades, colegios, aeropuertos que dijo iba a construir, y nada de eso pasó.
Por todo lo anterior, así no les guste a los socialistas, entre más pequeño sea el Estado y más fuerte la iniciativa privada, existen mejores probabilidades de desarrollo económico, de empleo formal mejor remunerado y óptimas condiciones de vida en general de la población.