A veces me pregunto por qué le pedimos a otros que hagan la tarea por nosotros y no vemos muy seriamente la misión que cada uno tiene en la sociedad. Pensamos más en derechos que en deberes, en lo que haríamos si fuéramos grandes líderes y en lo mal que lo hacen los políticos o los jefes de turno.

Pensé en el mundial, que creo es la mejor noticia que el entorno está dando. Podemos celebrar que exista, aunque ni sepamos quién va a ganar, pero simplemente saber que va a ocurrir es motivo de celebración para quienes nos gusta el futbol. Y pensando en Mundial, vi a la gran Shakira y llegué a la conversación con unas amigas de lo grande que es una artista que se preocupa también por la educación y por dejar algo al mundo más allá de su talento.

Y es que existe una narrativa tradicional que ubica a las estrellas globales de la música o a los artistas en general en una burbuja de privilegios, desconectadas de las realidades complejas de los entornos que las vieron nacer o de los países que los compran. Sin embargo, cuando observamos el impacto de figuras que han decidido usar su plataforma para desafiar problemáticas estructurales, esa perspectiva se queda corta. Lo que hacen va mucho más allá de un concierto gratis o una foto sexy para redes; representa un modelo de gestión social que combina visibilidad, persistencia y una notable capacidad de articulación multisectorial.

Yo creo que el verdadero poder de un artista en el terreno social no radica únicamente en su capacidad para donar y donar, sino en su poder de convocatoria y en la sostenibilidad de sus apuestas. Shakira ha sido un referente indiscutible en este sentido, demostrando que enfocar los esfuerzos en la educación pública y la primera infancia, a través de la Fundación Pies Descalzos, no es un acto de caridad intermitente. Al construir colegios de calidad en zonas históricamente marginadas de Colombia, su labor no solo transforma el entorno inmediato de miles de niños y sus familias, sino que desafía al sector privado y al Estado a elevar sus propios estándares de inversión social, operando como un motor que acelera soluciones estructurales. ¡Grande Shaki!

También pensé que ella no es la única, afortunadamente. Esta capacidad de tender puentes entre las necesidades más urgentes de las comunidades y actores de decisión del mundo se evidencia también en la trayectoria de Bono. A través de iniciativas como la campaña ONE y la marca RED, el líder de U2 no solo logró recaudar fondos masivos para combatir el VIH/sida y la pobreza extrema en África, sino que sentó a jefes de Estado y directores de corporaciones multinacionales en la misma mesa para reformular políticas públicas y condonaciones de deuda. Su enfoque demostró que el activismo que proviene del arte puede, con absoluta rigurosidad, hablar el lenguaje de la macroeconomía y la diplomacia internacional. El verdadero activismo, por supuesto, es el que construye y alza la voz con respeto para generar cambios.

Y me dejé llevar recordando al gran Chris Martin, líder de Coldplay, que ha liderado un cambio de paradigma en la música en vivo al condicionar sus giras mundiales a estrictos protocolos de sostenibilidad ambiental, reduciendo drásticamente las emisiones de carbono y financiando tecnologías de limpieza de océanos.

Que lindo ver un ejercicio de coherencia donde el mensaje no solo se canta, sino que se ejecuta en la logística interna del negocio.

Analizar estos fenómenos invita a reflexionar sobre la responsabilidad que acompaña a la influencia. Cuando un artista se involucra de manera genuina, rigurosa y profesional en una causa, desmitifica la idea de que los cambios profundos son imposibles y ofrece un espejo donde el liderazgo empresarial y político debería mirarse con más frecuencia.

Al final del día, el legado de estos bellos personajes no se medirá solo por los premios acumulados en sus vitrinas o los likes en las plataformas digitales, sino por el número de historias de vida que lograron cambiar de rumbo gracias a una oportunidad real. Y entonces la pregunta viene, no soy artista, pero tal vez sí puedo hacer algo por mi entorno. Porque seguro lo que haces hoy se te devolverá en pura energía bonita. ¿Qué estás haciendo tu?