¿Qué cambió en la forma de entender el agua para que Coca-Cola pasara de una gestión operativa a una estrategia integral con comunidades y ecosistemas?

Juan Corredor (J.C.): El agua es uno de los mayores activos naturales de Colombia y, al mismo tiempo, uno de los grandes desafíos para muchas comunidades. Para el Sistema Coca-Cola en Colombia, cuidar este recurso significa trabajar junto con otros para contribuir a la seguridad hídrica de los territorios donde estamos presentes.

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Con el tiempo entendimos que hablar de este líquido va mucho más allá del uso eficiente en nuestras operaciones. Esa visión nos llevó a evolucionar hacia una estrategia integral que conecta dos dimensiones: la protección de los ecosistemas y el trabajo conjunto con las comunidades para fortalecer el acceso a agua segura.

Hoy promovemos soluciones construidas con aliados locales, organizaciones sociales y comunidades, integrando conservación ambiental, infraestructura, fortalecimiento de capacidades y apropiación comunitaria.

Juan Pablo Corredor, director de Asuntos Públicos, Comunicaciones y Sostenibilidad de Coca-Cola para Colombia y Venezuela. Foto: Cortesía Coca-Cola Colombia

Uno de los pilares de esta estrategia es Agua por el Futuro. ¿En qué consiste y cómo se construyen las alianzas para proteger ecosistemas estratégicos?

Juan Corredor (J. C.): Agua por el Futuro hace parte de nuestra estrategia integral de gestión del agua y busca contribuir a la conservación y restauración de ecosistemas estratégicos para la regulación hídrica.

Lo desarrollamos junto con el Fondo de Agua de Bogotá - Agua Somos, propietarios de predios, comunidades y otros aliados que conocen el territorio. Actualmente contribuimos a la protección de más de 1.500 hectáreas de ecosistemas estratégicos mediante acciones de restauración ecológica, protección de nacimientos de agua, cercas vivas, monitoreo ambiental y sistemas de recolección de agua lluvia.

En este trabajo, la participación de quienes viven en estos territorios es indispensable para que las acciones perduren.

¿Qué criterios utiliza Coca-Cola para priorizar los territorios donde interviene?

J. C.: Priorizamos territorios aledaños a nuestra operación para proteger los ecosistemas que nos rodean y donde existen mayores desafíos relacionados con el acceso a agua. También buscamos aliados con presencia y conocimiento del territorio, porque las soluciones solo funcionan cuando responden a las necesidades reales de cada comunidad.

Cada proyecto comienza escuchando. Conversamos con líderes comunitarios, organizaciones locales y aliados técnicos para comprender las condiciones ambientales, sociales e institucionales. No existen soluciones únicas; por eso, en algunos lugares acompañamos la instalación de plantas potabilizadoras; en otros, filtros comunitarios o domiciliarios; y en varios, procesos de conservación para proteger las fuentes de agua.

Coca-Cola Colombia trabaja con comunidades de diferentes partes del país. Foto: Cortesía Coca-Cola Colombia

¿Cómo mide Coca-Cola el impacto de sus proyectos?

J. C.: Evaluamos resultados ambientales y sociales porque entendemos que ambos son necesarios para contribuir a la seguridad hídrica.

En conservación hacemos seguimiento a indicadores como hectáreas protegidas y restauradas, predios vinculados y acuerdos voluntarios. En acceso a agua segura medimos familias beneficiadas, capacidad de tratamiento, litros de agua potabilizados y cobertura alcanzada.

También damos seguimiento a aspectos como la participación comunitaria, el fortalecimiento de capacidades locales y la continuidad de las iniciativas.

¿Cómo garantizan que estas soluciones sean sostenibles en el tiempo y cuenten con una verdadera apropiación comunitaria?

J. C.: Desde el inicio las comunidades participan en la construcción de cada proyecto. Promovemos espacios de gobernanza, procesos de formación y acompañamiento técnico para fortalecer capacidades locales.

Buscamos que las personas conozcan el funcionamiento de las soluciones y puedan operarlas y hacerles mantenimiento. Cuando una comunidad participa desde el comienzo y hace suyo el proyecto, aumentan significativamente las posibilidades de que permanezca en el tiempo.

Las soluciones generan mayor valor cuando se construyen desde el conocimiento del territorio y sus comunidades. Foto: Cortesía Coca-Cola Colombia

¿Cuál ha sido el principal aprendizaje de trabajar con las comunidades?

J. C.: El mayor aprendizaje es que las mejores soluciones no se diseñan desde una oficina; se construyen escuchando a quienes conocen el territorio.

Después de casi 100 años de presencia en Colombia hemos aprendido que el diálogo es una herramienta para construir confianza, entender mejor los desafíos y encontrar soluciones más pertinentes. Las alianzas permiten combinar conocimiento local, experiencia técnica y capacidades de diferentes actores para generar un mayor impacto.

Además, nos ha enseñado que contribuir al desarrollo de los territorios significa, ante todo, construir confianza y trabajar junto con otros para desarrollar soluciones más pertinentes. Esa visión inspira la manera como trabajamos hoy con diferentes actores para contribuir al cuidado del agua y al desarrollo local.

¿Cómo se construye en la práctica esa gobernanza compartida con las comunidades?

J. C.: Para nosotros la gobernanza significa construir las decisiones junto con quienes hacen parte del territorio.

Un ejemplo es Agua Viva, donde incluso el nombre y la identidad del proyecto fueron construidos conjuntamente durante una mesa de gobernanza. Las comunidades son protagonistas de su implementación, cuidado y continuidad.

Juan Pablo Corredor, director sénior de Asuntos Públicos, Comunicaciones y Sostenibilidad en Coca-Cola para Colombia y Venezuela Foto: Paula López

¿Cómo pueden escalar estos modelos de acceso a agua y qué papel tienen las alianzas?

J. C.: La magnitud del desafío demuestra que ningún actor tiene todas las respuestas. Avanzar requiere sumar capacidades entre comunidades, organizaciones sociales, academia, empresas y Estado.

Cada uno aporta algo distinto: las comunidades conocen el territorio; las organizaciones sociales acompañan los procesos; el Estado fortalece la articulación institucional; y las empresas contribuyen con capacidades técnicas, innovación y recursos.

Cuando esos esfuerzos convergen es posible desarrollar soluciones más pertinentes y con mayores posibilidades de permanecer en el tiempo.