Gran Bretaña, uno de los países más vapuleados por la crisis del coronavirus, está fuertemente empeñado en la reapertura y por eso no resulta nada raro que 12.000 espectadores se hayan congregado en el tercer día de las carreras, conocido como el Ladies Day.
Tradicionalmente, es la fecha dedicada a las damas, quienes brindan ese día un inusual derroche de sombreros llamativos por sus formas, tamaños, colorido y materiales. Así, si bien se trata de una competencia de caballos, la ocasión resulta también una verdadera batalla en los terrenos de la coquetería del vestido y los accesorios.
Este año, si la pandemia no desinfló los ánimos, mucho menos pudo hacerlo la lluvia que acompañó la jornada, luego de los soleados días anteriores.
El espectáculo, como siempre, no desilusionó y empezaron a desfilar las más encopetadas del reino con su extravagante moda para la cabeza.
Se vieron pavas, pamelas y fedoras, adornados con desmesurados arreglos de plumas de avestruz, pitillos, cintas, flores, tules, en fin, todo se vale. También son muy comunes los fascinators, que no cubren toda la cabeza y son más que todo un ornamento con lazos o plumas.
La crónica de moda resaltó además que la singularidad propia del Ladies Day ya no se reduce a los sombreros, como sucedió durante muchos años, sino que los atuendos elegidos por las asistentes también son motivo de asombro por sus colores y diseños. Algunos grupos optan por ir uniformados, al estilo de las comparsas de carnaval.
Este año, la gran ausente es la reina Isabel y eso es mucho decir, pues Ascot es su cita favorita del nutrido calendario de actividades de primavera y verano. Es la segunda vez que Isabel no asiste a las carreras en sus 69 años de reinado, debido, como sucedió en 2020, a las restricciones por la pandemia.
No hay que olvidar que la reina es una de las principales caballistas de Gran Bretaña, así que sus ejemplares suelen estar presentes en las carreras.
Sin embargo, la familia real no ha estado para nada ausente. Alguien tenía que recibir a los invitados en el palco real y de ello se han encargado el príncipe Carlos y su esposa Camilla, duquesa de Cornualles.
Así mismo, se hizo presente su hermana Ana, la Princesa Real, otra devota de los caballos como su madre. Su pasión por la hípica ha sido tal, que representó a su país en los Olímpicos de Montreal, en 1976.
El otro hijo de la reina que asistió fue Eduardo, conde de Wessex, acompañado por su esposa Sophie.
La presencia de la realeza en Ascot es prácticamente una cuestión obligada, no solo por el apego de los Windsor a los caballos, sino por los nexos de las carreras con la familia real desde sus inicios.
De hecho, fue la reina Anne quien estableció el torneo en 1711. Por otro lado, los terrenos en que se levanta el estadio donde tiene lugar la competencia, muy cerca del castillo de Windsor, son de propiedad de la corona, que se los arrienda a la organización.
En cuanto al Ladies Day, es una costumbre que nació en 1823, cuando un poeta anónimo describió el tercer día (que siempre suele ser un jueves) como “el día de las damas, en el cual ellas lucían como ángeles, dulcemente divinas”. Otras versiones apuntan a que se le llama así porque, antiguamente, era cuando las mujeres recibían tiquetes gratis o con descuento.
El esmero que, tanto hombres como mujeres ponen en sus atuendos va más allá de la vanidad de cada cual. Por un lado, el evento tiene una estricta etiqueta, que determina que ellos deben acudir en morning dress o vestido de día, que consiste en sacoleva, chaleco y chistera. Las mujeres no pueden llevar vestidos muy escotados y no se permiten los vaqueros ni los zapatos tenis. La otra razón para sacar el baúl y la tapa es la presencia de la reina.
“En esta era en que está de moda la informalidad, esta es una buena ocasión para vestirse bien”, le explicó a The Telegraph Rachel Trevor-Morgan, una de las sombrereras favoritas de las mujeres de la realeza, junto con Philip Treacy.