El pasado domingo, uno de los mejores jugadores del deporte blanco en todos los tiempos recordó a admiradores y rivales por qué pasará a la historia. En una Rod Laver Arena a reventar, Roger Federer completó un regreso improbable cuando venció en cinco sets a su eterno rival, Rafael Nadal, en la final del Abierto de Australia. Así, el suizo se consolida como el mayor ganador de Grand Slams (18) y de paso regresó al top 10 del escalafón ATP después de seis meses fuera de las canchas tras una visita al quirófano por una lesión en la rodilla. FedExpress confesó que pensaba que no pasaría de los cuartos de final, pero disfrutó de la victoria, que había dejado de saborear desde Wimbledon 2012. Es difícil saber si podrá mantener una racha ganadora, pero así sea por una última vez, Federer besó la victoria.