10 de agosto, un sismo de magnitud 7,4 sacudió el país, afectando 16 departamentos y 498 municipios, dejando más de 661.000 personas damnificadas. Mientras en las zonas más golpeadas por la tragedia comenzaban las labores de búsqueda y rescate, atención prehospitalaria, evaluación de necesidades y restablecimiento de contactos familiares, a cientos de kilómetros se activaba otra operación: recibir, organizar y movilizar la ayuda que empezaba a llegar desde distintos puntos de Colombia.
En Bogotá, la Cruz Roja Colombiana Seccional Cundinamarca y Bogotá convirtió sus capacidades logísticas en un centro de respuesta. La campaña #TuAyudaSuma, en articulación con la Alcaldía Mayor de Bogotá, habilitó inicialmente cuatro puntos de acopio. La respuesta ciudadana superó las expectativas y llevó a ampliar la capacidad de recepción y logística.
Personas que llegaron con alimentos, familias que reunieron elementos de aseo, empresas que aportaron productos y organizaciones que facilitaron transporte y capacidades logísticas hicieron parte de una misma cadena. Durante los primeros días, la operación funcionó las 24 horas, mientras los equipos recibían, clasificaban, almacenaban y despachaban las ayudas.
Detrás de esta operación hubo una estructura humana que sostuvo la respuesta en Bogotá y en los territorios afectados: 741 voluntarios de la Cruz Roja Colombiana Seccional Cundinamarca y Bogotá participaron en diferentes frentes. 593 permanecieron en Bogotá, 88 fueron desplegados al Chocó, donde fue el epicentro, para participar en las acciones de atención a las comunidades. La respuesta también llegó a otras zonas: 52 voluntarios se movilizaron a Pereira, seis a Cali y dos a Buenaventura.
Mientras unos enfrentaban en territorio largas jornadas, dificultades de acceso y condiciones cambiantes, cientos más sostenían desde la capital del país las acciones solidarias que hacían posible que la ayuda continuara avanzando.
El resultado fue una operación que alcanzó las 3.377 toneladas de ayudas, entre mercados, kits de emergencia, productos de aseo y otros elementos esenciales destinados a las personas afectadas. Con el paso de las horas, a las labores de búsqueda y rescate se sumaron acciones que permitieran garantizar alimentación, agua, artículos de primera necesidad, acompañamiento y apoyo a familias y personas que habían perdido sus viviendas, pertenencias, medios de subsistencia y en muchos casos también a sus seres queridos.
En una emergencia de esta magnitud, la capacidad de respuesta no depende únicamente de lo que sucede en el territorio. También se construye a partir de la confianza y de alianzas que permiten sumar recursos, canales y capacidades.
En esa cadena se encuentra Servibanca, que cuenta con mecanismos para facilitar las donaciones a la Cruz Roja Colombiana Seccional Cundinamarca y Bogotá a través de su red de cajeros. Así, una acción cotidiana puede convertirse en un aporte a la atención de necesidades humanitarias. La alianza refleja una idea que cobró especial relevancia durante la emergencia: la solidaridad necesita organización para convertirse en ayuda efectiva. Empresas, instituciones y ciudadanos pueden aportar recursos, productos, transporte, capacidades logísticas o mecanismos que faciliten la movilización de esas contribuciones.
Y la respuesta no termina con la entrega de un mercado o un kit. La Cruz Roja continúa acompañando a las comunidades en procesos que pueden extenderse durante meses, con acciones orientadas a recuperar condiciones básicas, medios de vida y entornos seguros. El terremoto ocurrió en segundos. La respuesta tomó forma durante días y continúa para apoyar todo el proceso de reconstrucción.
*Contenido elaborado con el apoyo de Servibanca