La calidad del aire se ha convertido en uno de los principales desafíos ambientales y de salud pública de Bogotá, especialmente en el suroccidente de la ciudad, donde se concentra una mayor carga de contaminación y también una población más vulnerable.
En localidades como Ciudad Bolívar, Kennedy, Bosa, Puente Aranda y Tunjuelito se genera el 37 % de las emisiones de material particulado fino, uno de los contaminantes más nocivos para la salud. En esta zona, además, los indicadores de mortalidad por enfermedades cardiovasculares y respiratorias superan el promedio distrital.
De acuerdo con el Inventario de Emisiones Contaminantes de Bogotá 2023, publicado en 2025, más del 70 % del material particulado fino en la ciudad está asociado a tres factores: el polvo de las vías sin pavimentar, la combustión de fuentes móviles y las obras viales con maquinaria pesada.
“Este panorama nos llevó, desde la Alcaldía Galán, a concentrar las acciones donde el impacto sobre la salud es mayor. Por eso hemos desplegado una estrategia integral que combina monitoreo permanente, control a las fuentes contaminantes, intervenciones en el territorio con un esfuerzo sin precedentes en reverdecimiento y apoyo internacional” dijo Adriana Soto, Secretaria de Ambiente de Bogotá.
Uno de los primeros frentes ha sido fortalecer el monitoreo y el control. Bogotá cuenta con una red de 19 estaciones de monitoreo de calidad del aire y 70 microsensores instalados en puntos estratégicos para identificar focos de contaminación. A esto se suman 1.278 operativos de control a fuentes móviles y 235 visitas de seguimiento a fuentes fijas industriales realizadas en los dos años de la actual administración.
La principal apuesta territorial del Distrito son las Zonas Urbanas por un Mejor Aire, ZUMA, una estrategia que articula reverdecimiento urbano, pavimentación de vías, mejoramiento del espacio público y control de emisiones en sectores priorizados del suroccidente de Bogotá. La primera de estas zonas se ubica en Bosa-Apogeo, un sector de 2,2 km² donde viven cerca de 35.000 personas, entre ellas 10.000 niños menores de 10 años y adultos mayores de 60.
Aquí, el paso de la planeación a la ejecución ya deja resultados como el mantenimiento de vías, siembra de árboles, fortalecimiento de huertas, instalación de nuevos sensores y operativos de control ambiental. Para 2026 el plan contempla nuevas intervenciones, incluyendo la transformación de espacios públicos, la renaturalización de áreas críticas y mejoras en infraestructura peatonal.
Entre los proyectos más relevantes está la intervención en el entorno del Jardín Infantil Olarte, que beneficiará directamente a 136 niños y a miles de personas del sector, así como la recuperación de una vía paralela a la Avenida Villavicencio, hoy identificada como una fuente significativa de material particulado.
Acciones que impactan
La ciudad también avanza en la definición de una segunda ZUMA. En febrero de 2026, las secretarías de Ambiente, Movilidad y Planeación seleccionaron a Ciudad Bolívar como la nueva zona prioritaria, con una extensión aproximada de 2,95 km². Su declaratoria oficial está prevista para mediados de este año.
La estrategia también se expande más allá del polígono inicial, pues bajo el concepto de “ZUMA 1.000”, el Distrito ha extendido las acciones a un radio de un kilómetro, con más árboles, huertas y jardines urbanos. Y ya se prepara la declaratoria de una segunda ZUMA en el sector de Ismael Perdomo, en Ciudad Bolívar, prevista para mediados de 2026.
A estas acciones se suma la activación de Foncarga, el fondo para la renovación de vehículos de carga liviana y mediana de Bogotá. Aunque fue creado en 2021, permanecía inactivo. Según la Secretaría Distrital de Ambiente, en esta administración fue reglamentado y hoy cuenta con 12.133 millones de pesos para su implementación. El programa ofrece entre 25 % y 50 % del valor de un vehículo nuevo y financiamiento con condiciones preferenciales a través de Bancóldex.
El programa está dirigido a vehículos de carga liviana y mediana matriculados en Bogotá, con prioridad para transportadores que operan en zonas con altos niveles de contaminación, como Bosa-Apogeo.
La apuesta de la Alcaldía Galán apunta a intervenir el desafío de la calidad del aire con mayor precisión territorial, fortalecer el control sobre las fuentes contaminantes y concentrar esfuerzos en las zonas donde respirar aire más limpio también es una condición de equidad.
Este conjunto de acciones ha comenzado a posicionar a Bogotá en el escenario global, y muestra de ello es que en 2025 la ciudad fue reconocida con el Earthshot Prize en la categoría “Clean Our Air”, convirtiéndose en la primera de América Latina en recibir este galardón. El reconocimiento, otorgado entre más de 2.400 iniciativas de 72 países, respalda una apuesta que combina movilidad limpia, justicia ambiental y transformación urbana.
La cooperación internacional también ha sido clave en este proceso, por eso, organizaciones como C40 Cities, el Banco Interamericano de Desarrollo y programas como Breathe Cities han aportado asistencia técnica, recursos y conocimiento para fortalecer las intervenciones y acelerar su implementación.
En el fondo, el paquete de soluciones implementado por la Alcaldía no solo busca reducir las cifras de contaminación, también apunta a cerrar brechas históricas en las zonas de la ciudad más afectadas, donde la calidad del aire se cruza con condiciones sociales, acceso a servicios y salud pública. En esos sectores, donde durante años respirar aire contaminado ha sido parte de la vida diaria, cada árbol sembrado, cada vía pavimentada y cada sensor instalado empiezan a cambiar esa realidad y a garantizar algo básico: poder respirar mejor.
*Contenido elaborado con apoyo de la Secretaría de Ambiente de Bogotá