Hay negocios que nacen de un plan de expansión y otros que empiezan con una necesidad. El de Doña Rosa comenzó en 1986 con una meta concreta: sacar adelante a sus hijos. Con trabajo y disciplina, aquella iniciativa familiar fue creciendo hasta convertirse en Asados Doña Rosa, una empresa que hoy representa el sustento de más de 250 familias.
Cuatro décadas después, la historia no se cuenta solamente desde sus restaurantes, sino que también se puede leer en las mesas que han reunido a varias generaciones, en los clientes que regresan y en los visitantes nacionales y extranjeros que encuentran allí una aproximación a los sabores y las costumbres de Antioquia. La gastronomía terminó siendo el punto de partida de una relación más amplia con quienes han acompañado este recorrido.
Hoy, los hijos de doña Rosa son quienes están al frente de la compañía y tienen la tarea de continuar el negocio. Con la administración recibieron también una enseñanza que su madre considera parte esencial del legado: aprender a trabajar, a soñar y, sobre todo, a generar empleo, “a entender que siempre se puede ayudar a una familia más”, asegura doña Rosa.
Esa idea también está detrás de Viento Verde, el nuevo proyecto de la compañía. Se trata de un hotel que estará ubicado a 500 metros del Aeropuerto Internacional José María Córdova y que se conectará con la sede principal de Asados Doña Rosa para integrar gastronomía, hospitalidad y servicio en una misma experiencia.
Pero la nueva operación tiene una dimensión que va más allá de la infraestructura. Viento Verde proyecta generar oportunidades para otras 40 familias. Es la manera en que una filosofía empresarial, construida durante cuatro décadas, vuelve a traducirse en empleo.
Para doña Rosa construir empresa nunca ha significado únicamente crecer, significa que detrás de cada nuevo proyecto haya una persona que pueda llevar un ingreso a su hogar, una familia que avance y una nueva generación que mire hacia adelante.
Por eso, después de 40 años, la pregunta que guía esta etapa no parece ser cuánto ha crecido la compañía, sino a cuántas personas puede llegar su crecimiento. Las utilidades permiten sostener y ampliar un negocio, pero el impacto en las personas es lo que, para su fundadora, termina dando sentido a lo construido.
La respuesta está en una historia que empezó con una familia y hoy involucra a cientos de hogares, y también en lo que viene: una segunda generación al frente, un nuevo proyecto y la posibilidad de seguir convirtiendo cada expansión en una oportunidad.
Alrededor de una mesa comenzó esta historia. Cuatro décadas después, esa mesa representa mucho más que la gastronomía: es el punto de encuentro entre tradición, trabajo y futuro. Ese es el sello con el que Asados Doña Rosa llega a sus 40 años: servir con amor, sabor y tradición. Y ese es también es el propósito de Viento Verde: ser un nuevo sueño para seguir creando oportunidades, recibir, conectar y cuidar el descanso de sus visitantes.
*Contenido elaborado con el apoyo de Asado Doña Rosa