A los 16 años, mientras terminaba el bachillerato, Jonh Jairo Méndez Arteaga atendía mesas los fines de semana en el club San Simón de Ibagué, donde también trabajaba su madre. Hoy dirige la Universidad del Tolima (UT), la misma institución pública en la que fue estudiante, docente, investigador y vicerrector antes de llegar a la rectoría para el periodo 2026-2030.

Entre ambos momentos hay una carrera de más de dos décadas en la academia y una convicción que lo acompaña desde aquellos años. “Para mí la educación es todo. Una sociedad, si no se educa, es una sociedad que está condenada a no transformarse, a no tener esperanza, a no tener futuro”.

Méndez creció en el barrio Gaitán, hijo de un maestro de la construcción y de Gloria Blanca Arteaga, ama de casa que nunca aceptó la pobreza como destino. Era una familia numerosa, de siete hijos. “Tuve una madre que siempre pensó en salir adelante y nos inculcó el amor por estudiar”, recuerda. En la casa regía una norma sin excepciones: “Al que perdiera un año no le podían dar más educación porque no teníamos recursos”.

Por eso, a Jonh Jairo el estudio y la ciencia le interesaron desde niño. “Siempre estaba revisando plantas, inquietudes, haciéndome preguntas por el mundo”, recuerda. Esto lo llevó a la Licenciatura en Biología y Química de la UT, porque en Ibagué las oportunidades para estudiar Medicina o Ingeniería Química eran escasas.

Después de graduarse del pregrado, trabajó en un laboratorio de suelos hasta que, a los 28 años, obtuvo una beca para un doctorado en Europa y dudó en aceptarla. Su madre, que había estudiado hasta 4° de primaria, le pidió una botella de vino para compartirla y le dio lo que él recuerda como el regaño más grande de su vida: sería un inepto –le dijo– si se quedaba en Colombia pudiendo formarse afuera.

Así tomó la decisión de cruzar el Atlántico y se doctoró en Ciencias Químicas en la Universidad de Lleida, en Cataluña. Cuando pensaba quedarse en España, su director de tesis lo disuadió: “No vas a ser tan grande aquí como en Colombia, tu país necesita gente como tú”.

La inteligencia artificial, la transformación digital y la inclusión hacen parte de la hoja de ruta de Jonh Jairo Méndez para la Universidad del Tolima Foto: Suministrada / API

Llevar la ciencia al territorio

De regreso se vinculó como profesor de planta de la UT. La gestión lo llevó a la Dirección de Investigaciones y a dos vicerrectorías, pero las aulas siguen siendo su lugar preferido pues “la docencia es una de las cosas que más le gustan.

A lo largo de su carrera calcula que ha tenido contacto directo con cerca de 5.000 estudiantes. Su trabajo también lo llevó a escenarios nacionales como consejero de MinCiencias, delegado de las universidades públicas ante el OCAD de Ciencia, Tecnología e Innovación, y miembro de la sala de Conaces en ciencias básicas. “Hacer ciencia en una región no es fácil, en un país tan centralista como Colombia”, afirma.

Como investigador integra GIPRONUT, un grupo de productos naturales fundado en 1997 y categorizado en A1, con el que ha publicado 13 libros y 42 artículos científicos. En su opinión un artículo que no trasciende a la comunidad pierde su razón de ser, “pues esa investigación se queda en el aire”. Y para ilustrarlo pone como ejemplo el café. “Hace 20 años, el café en Colombia era café, ya está. Hoy hablamos de café especial, de diferentes variedades de sabor y texturas”. De estos estudios surgió la Escuela Regional de Café, que ha formado a más de 1.250 técnicos laborales.

“La universidad es una empresa de educación, de formación, que vende esperanza”, sostiene. Para el rector, esa esperanza pesa más en una universidad pública con estudiantes de estratos 1 y 2, “que es donde quizás algunos hemos tenido la única oportunidad de estudiar”.

Jonh Jairo Méndez Arteaga, rector de la Universidad del Tolima para el periodo 2026-2030, busca ampliar el acceso a la educación superior y fortalecer la presencia de la institución en los territorios. Foto: Suministrada / API

IA y transformación digital

Su plan busca llevar esa oportunidad más lejos. La UT tiene presencia en nueve departamentos y prepara una sede sur en Chaparral, que según el rector “se va a convertir en polo de desarrollo del sur del Tolima”. Tendrá docencia, investigación y extensión, y la administración gestiona con el gobierno departamental una sede similar en Mariquita.

Ese plan se articula en siete compromisos con la ciudadanía. Son un tablero público de seguimiento con informes trimestrales, un sistema integral de permanencia estudiantil, un ecosistema híbrido y virtual que va más allá de la clase en línea, una estrategia de transferencia de conocimiento con propiedad intelectual y licenciamiento, una política de internacionalización, el programa UT Territorio (con observatorios, mesas técnicas y proyectos con municipios y comunidades) y un enfoque de inclusión, diversidad y género.

La transformación digital y la inteligencia artificial ocupan un lugar central en esa agenda. Para Méndez, el reto obliga a los profesores a cambiar sus formas de enseñar y evaluar, y a los estudiantes a usar las herramientas sin depender de ellas.

En lo financiero, el diagnóstico es el mismo para todo el sistema: “Al igual que el resto de universidades públicas del país, estamos desfinanciados”, pero la respuesta de su gestión pasará por diversificar ingresos con extensión, regalías y cooperación internacional, una tarea para la que, asegura, en la UT se han “vuelto expertos en formulación de proyectos”.

*Contenido elaborado con el apoyo de la Universidad del Tolima