La Educación Superior enfrenta una doble presión estructural. Por un lado, debe adaptarse a un entorno global donde el conocimiento no reconoce fronteras y, por el otro, debe cerrar brechas históricas en el acceso de las mujeres a posiciones de liderazgo. Ambos procesos, lejos de ser aislados, empiezan a entrelazarse en la redefinición de los modelos académicos.

“La internacionalización ha dejado de ser una opción de prestigio para convertirse en un componente estratégico y esencial”, plantea Simone Sato, decana de la Facultad de Medicina, Salud y Deportes de la Universidad Europea de Madrid. Pero su diagnóstico va más allá del ámbito académico porque asegura que el tránsito hacia una educación global también exige liderazgos más diversos y representativos.

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De acuerdo con la docente, las universidades están obligadas a formar profesionales capaces de operar en entornos multiculturales y de alta incertidumbre. “Vivimos en un entorno donde el conocimiento circula de forma inmediata y los grandes retos son globales por definición”, afirma Sato.

Internacionalización con impacto real

El cambio que requiere la educación no solo se queda en discursos. En la Universidad Europea este plan de internacionalización se traduce en el desarrollo de competencias específicas como adaptación, pensamiento crítico, colaboración transversal y toma de decisiones basada en datos. “Esto implica desarrollar una mirada global, pero también habilidades muy concretas que hoy son indispensables”, señala.

Simone Sato, decana de la Facultad de Medicina, Salud y Deportes de la Universidad Europea de Madrid. Foto: Universidad Europea de Madrid - API

En esa lógica, la Institución consolidó un modelo que traslada esa dimensión global al aula. Con cerca del 40% de estudiantes internacionales de más de cien nacionalidades, el entorno formativo se convierte en un espacio de interacción multicultural constante.

“Esa diversidad permite convivir y trabajar en contextos internacionales reales desde el inicio de la formación”, explica Sato. A esto se suman alianzas con universidades, hospitales y centros de investigación en distintos continentes, así como estrategias digitales que integran la internacionalización en el currículo. “Hoy no depende solo de la movilidad física; la dimensión global está incorporada directamente en el aprendizaje”, precisa.

Cerrar la brecha con las mujeres

Este proceso de transformación ocurre en paralelo a otro ajuste pendiente: la participación de las mujeres en espacios de decisión dentro de la academia. Aunque el acceso ha mejorado, las posiciones de liderazgo siguen siendo desproporcionadamente masculinas.

“Mi camino ha implicado asumir responsabilidades en posiciones que, en muchos casos, habían estado tradicionalmente ocupadas por hombres”, reconoce Sato. Su trayectoria, marcada por proyectos internacionales en salud y educación, refleja un avance progresivo en ese escenario, pero también evidencia que el cambio no ha sido automático.

Desde su experiencia, el liderazgo se redefine en términos menos jerárquicos. “No se basa únicamente en la toma de decisiones, sino en la capacidad de escuchar, generar confianza y construir equipos alineados con un propósito común”, afirma. Y añade que “como mujer, he sido especialmente consciente de la responsabilidad de contribuir a abrir camino”.

La discusión sobre liderazgo e internacionalización se conecta con la calidad académica en un entorno de transformación tecnológica. Para Sato, el desafío no es solo actualizar contenidos, sino anticipar escenarios.

“La formación que ofrecemos hoy debe preparar a profesionales que estarán activos durante las próximas décadas, en un contexto donde la inteligencia artificial está redefiniendo las profesiones”, advierte. En ese sentido, el modelo educativo integra aprendizaje experiencial, entornos simulados y toma de decisiones basada en datos.

“La calidad académica hoy no puede entenderse sin una integración real entre tecnología, modelo educativo y conexión con la realidad profesional”, resume.

En el cruce entre educación global y liderazgo femenino, el mensaje de Sato apunta a una generación que enfrenta menos barreras formales, pero aún desafíos estructurales. “Que confíen en su talento y no se autoimpongan límites. El liderazgo no depende de un cargo, sino de la actitud de querer contribuir y transformar”, afirma.

También subraya la importancia de las redes entre mujeres, “porque el progreso real es colectivo. Cuando una mujer avanza, abre camino para muchas otras”.

En un sistema universitario que se redefine bajo presión global, la internacionalización y el liderazgo femenino dejan de ser agendas separadas. Se convierten, más bien, en dos condiciones necesarias para sostener la pertinencia y la legitimidad de la educación superior en un entorno cada vez más exigente.

*Contenido elaborado con apoyo de la Universidad Europea