Mariángel Castro, estudiante de la Institución Educativa Rural Juan Tamayo, del municipio de Ciudad Bolívar, cuenta que ella y sus compañeros ya no almuerzan comida fría. Su escuela es una de las 19 sedes rurales que recibieron cocina, comedor y baterías sanitarias gracias al Instituto para el Desarrollo de Antioquia (IDEA) y sus aliados. Su historia resume lo que hoy hace el instituto: llevar desarrollo hasta el último rincón del departamento.

El IDEA es un Instituto de Fomento y Desarrollo, es decir, el banco de fomento y desarrollo de Antioquia: una entidad financiera pública que capta recursos de entidades públicas y los presta a municipios y entidades del territorio para financiar obras e inversión. Su razón de ser va más allá de generar rentabilidad. Por eso, parte de sus excedentes vuelven a la región convertidos en crédito más barato e inversión social.

Con esa vocación nació el Fondo de Inversión Social. En aras de impactar el departamento y llevar desarrollo a los antioqueños, el instituto hizo una liquidación juiciosa de contratos vencidos que liberó 1.600 millones de pesos. Esa fue la semilla. A ella se sumaron la Secretaría de Educación departamental y la Fundación Fraternidad Medellín, una de las más importantes de la región, que cubrió el 30 por ciento de contrapartida que exige el sector público para firmar el convenio. Con esos recursos se reformaron 19 instituciones educativas rurales y cambió la vida de igual número de comunidades.

Ese primer resultado fue la mejor carta de presentación. “La confianza fue abriendo puertas, llegaron más aliados y, en poco tiempo, el presupuesto de 1.600 millones de pesos creció a 6.000 millones”, recordó Catalina Gómez Toro, gerente del IDEA.

Hoy son más de 12 las entidades privadas que trabajan de la mano con el IDEA, entre ellas las fundaciones Fraternidad Medellín, Berta Martínez, Grupo Argos, Unibán, Hidroituango, Mineros, entre otras. No se trata de apoyos sueltos, sino de alianzas en las que cada parte aúna esfuerzos, recursos y capacidades. Entre 2024 y septiembre de 2026, el Fondo de Inversión Social movilizó 89.199 millones de pesos: el 52,5 por ciento aportado por el instituto y el 47,5 por ciento, por sus aliados.

El gobernador, Andrés Julián Rendón, lo describe como una “especie de plataforma de obras por impuestos”, en alusión al mecanismo con el que las empresas pagan parte de su impuesto de renta construyendo infraestructura. La diferencia es que aquí los aportes llegan a través de alianzas y se concentran en primera infancia, educación, cultura, deporte, inclusión social y salud.

Para Gómez Toro, los aliados eligen al instituto por su agilidad. “Somos una organización más liviana. Para una fundación que quiere intervenir en el territorio es mucho más fácil que la Gobernación traslade los recursos al IDEA. Nosotros somos los articuladores y nos encargamos de todo el proceso administrativo, además de poner recursos económicos, físicos y capacidad técnica para desarrollar y entregar el proyecto”, explicó.

Las obras llegan a lugares muy distintos. En la vereda El Osito, en Urabá, donde viven unas 800 personas y ni siquiera entraba la señal de celular, hoy hay comedor, aula, parque infantil y antenas de internet satelital Starlink. Más que una señal, la conectividad abrió la puerta al desarrollo: acceso a la educación, la información, los servicios de salud y a nuevas oportunidades para una comunidad que antes estaba aislada.

En Bello, el Hospital Marco Fidel Suárez habilitó sus urgencias maternas y ginecológicas, con 20 por ciento más de capacidad y 1.200 beneficiarios al mes. En Medellín, la adecuación del Consultorio Rosa y la dotación de la red hospitalaria de Metrosalud permitirán pasar de uno a siete consultorios para la detección del cáncer de mama y de 1.000 a 5.000 mujeres atendidas.

El Hospital Infantil Concejo de Medellín recibió 1.000 millones de pesos para su unidad de cuidados intensivos pediátricos, con respiradores de alta complejidad y equipos portátiles de rayos X. Y en el Hospital La María, uno de los centros departamentales más importantes, seis quirófanos conservaron su habilitación y la capacidad pasó de 1.000 a 1.300 cirugías al mes. “El antes y el después es una cosa impresionante”, dijo la gerente.

Con la misma lógica se construyó la alianza con ERA, que a partir de una donación de 1.000 millones de pesos entregó 588 becas de educación superior para jóvenes rurales.

Catalina Gómez Toro, gerente general del IDEA. Foto: IDEA - API

Turbinas de crédito: motor de desarrollo

Como otra iniciativa de este cuatrienio nacieron las Turbinas de Crédito. Funcionan como su nombre lo sugiere. Con un fondo alimentado por los excedentes financieros del IDEA, que la Gobernación decidió destinar a este propósito, el instituto compensa parte de la tasa de interés, de modo que el crédito llega más barato a quienes más lo necesitan. Así, cada peso del fondo impulsa varios pesos de crédito. Hoy existen tres turbinas: para municipios, exportadores y hospitales.

Turbina municipios

La primera, presentada en abril de 2025 con 79.230 millones de pesos de excedentes del instituto, está dirigida a los municipios. Solo financia proyectos de inversión —obras e infraestructura—; no cubre gastos de funcionamiento ni sustitución de deuda. Lleva 1,09 billones de pesos aprobados para 94 municipios, el 85 por ciento de ellos de categorías 5 y 6, las más bajas de la clasificación oficial por ingresos y población.

Con cerca de 90.700 millones de pesos de compensación, el IDEA ha apalancado créditos 12 veces mayores. Cerca del 69 por ciento de esos recursos se destina a infraestructura, como vías terciarias, puentes rurales y parques, y el 14 por ciento, a educación. Las tasas parten de IBR más cero —el Indicador Bancario de Referencia, una tasa de corto plazo que calcula el Banco de la República a partir de las cotizaciones de los principales bancos— y, para proyectos rurales, bajan a IBR menos uno.

El efecto va más allá de la obra. “Siempre quien ejecuta el proyecto contrata mano de obra local. Cuando una familia tiene ingreso, demanda, y ese consumo representa crecimiento económico”, explicó la gerente. Cada vía, puente o parque genera empleo en el municipio mientras se construye; esos salarios se gastan en el comercio local, que vende más y contrata más. Y una vez terminada, la obra reduce los costos para sacar las cosechas, conecta veredas con cabeceras y hace más competitiva la economía del departamento.

Turbina exportadores

La segunda turbina está dirigida al sector productivo. Tiene 56.192 millones de pesos aprobados para productores de café, limón Tahití y plátano, y nuevas solicitudes en estudio que incluyen aloe vera y proyectos forestales. Con recursos de compensación de la Secretaría de Desarrollo Económico, las microempresas pagan IBR más cero; las pequeñas, IBR más uno, y las medianas, IBR más 1,5. Los grandes exportadores pueden acceder al crédito en condiciones regulares.

El instituto también acompaña la gestión de garantías ante el Fondo Nacional de Garantías y el Fondo Agropecuario de Garantías, y hasta ahora todas las solicitudes presentadas han sido aprobadas. “Estamos hablando de 500 puntos básicos aproximadamente que se están ahorrando”, precisó la gerente; es decir, unos cinco puntos porcentuales menos en la tasa.

Turbina hospitales

La tercera turbina suma 141.000 millones de pesos aprobados, y otros 50.000 millones pendientes de aprobación, para que hospitales públicos en riesgo financiero medio y alto reorganicen sus pasivos. Es un crédito que la banca privada no les ofrece, porque su situación financiera los deja por fuera de sus requisitos. Con este respaldo, los hospitales pueden sanear sus finanzas sin cerrar servicios y seguir atendiendo a sus comunidades.

Músculo para crecer

Para 2027, Gómez Toro proyecta superar los 100.000 millones de pesos movilizados en el Fondo de Inversión Social. Esa ambición se apoya en los números. A agosto de 2026, la cartera del instituto llegó a 1,97 billones de pesos, su máximo histórico y un 35,8 por ciento más que al cierre de 2023; la captación sumó 5,07 billones, más del doble en la actual administración, y los activos alcanzaron 7,12 billones, un 42 por ciento más que en diciembre de 2025.

Para el cierre de 2026 se proyecta una utilidad operativa de 341.224 millones de pesos, 79 por ciento superior a la del año anterior. La ecuación es sencilla: un banco de desarrollo más sólido significa más crédito, más fomento y más alianzas para que el desarrollo llegue a todos los rincones de Antioquia.

*Contenido elaborado con el apoyo del IDEA.