Hay ciudades que crecen primero y se planean después. Amarilo decidió invertir ese orden. Antes de levantar edificios o vender viviendas, esta constructora diseña el territorio y define cómo convivirán quienes la habitarán a futuro. Se trata de una lógica, resumida en el concepto de ‘ciudad dentro de la ciudad’, que desde hace más de 33 años funciona como eje central de un modelo que hoy supera los 150 proyectos activos y acompaña la expansión de la compañía por diferentes regiones del país.
Para Amarilo, la diferencia frente al desarrollo inmobiliario tradicional comienza mucho antes de iniciar una obra. Cada proyecto parte de una planificación que contempla cómo funcionará el territorio en su conjunto de forma integral, con redes de servicios públicos, conexiones viales, amplias zonas verdes y la reserva de espacios para futuros equipamientos sociales, comerciales y recreativos.
“Traducimos la visión de hábitat en entornos autosostenibles y planificados que integran de forma armónica la vivienda con la infraestructura urbana pensada para la vida en comunidad”, detallaron desde la compañía. Su propósito: evitar el crecimiento desordenado de las ciudades y acercar los servicios cotidianos a distancias caminables, favoreciendo así el desarrollo del entorno y el sentido de pertenencia.
Esta visión se refleja en cada uno de sus grandes desarrollos. El ciento por ciento de sus proyectos contempla, desde la etapa de diseño, áreas destinadas a colegios, parques, centros de salud, comercio y otros servicios comunitarios. Aunque estos equipamientos se entregan de manera progresiva, conforme avanzan las diferentes fases de construcción, y en articulación con autoridades locales y aliados privados, su espacio queda previsto desde el origen del proyecto.
Para la compañía, construir ciudad también implica “fortalecer las relaciones entre quienes la habitan”. Por cuenta de esa visión, lidera programas como Comunidades Sostenibles, a través de los cuales capacita a los copropietarios en convivencia, propiedad horizontal, resolución de conflictos y liderazgo comunitario. “La calidad de vida se construye mediante el fortalecimiento del tejido social y la convivencia armónica”, precisaron desde Amarilo. Ese impacto, añadieron, también se refleja en la participación de los residentes y en el cuidado de los espacios comunes y del espacio público.
Modelo sostenible
En ese camino, Amarilo ha incorporado estándares de construcción orientados a reducir el consumo de agua y energía antes, durante y después de la obra. “La sostenibilidad es un eje transversal en nuestra operación constructiva y en la visión de largo plazo”, señalaron desde la compañía.
A esto se suma el uso de materiales de menor impacto ambiental, sistemas de iluminación eficiente para zonas comunes, manejo técnico de residuos y acciones para preservar las condiciones ecosistémicas de los entornos donde desarrolla sus proyectos. Hoy, por ejemplo, de los proyectos que están en desarrollo, 24 se encuentran certificados bajo el estándar EDGE y otros 41 avanzan en ese proceso, una cifra que refleja la creciente incorporación de criterios ambientales dentro de su portafolio.
Con ese mismo modelo, la compañía ha llevado su propuesta a distintas regiones del país. Hoy tiene presencia en Bogotá y la sabana, Barranquilla, Cartagena, Valledupar, Medellín, Pereira, Villavicencio, Ricaurte e Ibagué, y proyecta su llegada a nuevas ciudades del país. La estrategia consiste en adaptar cada proyecto a los Planes de Ordenamiento Territorial de cada municipio, apoyándose en alianzas con propietarios de tierras, autoridades y actores regionales, mientras mantiene centralizados los procesos de diseño urbanístico, ingeniería y control financiero para garantizar estándares homogéneos de calidad. “Sin importar en qué ciudad se desarrolle un proyecto, promovemos un desarrollo ordenado como una marca país”, aseguraron desde la compañía.
Crecimiento sostenido
Ese equilibrio entre adaptación local y estandarización técnica ha sido una de las bases de su expansión. Aunque cada proyecto responde a las particularidades del territorio donde se desarrolla, Amarilo conserva los mismos criterios de habitabilidad, calidad arquitectónica y planeación urbana. Esa consistencia le ha permitido replicar su modelo de Urbanismo Integral en distintas regiones sin perder la esencia de una propuesta que busca construir ciudad antes que conjuntos residenciales.
La expansión territorial también encuentra respaldo en las cifras del negocio. Al cierre de 2025, Grupo Amarilo reportó ingresos operacionales por 2,63 billones de pesos, un ebitda de 439.849 millones, una utilidad operacional de 428.834 millones y una utilidad neta de 188.415 millones de pesos, resultados que reflejan la escala alcanzada por una compañía que se ha consolidado entre los principales actores del sector constructor.
El efecto de esta operación también se mide en la generación de empleo. A junio de este año, Amarilo registraba 2.916 trabajadores directos y 10.225 empleos indirectos activos, a los que se suman miles de ocupaciones que se generan en sectores como la industria, el transporte, el comercio y los servicios, una cadena de valor que convierte a la construcción en uno de los mayores dinamizadores de la economía.
Por eso, más allá de los indicadores financieros, la empresa considera que su mayor legado está en la transformación real de los territorios donde desarrolla sus proyectos. “Nuestro principal aporte ha sido la transformación de ciudades a través del urbanismo integral”, sostuvieron desde Amarilo.
Durante más de tres décadas, esta constructora ha defendido la idea de que el urbanismo planificado “puede impulsar bienestar, valorización y desarrollo”. Una visión que resume su forma de entender el negocio: construir viviendas, sí, pero también entornos, espacios públicos, servicios y comunidades que logren generar bienestar y les dé la capacidad de crecer junto con las ciudades que habitan.
*Contenido elaborado con el apoyo de Amarilo.