En el sector de la construcción y el desarrollo urbano de Colombia, la entrega de una vivienda trasciende la transferencia de metros cuadrados de concreto. La sostenibilidad de las copropiedades y la preservación del patrimonio familiar dependen en gran medida del tejido social que se consolide tras la habitabilidad de los inmuebles.
Bajo esta premisa, la constructora Amarilo ha estructurado una estrategia de comunidades sostenibles que le apuesta a la transformación social desde y por la comunidad misma en los territorios donde opera. A través de la Vicepresidencia de Talento y Comunidades —liderada por Andrea Arizala Escamilla—, la compañía implementa un modelo de intervención social enfocado en la generación de capital social, entendido como la red de confianza mutua, autogestión, bienestar social y gobernanza entre los residentes.
Esta metodología opera en momentos clave de la cadena de valor: desde la caracterización inicial del territorio en la etapa de Habilitación Social, pasando por la Administración Provisional Delegada, hasta la consolidación de Programas de Transformación Social.
Formación en gobernanza
El modelo responde a los desafíos operativos y normativos de la propiedad horizontal en el país. Durante el periodo inicial de ocupación, la compañía asume temporalmente la operación legal, financiera y técnica de las copropiedades hasta alcanzar la entrega del 50% más uno de las unidades.
Posteriormente, a través de la ruta de transformación social, se acompaña y fortalece a los residentes en temas de convivencia, participación, gobernanza, liderazgo y bienestar colectivo, fortaleciendo habilidades como autogestión, liderazgo colectivo, resolución de conflictos, gerencia social, entre otros.
Este programa busca garantizar que las copropiedades adquieran autonomía operativa y sostenibilidad administrativa sin depender del constructor. En macroproyectos urbanos de gran escala —como Ciudad Verde en Soacha, Alameda del Río en Barranquilla o Hacienda Rosablanca en Villavicencio—, la estrategia incluye la conformación de Agrupaciones Sociales. Estas entidades sin ánimo de lucro articulan diferentes conjuntos residenciales para gestionar colectivamente la seguridad integral, el mantenimiento del espacio público, la movilidad y las iniciativas ambientales en coordinación con autoridades locales.
Indicadores y medición de impacto
La intervención territorial del programa cuenta con el soporte del Sistema MEL (Monitoreo, Evaluación y Aprendizaje). Tras más de 23 años de implementación en 18 territorios del país, el balance registra el acompañamiento a más de 358 conjuntos residenciales y más de 500.000 personas impactadas.
La estrategia refleja un 95 por ciento de apropiación de pautas de convivencia ciudadana y un 88% de satisfacción con la atención social brindada. La ruta se ha desarrollado a través de una inversión de aproximadamente 15.000 millones de pesos.
Adicionalmente, el programa ha posibilitado la intervención en equipamientos educativos, laboratorios, 99 minibibliotecas comunitarias, siembra de 200.000 árboles en entornos urbanos, apoyo a proyectos e iniciativas sociales de cultura, deporte, convivencia, seguridad. movilidad, entre otros.
La estrategia busca consolidar entornos urbanos más seguros, organizados y sostenibles en el tiempo, demostrando que la construcción de comunidad es un factor determinante en la preservación del valor social y económico de las ciudades.
*Contenido elaborado con el apoyo de Amarilo.