“En Colombia, aproximadamente 700.000 pequeñas y medianas empresas son lideradas por mujeres. Algunas son propietarias y otras han llegado a las gerencias y presidencias por políticas de promoción interna o procesos de selección”, señaló María Elena Ospina, presidenta de Acopi.
Una de estas historias es la de Ángela Eugenia Suárez Villada, quien después de trabajar dos años en el área comercial de Persal (empresa de productos plásticos), fue ascendida a gerente general gracias a su capacidad de liderazgo y a los resultados que llevaron a la compañía a posicionarse dentro y fuera de Colombia.
Cuando fue nombrada en el cargo, Persal tenía 12 empleados y atendía únicamente a clientes internos. Ángela Eugenia propuso una estrategia para abrir mercados en el exterior, la implementó y hoy exporta entre el 10 y 15 por ciento de la producción a Ecuador, México, Panamá, Puerto Rico y Estados Unidos. El número de empleados directos creció a 65, y con la contratación de cinco empresas maquiladoras, se generan oportunidades de trabajo para unas 200 familias. Hoy, Persal factura alrededor de 20.000 millones de pesos anuales y cuenta con diferentes iniciativas para vincular mujeres y que construyan una carrera dentro de la compañía.
Como ellas, cientos de mujeres inician con pequeñas empresas que con el tiempo se consolidan como medianas unidades productivas, un crecimiento que, según Ospina, obedece principalmente a cualidades como disciplina, visión y recursividad, “factores que son vitales para alcanzar las metas que se proponen”. Esta afirmación la respalda un estudio de Eafit que concluyó que las empresas con mayor participación femenina en la fuerza laboral tienden a reportar mejores resultados financieros.
Motor de inclusión
De acuerdo con Confecámaras, existe otro atributo a favor de las mujeres: estas empresas se convierten en motores de inclusión laboral femenina, ya que en promedio el 65 por ciento de sus trabajadores son mujeres, frente al 33 por ciento en empresas lideradas por hombres.
No obstante, estudios de Confecámaras y Eafit demuestran que las mujeres continúan enfrentando remuneraciones inferiores a sus contrapartes masculinas, a pesar de que desempeñan funciones similares o idénticas a las de los hombres y, en muchos casos, tienen la misma preparación académica y experiencia.
Estos indicadores los ratifica la Cepal, que antes de la pandemia estimaba que los ingresos de las mujeres asalariadas en Colombia, con edades entre los 20 y 59 años, eran hasta un 10 por ciento menos que los de los hombres. Para 2021 el panorama parecía haberse equilibrado un poco. Según el Dane, ese año los ingresos salariales de las mujeres estaban 6,3 por ciento por debajo de los trabajadores masculinos.
Ellas mandan
La falta de oportunidades y la diferencia salarial se han convertido en un impulso para el emprendimiento femenino. Según las estadísticas de Confecámaras, las mujeres tienden a ser propietarias de empresas en actividades muy diversas. Van desde el comercio, el transporte, la moda, la joyería y la gastronomía, hasta la decoración, los productos para mascotas, más los servicios de bienestar, la administración, la asistencia social y los eventos, entre otros.
De acuerdo con el Dane, la mujer es cada vez más visible en la dinámica productiva del país, independientemente de su nivel educativo. De hecho, un 29 por ciento de las personas que emprenden o gerencian un negocio tienen un nivel académico medio, mientras que el 23 por ciento apenas tiene básica primaria y cerca del 11 por ciento son universitarias.
Entre las principales motivaciones de muchas mujeres para iniciar sus propias empresas están identificar una oportunidad de negocio (39 por ciento), generar ingresos siendo su propio jefe (28 por ciento), complementar el ingreso familiar (13 por ciento), ejercer su oficio o profesión (10 por ciento) y por tradición familiar (5 por ciento), señala el estudio ‘Panorama de las Mujeres en el ámbito laboral y empresarial’ de Confecámaras.
Las barreras
¿Qué tan difícil es para las mujeres emprender en Colombia?La respuesta a esa pregunta la tiene Sandra Galvis, una médica general de la Universidad Industrial de Santander que se especializó en medicina alternativa fuera de Colombia y regresó al país para crear empresa.
Estructuró su idea en tres líneas de negocio: consultorios, droguerías y misión salud, esta última como un proyecto con impacto social. En 2019 empezó a realizar los trámites para dar luz verde al proyecto. Sin embargo, para ese entonces no existía la especialidad de medicina alternativa, nadie le podía convalidar los estudios y tampoco darle licencias para operar.
Emprendió, entonces, una serie de acciones para demostrar la importancia de reglamentar la medicina alternativa y homeopática en el país, logrando que la invitaran a participar, ad honorem, en las mesas de trabajo en la que se discutía la resolución 3100 para reglamentar la Ley de Talento Humano en Salud.
Además de lograr la reglamentación, promovió la creación del primer diplomado de medicina alternativa en la universidad Juan N. Corpas y posteriormente la apertura de una especialización. Así pudo convalidar el título recibido en el exterior, iniciar su consultorio médico en el año 2009, con una empleada a cargo y seguir estudiando.
Hoy atiende a más de 300 pacientes al mes, junto con dos médicos homeópatas, y cuatro enfermeras contratadas en su planta de trabajo. Abrió también la cadena farmacéutica Bandar en Chía, que emplea a 17 personas, 15 de ellas mujeres que han recibido formación en temas farmacéuticos y acaba de emprender un plan de expansión para llevar Bandar a todas las regiones del país, pues, aunque la marca tiene ventas online, Marenco considera que la presencia física le permitirá llegar a un mayor número de pacientes que confían en la medicina alternativa para el tratamiento de enfermedades.
Las estadísticas de Confecámaras indican que la principal meta de las mujeres emprendedoras es mejorar sus ingresos y calidad de vida, seguida por la idea de desarrollar un proyecto escalable y generar empleo.
De acuerdo con el análisis, la mayoría de las mujeres inician sus negocios con recursos limitados: el 38,6 por ciento lo hace con menos de 5 millones de pesos y el 47 por ciento con un capital de entre 5 y 50 millones de pesos. Solo el 4,2 por ciento inicia con más de 100 millones de pesos. Pero independientemente de la inversión inicial, la mayoría de los emprendimientos se destacan por sus propuestas innovadoras, que agregan valor y que sacan adelante contra viento y marea.
El caso de EVA
Las ferias de emprendimiento en el país están en auge. EVA, por ejemplo, inició en 2017 con la participación de 70 marcas de mujeres emprendedoras y hoy registra más de 500 provenientes de todo el país. En cada versión, estos emprendimientos atraen a más de 900.000 visitantes, quienes no solo dinamizan los negocios, sino que mueven la economía e impulsan a familias enteras.
EVA se fundamenta en la premisa de que el emprendimiento requiere un ambiente que apoye los negocios innovadores, invirtiendo en nuevas capacidades atrayendo talentos y fortaleciéndolos. La feria es el resultado de la visión de dos mujeres: Nubia Suzunaga y su hija Ana María Gómez, quienes iniciaron su empresa familiar bajo el nombre de Total Events Group (TEG) para el diseño y ejecución de eventos de gran formato. Durante los años que lleva EVA han generado más de 30.000 millones de pesos en ventas.