Los colegios femeninos tienen el potencial de ser espacios donde las niñas crecen con mayor libertad para descubrir quiénes son, lejos de los estereotipos, y fortalecer su voz . El Gimnasio Femenino, liberal desde sus orígenes, es un reflejo de esto. Con casi un siglo de historia, ha sabido reinventarse sin perder su esencia, formando generaciones de mujeres seguras, críticas y con la capacidad de incidir en su entorno. Para su rectora, Marcela Junguito Camacho, la conversación no debería centrarse en si estos colegios siguen vigentes, sino en el valor que aportan: preparan mujeres que entienden y reclaman su lugar en el mundo, sabiéndose capaces de transformarlo.

El Gimnasio Femenino es una apuesta por una educación que responde a los desafíos actuales bajo un modelo que no solo educa, sino que impulsa a las mujeres, desde niñas, a liderar, cuestionar y abrir camino.

¿Qué mitos persisten sobre los colegios femeninos?

Marcela Junguito Camacho: El principal es creer que “porque el mundo es mixto, los colegios deben serlo”. En primer lugar, ese mundo mixto ha sido históricamente desigual, en favor de lo masculino. Crecer en un entorno femenino les permite a ellas desarrollar una mirada crítica y transformar esa realidad. También existe la idea de que somos instituciones anticuadas y conservadoras, y –en nuestro caso– este colegio nació como una apuesta liberal y laica por la educación femenina. Y otro mito es que las mujeres somos más conflictivas, algo que no tiene sustento porque la convivencia depende de habilidades socioemocionales, no del género.

¿Qué papel cumplen en el cierre de brechas de género?

M.J.C.: Es fundamental. Las brechas no nacen en el mundo laboral, sino en la familia, la escuela y la sociedad. Aquí trabajamos desde la infancia para que las niñas crezcan con la convicción de que pueden ser todo lo que quieran ser, sin roles de género o estereotipos. Y hay resultados claros: una mayor diversidad en la elección de carreras y una creciente presencia en campos STEM.

¿Cómo innovan sin perder su esencia?

M.J.C.: Nuestra base es humanista y buscamos formar personas capaces de construir un mundo más equitativo y sostenible. Por eso no solo desarrollamos conocimientos, sino habilidades, valores y pensamiento crítico. Un ejemplo es nuestro programa de liderazgo, que existe hace más de una década para formar mujeres con sentido de agencia y capacidad real de decidir sobre sus vidas y generar impacto positivo en los demás.

¿Qué beneficios concretos observa en las estudiantes?

M.J.C.: Las estudiantes del Femenino son niñas y mujeres conscientes de la importancia de sus ideas, su voz, y de que el bienestar de ellas es prioridad. Aquí aprenden que sus ideas importan y que pueden ocupar cualquier espacio. Por ejemplo, el Parque Mano de Oso fue ideado por un grupo de niñas de Primaria que vio un problema, propuso la solución y la respaldamos.

¿Cuál es el impacto social de este modelo?

M.J.C.: Formamos mujeres con un liderazgo ético y transformador. Nuestras exalumnas llegan a distintos sectores para mejorar su entorno y abrir camino a otras mujeres. Hay un fuerte sentido de solidaridad porque entienden que su rol también es facilitar que las nuevas generaciones accedan a más oportunidades y contribuyan a una sociedad más equitativa.

*Contenido elaborado con apoyo del Gimnasio Femenino