En Hollywood sobran actores y actrices. Y podría decirse que también directores. Sin embargo, a la hora de decidir si va al cine, el espectador suele fijarse en si la historia o el tema de una película despiertan su interés. Con Christopher Nolan ocurre algo distinto: el simple hecho de que una producción lleve su firma es motivo suficiente para comprar una entrada.

Pocas figuras de la industria generan tanta expectativa antes de que el público haya visto siquiera el tráiler. Ese privilegio, que durante décadas estuvo reservado para nombres como Steven Spielberg o Stanley Kubrick, hoy parece tener un nuevo integrante.

Su nuevo desafío lo demuestra mejor que cualquier estadística. Pocos directores podrían convencer a un estudio de invertir cientos de millones de dólares en una adaptación de La Odisea, el poema épico atribuido a Homero que narra el escabroso regreso de Odiseo a Ítaca tras la guerra de Troya. Bajo las órdenes de Nolan, una obra escrita hace casi tres milenios volvió a convertirse en uno de los estrenos más esperados del año.

El director que volvió protagonista al cine

Mientras Hollywood sigue librando una batalla permanente contra el streaming y la reducción de espectadores en las salas, Nolan ha logrado exactamente lo contrario: convencer al público de que todavía vale la pena pagar una boleta para vivir determinadas películas en el cine.

Christopher Nolan durante el rodaje de Batman: El caballero de la noche asciende en Nueva York en 2011. Foto: Getty Images

Prueba de ello es que, en Estados Unidos, La Odisea, su más reciente estreno, acaba de recaudar 87 millones de dólares en el segundo fin de semana en cartelera, superando incluso a El caballero de la noche, que en 2008 obtuvo 75,1 millones durante el mismo periodo.

Nolan insiste en filmar con cámaras IMAX, que capturan imágenes con un nivel de detalle muy superior al de una cámara convencional. Además, privilegia los efectos prácticos sobre el abuso de imágenes digitales y dedica meses a diseñar secuencias que solo adquieren su verdadero impacto en una pantalla gigante. Tal vez por eso, sus estrenos parecen ir mucho más allá del lanzamiento de una película: se convierten en acontecimientos cinematográficos.

El lujo de no explicarlo todo

Existe otra razón por la que Nolan despierta tanta fascinación: confía en la inteligencia y el criterio del espectador.

En una época en la que muchas producciones sienten la necesidad de explicar hasta el más mínimo detalle de la trama, sus historias hacen exactamente lo contrario. Juegan con el tiempo, alteran la cronología, esconden información y dejan preguntas abiertas incluso después del final.

Anne Hathaway es una de las actrices favoritas de Nolan. Además de La Odisea, también participó en Interstellar (junto a Matthew McConaughey) y en la saga de El caballero de la noche. Foto: Visual China Group via Getty Ima

Con Memento obligó al público a reconstruir una historia contada hacia atrás. Inception convirtió un trompo girando en uno de los finales más discutidos del cine contemporáneo. Interstellar mezcló física teórica con un drama familiar. Tenet desafió incluso a quienes la han visto varias veces. Y Oppenheimer demostró que un drama histórico de tres horas podía competir, sin complejos, con las superproducciones más comerciales.

Un tipo discreto en medio de las luminarias

En una época en la que muchos directores son casi tan visibles como los actores que dirigen, Christopher Nolan tomó otro camino. No aparece constantemente dando entrevistas ni busca llamar la atención con frases polémicas. Ni siquiera usa correo electrónico o smartphone.

Esa discreción, lejos de volverlo distante, ha fortalecido el misterio que rodea su figura. En una industria donde la sobreexposición parece inevitable, Nolan sigue siendo una excepción: un director cuya fama se construyó sin hacer de sí mismo el protagonista.

Cuando el director es la estrella

Cada generación tiene un cineasta capaz de cambiar la conversación. Hitchcock jugó con el suspenso. Kubrick desafió los límites de la narrativa. Spielberg convirtió el espectáculo en una forma de arte popular. Nolan parece haber encontrado un espacio propio entre todos ellos.

El caballero de la noche, una de las entregas de la saga de Batman, ha sido una de las producciones más taquilleras de Nolan. Foto: Getty

No porque sus películas sean unánimemente admiradas. De hecho, pocas dividen tanto a la crítica y al público. Su verdadero logro es otro: haber recuperado la idea de que una película puede ser un acontecimiento cultural y no simplemente otro contenido para consumir durante un fin de semana.

Con cada lanzamiento de Nolan, la pregunta nunca es si será un éxito. Eso casi se da por descontado. La verdadera incógnita es qué dirán los especialistas y cómo reaccionará el público. Porque, aunque sus películas suelen generar críticas y opiniones encontradas, rara vez dejan indiferente a los espectadores.