“Simplemente tienes que seguir viviendo, hermano. V-I-V-I-E-N-D-O”, es la mítica frase del personaje de Matthew McConaughey en Dazed and Confused, su primera película. Ahora, en la cúspide de su carrera, el actor ha decidido interpretar a otro personaje con esa misma filosofía. En El club de los desahuciados McConaughey encarna a Ron Woodroof, un hombre al que le diagnostican sida en los años ochenta, cuando la enfermedad era altamente mortal. En efecto, los médicos le auguran un mes de vida, a lo que el paciente responde: “No hay nada que pueda matarme en 30 días”. La película, basada en una historia real, cuenta cómo Woodroof se empeña en sobrevivir traficando remedios que aún no eran legales en Estados Unidos. Tanto la cinta como su protagonista están nominados a los premios Oscar y la mayoría de predicciones dan a McConaughey como ganador. De ser así, el actor, que se dio a conocer por sus papeles de galán en comedias románticas, habrá roto ese estigma y se consagrará como uno de los grandes. Con un bronceado casi tan perfecto como sus abdominales, su característico acento sureño y una sonrisa de medio lado, McConaughey enamoró a miles de mujeres con películas como Sahara, Cómo perder a un hombre en 10 días, Soltero en casa y Amor y tesoro. Independientemente de la trama, el actor aparece sin camisa en varias escenas de esas cintas, por lo que parecía que desnudarse era su único talento. Pero después de una década de ser el rey de las comedias románticas, se aburrió de los papeles fáciles y predecibles y se ha dedicado a escoger roles complejos e inesperados que, sorprendentemente, revelan que es un talentoso actor. Pero dar ese salto no es tan fácil como McConaughey lo hace ver. Así como los actores infantiles luchan por desprenderse de los roles que los lanzaron a la fama, los galanes de Hollywood tienen una maldición parecida. Y McConaughey la padecía en la pantalla y fuera de ella, pues tuvo sus años de casanova, en los que salió con Ashley Judd, Sandra Bullock y Penélope Cruz, y hasta estuvo preso por tocar bongós desnudo y drogado. Pero algunos actores ya han vencido esa maldición, como Leonardo DiCaprio, que pasó del romántico Jack de Titanic al complejo Howard Hughes de El aviador, papel que le valió una nominación al Oscar y varios premios. Para conseguir lo mismo, McConaughey ha aplicado la estrategia de interpretar hombres muy diferentes al típico donjuán. Comenzó en 2011 con Killer Joe, donde hace de policía y asesino a sueldo en la que, según los críticos, fue “la mejor actuación de su carrera”. En Magic Mike su físico vuelve a ser protagonista, pues hace de estríper cuarentón bajo la dirección de Steven Soderbergh. La crítica lo favorece de nuevo en Mud, el drama de un fugitivo, y en El chico del periódico, en la que actúa junto a Nicole Kidman y John Cusack. Muchos consideran lo mejor de El lobo de Wall Street la escena en la que tararea y se golpea el pecho. Por si fuera poco, la serie True Detective, que protagoniza con Woody Harrelson, ya ha sido llamada “lo más adictivo de la televisión desde ‘Breaking Bad’”, y de su actuación se ha dicho que “es furiosamente convincente”. Ahora la Academia lo nominó por El club de los desahuciados, en la que su mejor logro es la naturalidad con la que su personaje, un hombre más bien despreciable, se convierte en un héroe. Paradójicamente, después de desarrollar su carrera gracias a su apariencia, lo que más beneficia a McConaughey en este papel es lo poco que se parece a sus épocas de galán. No solo dejó atrás sus célebres músculos al quitarse casi 25 kilos, sino que luce tan demacrado que es casi irreconocible. Ese cambio físico seguramente tendrá peso en las votaciones de los Oscar, donde ya actores como Tom Hanks –quien perdió 12 kilos para Philadelphia– y Charlize Theron –quien engordó 15 al hacer Monster– se han llevado galardones luego de transformaciones impresionantes. Su actuación como Woodroof, y las demás de los últimos tres años, han sido catalogadas de reveladoras. Pero más que mostrar tardíamente su talento, McConaughey parece haber vuelto a sus orígenes. Cuando apareció en Tiempo de matar en 1996, los críticos se apresuraron a alabarlo y Vanity Fair lo sacó en su portada: era el actor más prometedor del momento. McConaughey había planeado estudiar Derecho pero, según ha dicho: “Un día se me ocurrió la idea de que tenía historias que contar”. Por eso comenzó a estudiar cine y poco después conoció a Richard Linklater, el director que le dio su primer papel. Cuando le preguntan por qué ha elegido sus roles recientes, tan distintos al galán de siempre, McConaughey, de 44 años, contesta: “En parte es solo cuestión de crecer”. Esa madurez le ha valido un Globo de Oro y un premio SAG por su papel en El club de los desahuciados, lo que lo hace el candidato más probable para ganar el Oscar, pues desde 2003 ningún ganador del SAG ha dejado de llevarse también la estatuilla dorada. Además, el mensaje de la película, encarnado en su personaje principal, ya es un clásico. Como dijo McConaughey: “No es una historia sobre morir. Es sobre vivir. ¿Cuál es el mayor obstáculo que puedes tener? La muerte. Y la pregunta fundamental es: ¿Cómo la vences?”.