“Aria Vega está en todas partes”, me dijo una amiga mientras veía una publicación en Instagram. Y basta con prestar un poco de atención para comprobarlo: si uno prende la radio, es probable que suene Compa Coleto (uy como), y si abre TikTok, seguramente encontrará a alguien bailando la canción. Y, por si fuera poco, a comienzos de octubre, la cantante barranquillera apareció en la Semana de la Moda de París, donde se presentó durante el desfile de la diseñadora caleña Johanna Ortiz.

Quince días antes había pasado por la Mercedes-Benz Fashion Week de Madrid, donde cantó para la firma colombiana de moda Agua by Agua Bendita. Ahora, cuando responde nuestras preguntas, está dando un concierto en El Salvador. Y en un par de días viajará a Las Vegas para asistir a la ceremonia de los Latin Grammy, donde está nominada a Mejor Nuevo Artista.

Efectivamente Aria Vega parece estar en todas partes. Pero hay algo que viaja con ella sin importar el escenario ni la ciudad. “Yo creo que uno no decide qué llevarse de su tierra porque, en realidad, uno nunca se va del todo”, confesó. Esa idea de permanecer, incluso cuando todo parece empujar hacia adelante, ayuda a entender el momento que atraviesa la barranquillera. Su nombre circula hoy por escenarios, pasarelas y plataformas digitales, pero la historia no empezó bajo las luces de una industria que ahora la mira con atención.

De niña estudió técnica vocal; después cursó Comunicación Social y Periodismo en la Universidad del Norte. En 2014, cuando tenía 17 años y todavía era conocida por su nombre de pila, Mariana Padilla, participó en el programa de televisión Idol Colombia. Mucho antes de que Chévere (premium_remix) se convirtiera en un éxito y alcanzara el número uno en el listado Billboard Colombia Hot 100, Aria ya había comenzado a publicar su música: en 2019 lanzó Fuego en la pista, su sencillo debut, y un año después presentó su primer EP, Nivel 1_Elevar.

El punto de inflexión llegó cuando decidió concentrarse en su propio territorio. Bajo el concepto de ‘Costeñita Core’, Aria convirtió los códigos culturales del Caribe colombiano en el centro de su propuesta artística. Ella misma lo define como “una manera de vernos, de reconocernos y de celebrar quiénes somos. Es ser costeño en su máximo esplendor. Es entender que lo local no tiene por qué hacerse más pequeño para llegar más lejos”.

En la mirada visual de Vega, aparece en una estética exuberante, de colores intensos, brillo, minifaldas y polleras que evocan el universo del carnaval. Foto: Cortesía Aria Vega

En su música, esa apuesta toma forma en la combinación de ritmos afro beat y expresiones cotidianas de la juventud costeña. En lo visual, aparece en una estética exuberante, de colores intensos, brillo, minifaldas y polleras que evocan el universo del carnaval. El resultado: una propuesta que no busca neutralizar sus referencias para encajar en un mercado global, sino amplificarlas.

La apuesta empezó a dar resultados con canciones como Ay mamá (mi tiburón) y Agua e’ panela (cule nota) y en 2026 se consolidó con Chévere (joesón_type_beat), que estrenó en enero. La canción encontró una nueva dimensión cuando Ryan Castro se sumó al remix, Chévere (premium_remix), una colaboración que llevó la propuesta de la barranquillera a una escala distinta.

El éxito transformó el alcance de un proyecto que hasta entonces venía construyendo su audiencia desde el Caribe colombiano. Fue allí cuando el ‘Costeñita Core’ empezó a circular por escenarios y plataformas internacionales. “Hay expresiones, sonidos y códigos que para mí son cotidianos, pero que, cuando los comparto con el mundo, adquieren otro significado. Y también hay una parte de mí que me reservo, porque no todo tiene que convertirse en contenido o en canción”, aseguró.

A Chévere le siguieron nuevos lanzamientos, entre ellos Cule poco (sirena_besarico_costeña), Tototo (+4) y Compa coleto (uy_como), que debutó en el segundo puesto del Billboard Colombia Hot 100. En septiembre, la cantante firmó con Warner Music Latina y, semanas después, llegó su primera nominación al Latin Grammy.

En gran medida, Barranquilla explica parte de esa libertad creativa. La joven la describe como una ciudad marcada por el humor, la espontaneidad y una manera particular de relacionarse con el mundo, donde el carnaval convierte el color, la música y la celebración en formas de expresión.

A través de sus canciones, videos y estética, Aria ha contribuido a poner esos elementos en circulación entre nuevas generaciones y públicos que quizás nunca habían tenido un acercamiento tan directo a la cultura del Caribe colombiano. Esa sensibilidad creativa también tiene raíces familiares. Su abuelo fue una figura fundamental en su relación con la música, mientras que su abuela, diseñadora de modas, confeccionaba los vestuarios que utilizaba desde pequeña.

Hoy, esas influencias parecen encontrarse en una artista que entiende la música como el punto de partida para construir universos que también habitan la estética, la moda y las imágenes. De hecho, ya ha codirigido varios de sus proyectos y sueña con llevar sus historias al cine. Porque, aunque Aria Vega está en todas partes, parece tener todavía muchos universos por conquistar: “No quiero limitarme para ser más fácil de entender”.

Su propuesta que no busca neutralizar sus referencias para encajar en un mercado global, sino amplificarlas. Foto: Cortesía Aria Vega

Todo el florecimiento de su carrera musical se ha enriquecido especialmente de su relación con Barranquilla. ¿Siente una responsabilidad con sus raíces?

ARIA VEGA: ¡Claro! Pero no siento que tenga que hablar por todo el mundo. Barranquilla y el Caribe son demasiado grandes, diversos y ricos como para que una sola persona pueda representarlos por completo. Mi intención nunca ha sido hacer una representación perfecta de la costa, sino compartir mi versión de ella. La que conozco, la que me emociona, la que me da risa, la que me inspira y también la que sigo descubriendo. Además, las raíces no son estáticas. La cultura está viva, cambia con nosotros y se transforma con cada generación.

Crecer en una industria tan exigente debe dejarle grandes aprendizajes…

A.V.: Sí, he tenido que aprender a confiar más en mi visión. Cuando estás construyendo una carrera, es muy fácil mirar demasiado hacia afuera: qué está haciendo otra persona, qué esperan de ti, qué deberías hacer para avanzar más rápido. Y aunque escuchar, aprender y trabajar en equipo es fundamental, también tienes que desarrollar la capacidad de reconocer tu propia voz y defenderla. He aprendido que no tengo que tener todas las respuestas ni convertirme en una versión de mí misma que les resulte cómoda a los demás. Puedo crecer, cambiar de opinión, explorar otras facetas y seguir siendo fiel a mi esencia. Todavía estoy descubriendo muchas cosas de mí, y creo que esa también es una parte importante de mi historia.

Su abuelo fue pieza fundamental en su despertar musical… ¿Cree que llegó a imaginarse todo lo que le está ocurriendo?

A.V.: Me encantaría que mi abuelo pudiera ver esta etapa de mi vida, escuchar mi música, bailarla conmigo y acompañarme a los conciertos. Se me aguan los ojos solo de pensar en lo feliz que habría sido, en lo increíble que la habríamos pasado y en el orgullo que habría sentido al ver todo lo que estoy viviendo. Tuve la suerte de tener a los mejores abuelos del mundo. Mi abuelita, además, fue diseñadora de modas y me hacía cada vestuario. Siento que los dos siguen aquí, al lado mío, ayudándome con cada escalón que tengo que subir y protegiéndome desde allá arriba.

¿Cómo ha cambiado su relación con Barranquilla desde que su música empezó a amplificarse?

A.V.: Barranquilla siempre ha sido mi casa, pero ahora soy mucho más consciente de todo lo que significa para mí y de cómo se refleja en lo que hago. Es como abrir una ventana a mi mundo y descubrir que hay muchas personas que quieren asomarse. Barranquilla sigue siendo parte de mí, esté donde esté. No necesito estar en mi ciudad todo el tiempo para sentirme conectada con ella, porque la llevo conmigo. Y mientras más crece mi proyecto, más ganas me dan de seguir explorando esa conexión y de compartir con el mundo todo lo que significa para mí ser de aquí.

Edited in Tezza with: Indo Foto: Cortesía Aria Vega

Más allá de las reproducciones o las listas musicales, ¿qué tendría que ocurrir para que sintiera que su proyecto artístico está llegando al lugar que imaginó?

A.V.: Quiero construir una carrera que me permita seguir creciendo, hacer música que me emocione y tener la libertad de explorar todas las facetas creativas que tengo en la cabeza. Me gustaría que lo que estoy construyendo tuviera una vida larga, que ‘Costeñita Core’ no se quede en una tendencia, sino que se convierta en una identidad reconocible, en una conversación cultural y en una manera de celebrar de dónde venimos. También quiero abrirme espacio para hacer cosas que hoy quizá el público todavía no se imagina de mí. Me emociona pensar en proyectos audiovisuales, en nuevas formas de contar historias y en todo lo que puedo construir cuando la música se convierte en el punto de partida para algo más grande. Lo bonito es que no siento que tenga que escoger entre crecer internacionalmente y seguir siendo yo. Quiero que las dos cosas sucedan al mismo tiempo.

Si dentro de 20 años alguien estudiara su obra para entender cómo se expresaba una generación de barranquilleros a comienzos de este siglo, ¿qué le gustaría que encontrara en ella?

A.V.: Me gustaría que encontraran una generación que se atrevió a mostrarse tal como era, sin sentir que tenía que cambiar su forma de hablar, vestirse o de expresarse para pertenecer a otros espacios. Una generación orgullosa de sus raíces, pero también curiosa, ambiciosa y dispuesta a experimentar. Si dentro de 20 años hay más artistas costeños creando desde su propia identidad, más historias del Caribe circulando por el mundo y más personas entendiendo que nuestra cultura es mucho más amplia de lo que cabe en un estereotipo, sentiría que hemos aportado algo importante. Al final, quiero que lo que estoy construyendo no se quede solamente conmigo, sino que ayude a abrir caminos para los que vienen detrás.